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Lo que dejan las Cumbres de Unasur PDF Imprimir E-Mail

Sep-02-09 - por Rosendo Fraga

Las dos Cumbres de Unasur mostraron profundas diferencias entre los doce países que integran este grupo regional. Tanto la de Quito (Ecuador) como la extraordinaria de Bariloche (Argentina) -ambas realizadas en agosto-, pusieron de manifiesto que la región se encuentra dividida. Por un lado, está el eje de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), liderado por Venezuela e integrado por Ecuador y Bolivia, que puede ser definido como la izquierda populista, y que confronta con los EEUU y Colombia, su aliado estratégico en la región. Por otro lado están los países alineados con Washington, que son Colombia más Perú, a los que cabe la caracterización de centro-derecha. Entre ambas líneas se encuentra Brasil, cuya posición en términos generales es compartida por Chile y Uruguay, cuya ideología puede ser definida como social-demócrata. Esta busca un punto de equilibrio entre Caracas y Bogotá y en los hechos trata de contener a Chávez, evitando que precipite más conflictos regionales. Argentina y Paraguay, por lo general, se encuentran en una situación particular, que puede ser definida como un punto intermedio oscilante entre Caracas y Brasilia. Los dos países restantes (Surinam -ex Guyana Holandesa- y Guyana -ex Guyana Británica-) integran el grupo sin jugar un rol protagónico y, en general, suelen acompañar las posiciones de Brasil.  

Ambas Cumbres, y en particular la segunda, pusieron a prueba el liderazgo efectivo de Brasil en América del Sur. La diplomacia brasileña tiene un estilo tradicional de no confrontación, que busca frente a los conflictos ganar tiempo para intentar resolverlos en forma pacífica. Esto explica la paciencia que suele tener Lula con Chávez. Pero así como el Presidente venezolano hizo perder la paciencia al Rey de España en la penúltima Cumbre de Jefes de Estado Iberoamericanos, el Presidente ecuatoriano se la hizo perder a su colega brasileño en la Cumbre de Bariloche. Pese a ello, el éxito de Brasil fue lograr que Unasur no condenara a Colombia por el acuerdo con los EEUU para el uso de 7 bases militares. Esta condena no sólo hubiera significado una crisis política en Unasur -una exitosa iniciativa diplomática de Brasil pese a su bajo nivel de institucionalización-, sino que también hubiera producido la crisis del Consejo de Defensa de América del Sur, el paso más concreto que ha dado este grupo regional. Si bien no puede hablarse de una carrera armamentista en la región, porque ésta sigue siendo la que gasta menos en defensa del mundo en términos de PBI (2%), las compras de armamentos vinculadas por las tensiones regionales se han incrementado. Venezuela ha encargado varias unidades de blindados en Rusia y Ecuador también ha ordenado adquisiciones para un eventual conflicto con Colombia. Este país, por su parte, tiene las Fuerzas Armadas más grandes de América del Sur después de las brasileñas. Perú ha planteado que considera un acuerdo de Bolivia con Chile para la salida de este último país al Pacífico, sin la anuencia peruana, como una agresión. Los tres países, por distintas razones, han encargado nuevos armamentos en los últimos meses. Paraguay, a su vez, exigió explicaciones a Bolivia por sus recientes compras de armamentos. Pero el mayor riesgo es la posibilidad de que actores no-estatales (FARC, narcos y paramilitares) precipiten un incidente en la frontera colombiano-venezolana.  

La última Cumbre de Unasur puso en evidencia el repliegue de EEUU de América de Sur, pese al acuerdo para el uso de las bases colombianas. La diplomacia estadounidense en la Presidencia de Obama prefiere no confrontar con  Chávez, para evitar que éste crezca políticamente, acentuando y aprovechando el sentimiento anti-norteamericano en varios países no sólo de América del Sur, sino también de América Central y el Caribe. Esto deja espacio para el liderazgo de Brasil, que lo ha ejercido con eficacia en la Cumbre de Unasur realizada en Bariloche. En cuanto al uso de las bases colombianas, está originado en el cierre de la base que utilizaba el Pentágono en Ecuador (Manta) para monitorear el narcotráfico en la región andina y la suspensión del uso de la base que tiene en Honduras (Sotocano), a raíz de la crisis política que sufre este país. Pero el acuerdo no implica aumentar los 800 hombres de las Fuerzas Armadas y los 600 contratistas autorizados por el Pentágono para actuar en Colombia, pero sí permite que los efectivos de EEUU entren en combate contra las FARC si las circunstancias lo hicieran necesario. Desde algunas de estas bases se puede actuar sobre el Canal de Panamá, cuya seguridad y control es de interés estratégico para Washington. Lula había invitado a Obama a participar de la Cumbre de Bariloche, pero este rehusó hacerlo, decisión justificada por razones de agenda pero también por la intención de no querer hacer el juego a Chávez. Este, a su vez, anunció la decisión de romper con Bogotá, pero a la vez de seguir comprando petróleo en los EEUU.  

La Argentina, el país anfitrión de la última Cumbre, mostró una posición particular frente al conflicto regional. Tomó la iniciativa de convocar la Cumbre extraordinaria de Bariloche, con el objetivo de encontrar una solución al conflicto desatado por el acuerdo entre Colombia y EEUU y lo hizo con el apoyo activo de Brasil. Los márgenes que tenía la Presidente se fueron tornando virtualmente nulos, al llegar el Presidente colombiano con el acuerdo ya firmado y anticipar Chávez que denunciaría -como hizo- la decisión estadounidense de intervenir militarmente en la región, a partir de los requerimientos eventuales presentados por el Comando Sur al Comando de Movilidad Aérea del Pentágono. Brasil buscó el objetivo modesto -que obtuvo- de evitar la condena a Colombia, lo cual hubiera implicado la mencionada crisis en Unasur y su Consejo de Defensa Sudamericano. El éxito estuvo en realidad en haber evitado lo peor. La Presidente argentina logró la foto final de conjunto a la que se resistían varios presidentes (en especial el colombiano). Pero después de la Cumbre, la ministra de Defensa argentina (Garré) enfatizó que las explicaciones colombianas no habían sido suficientes.

 
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