Una necesaria cultura de defensa
Nov-15-18, por Natalia Peritore
 

Decía Maquiavelo que "cuando se prevén los peligros (y éste es el privilegio de los prudentes), pronto se conjuran; pero sí, desconociéndolos, se les deja crecer de modo que nadie los advierta, son irremediables"[1]. Prudencia. Concepto que conlleva sabiduría, resolución, análisis, cautela. El florentino habla de previsión, habla de (des)conocimiento. ¿Podríamos recomendar esta cita al estadista de hoy, a los representantes del pueblo y al pueblo en sí en relación a la defensa? Sí, y, de hecho, constituiría un deber en sí mismo. 

No podemos defender lo que no conocemos. Menos aún, legitimar medidas de gobierno consideradas superfluas e innecesarias cuando hay prioridades "más extremas" que atender. Esto sucede con la defensa. Desde el retorno de la democracia, se ha gestionado una profunda disociación entre las FFAA y el pueblo, entre las FFAA y la democracia. Claro está, la distorsión de la misión de las Fuerzas ha sido un hecho en diferentes pasajes de la historia política argentina. Sin embargo, no se ha trabajado en una cultura de defensa que revierta la mirada que diversos sectores de la sociedad tienen sobre las mismas. Al punto de cuestionar la necesidad de mantenerlas en el mundo actual. 

Resulta curioso e interesante, a la vez, que en la introducción del Libro Blanco de la Defensa 2015 se sostenga que "toda vez que hubo unidad entre las Fuerzas Armadas y el pueblo, la historia pudo escribirse para la Argentina con letras de oro" (p. 14). Y que a renglón seguido se afirme que la actualización de dicha publicación responde a la necesidad de evaluar y rendir cuentas "sobre un área que muchas veces luce críptica a los ojos de la ciudadanía" (p. 14). La pregunta es, ¿por qué no se realiza, en consecuencia, una verdadera difusión de los temas más acuciantes de la defensa? ¿Por qué no se trabaja sobre una cultura de la defensa? 

Los planes de estudio no enseñan cuáles son nuestros intereses vitales ni nuestros intereses estratégicos, así como tampoco cuáles son las amenazas a nuestra seguridad y defensa. Ni cuáles son las instituciones del Estado que deben ser preparadas y desarrolladas profesionalmente para hacer frente a tales amenazas y defender aquellos intereses que nos constituyen como Estado soberano. Es por ello que resulta necesario fomentar una cultura de defensa que legitime el rol de las FFAA en el marco del Estado de derecho y del respeto de los derechos humanos. 

La cultura de defensa no debe ser pensada en términos ideológicos, partidarios ni coyunturales. Debe ser pensada como política de Estado, sobre la base del bienestar general y de la Ley. Aquí es donde ubicamos la prudencia a la que hacíamos referencia en la introducción. Porque esta cultura de la defensa debería tener como uno de sus pilares constitutivos dicha virtud. Porque los representantes del pueblo "salen" del pueblo. Porque resulta perentorio que el "debate serio e informado sobre la problemática de la defensa" sobre el que se alude en el Libro Blanco, realmente nos interpele como sociedad y no quede en el vacío.



[1] Maquiavelo, Nicolás (1988). El príncipe. Buenos Aires: Ediciones Marymar, p. 24.