Tensiones sociales e incertidumbre política en la región
Nov-27-20, por Rosendo Fraga
 
 

Los estallidos sociales en América Latina entre 2019 y 2020 muestran las tensiones sociales que comienzan a emerger. El año pasado, en octubre, tuvo lugar en Ecuador el rechazo de un plan de ajuste económico que incluía aumentos en tarifas. Ese mismo mes también tuvieron lugar disturbios en Chile: un pequeño ajuste en la tarifa de transporte derivó en protestas de violencia inusitada que pusieron en riesgo al gobierno de Sebastián Piñera, quien se vio obligado a convocar un plebiscito para reformar la Constitución que tuvo lugar a fin de octubre de este año, y en el cual más de tres cuartas partes votó por la reforma. 

En noviembre de 2019, en Colombia tuvieron lugar fuertes protestas contra el gobierno del presidente Iván Duque, centradas contra la política económica y luego contra la represión policial. Al cumplirse un año de las protestas, éstas se repitieron, esta vez más centradas en la represión que en la economía. Seguidamente, la controversia electoral en Bolivia llevó a fuertes enfrentamientos que llevaron a la renuncia de Evo Morales. 

Por otro lado, en noviembre de este año, las protestas violentas tuvieron lugar en Perú a raíz de la crisis político-institucional por la cual el presidente Martín Vizcarra fue destituido por el Congreso, llevó a que su sucesor (Manuel Merino) durara 5 días, dando paso a Francisco Sagasti, quien parece tener mayor apoyo en la población. Perú es uno de los países del mundo más afectados por la pandemia y ello también influyó en las protestas. Hace pocos días, a fines de noviembre, el plan de ajuste aprobado casi sin debate por el Congreso en Guatemala precipitó protestas violentas que incluyeron la toma del Palacio Legislativo y el reclamo de la renuncia del presidente Giammattei, un político de centroderecha que tuvo malos resultados en la lucha contra la pandemia, una economía difícil y niveles de desigualdad muy altos. 

En paralelo tiene lugar el desarrollo del cronograma electoral, que también puede ser interpretado como un giro al progresismo. Hay quienes piensan que el triunfo de la fórmula Fernández-Fernández en octubre de 2019 fue el punto de partida de un cambio político en la región. En octubre de este año tuvo lugar el plebiscito chileno, que dio luz verde para avanzar hacia la elección de constituyentes que será el año próximo. Los sectores de centroderecha han quedado en minoría y divididos. Pero los de centroizquierda enfrentan el desafío de posiciones más radicalizadas, ya que el primer candidato para presidente en las encuestas es un alcalde comunista de un suburbio de Santiago (Daniel Jadue). 

Luego, el último domingo de octubre se realizó la elección presidencial en Bolivia, donde ganó por más de lo esperado Luis Arce, el candidato del partido de Evo Morales. El presidente de Argentina -donde estuvo exiliado Morales hasta que volvió a Bolivia tras la elección- apoyó el resultado como una manifestación del giro hacia el progresismo que está tomando la región y anunció el proyecto de reconstituir Unasur, disuelto por los gobiernos de centroderecha de la región entre 2018 y 2019. 

Las elecciones municipales realizadas en Brasil en noviembre dieron como resultado un giro de la derecha al centro. Tanto Bolsonaro como Lula, los dos políticos hoy más populares en Brasil, obtuvieron malos resultados y sus candidatos en general retrocedieron, aunque la segunda vuelta del 29 de noviembre definirá el resultado en las alcaldías más importantes. Han mejorado las expresiones políticas tradicionales de centro y centroderecha que mostraron disposición a alejarse de Bolsonaro. 

En diciembre es la elección legislativa en Venezuela, siendo el escenario probable que se imponga Maduro en comicios manipulados. El 7 de febrero de 2021 se realiza la elección presidencial en Ecuador. El candidato que responde al ex presidente Correa (Andrés Arauz) hoy está segundo en las encuestas por escaso margen frente al de centroderecha (Guillermo Lasso). Dos meses después, en abril, tendrá lugar la elección presidencial en Perú, con una perspectiva incierta dado el fraccionamiento de los partidos políticos y la dinámica de crisis político institucional que se ha encausado pero no resuelto. Por último, a fines de 2021 tendrá lugar la elección presidencial chilena, una vez que sea aprobada la nueva constitución. Así, parece haber cierta correlación entre protestas sociales y reclamos electorales en la región. 

Respecto a Brasil, un punto central es cómo se manejará Jair Bolsonaro con un gobierno de Joe Biden en Washington. La muerte de un afrobrasileño por guardias de un supermercado generó protestas en Brasil que quisieron asimilarse a las de Estados Unidos, reclamando contra el racismo brasileño. Pero la situación en Brasil es distinta y hasta ahora estas protestas han sido mucho más limitadas que en Estados Unidos, como viene sucediendo históricamente desde el siglo XIX en la comparación entre Brasil y este último país en materia de racismo (aunque la población afrodescendiente es mayor en el primero que en el segundo). Bolsonaro fue uno de los presidentes del mundo que más tardó en reconocer el triunfo de Biden -como sucedió también con López Obrador- y en la campaña hubo menciones críticas a Brasil por parte de Biden en relación a su política en materia de medioambiente. 

El 17 de noviembre tuvo lugar la cumbre virtual del Grupo BRICS, integrado por las cinco potencias emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (en representación del continente africano). Ninguno de estos cinco países es un entusiasta del Acuerdo de París para defender el medioambiente, como sí lo es Europa. En este ámbito, Bolsonaro recuperó el protagonismo de los BRICS para la política exterior brasileña, encontrando coincidencias entre estos países en la prioridad que dan a los derechos humanos, el medioambiente y la libertad de expresión. Habiéndose hecho inviable la alianza Washington-Brasilia como se dio entre Trump y Bolsonaro, éste empieza a buscar otros ámbitos para el desarrollo de su política exterior. 

Biden dijo en uno de los debates de la campaña presidencial que Brasil podría sufrir consecuencias económicas en caso de no parar con la deforestación del Amazonas. El presidente brasileño respondió que "solo la diplomacia no alcanza; cuando se termina la saliva tiene que haber pólvora o no funciona". Ello llevó dos días después al Comandante del Ejército, general Edson Leal Pujol, a sostener que "las Fuerzas Armadas no cambian cada 4 años con los gobiernos". El ministro de Defensa, general Fernando Azevedo e Silva, dijo que las relaciones con Estados Unidos son "estratégicas" y que "entran y salen los gobiernos, pero ellas continúan". El vicepresidente y militar retirado Hamilton Mourão dijo que los militares "no quieren que la política entre en los cuarteles" al referirse a este tema. Es decir, las Fuerzas Armadas mostraron a Bolsonaro un límite para que no pase de una enfática alianza con Washington a otra representada por los BRICS. 

Respecto a la visión de Biden sobre la región, todavía no aparece una idea clara dadas las prioridades que enfrenta tanto en materia política como de gobierno. Queda claro que los 8 años que ocupó la vicepresidencia con Obama -especialmente en el segundo mandato, donde tuvo un rol relevante en política exterior- son un antecedente válido para conjeturar esta visión: que su primera conversación telefónica haya sido con Piñera es una primera evidencia de que esa política de Obama estará presente. 

Hay dos cumbres globales en las que han participado países latinoamericanos: la de la Apec el 19 de noviembre y la del G20 el 21 y 22 del mismo mes. En la primera participaron 3 países de América Latina: México, Perú y Chile. Estos tres países no han sido incluidos en el RCEP, el reciente acuerdo de libre comercio firmado el 15 de noviembre entre los países de Asia y el Sudeste Asiático liderados por China. La ausencia de esos tres países no se debe a que hayan acompañado la posición de Trump opuesta al acuerdo, sino que fueron excluidos por razones de tipo regionales y por ser extra-asiáticos. 

En la cumbre virtual del G20 participaron Argentina, Brasil y México, que son miembros del grupo. No se percibió un planteo común entre estos países y uno solo estuvo en las dos cumbres: México, que muestra la amplitud de su campo de acción internacional.