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El FMI y el Gobierno: Una difícil convivencia |
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Por Rafael Salaberren Dupont, desde Miami (Abr-05-02) |
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En esta gravísima crisis que atraviesa la Argentina, el Fondo Monetario Internacional ha asumido, ya sea por acción o por omisión, un protagonismo sin precedentes. Su nombre, que años atrás se mencionaba básicamente en conversaciones entre personas vinculadas al mundo empresarial y financiero, es ahora pronunciado por casi todos los argentinos, quienes incluso identifican a sus representantes y conocen los comunicados que emite periódicamente.En dicho rol, el FMI despierta los más variados sentimientos entre los argentinos, pudiéndose destacar, entre otros, a aquellos que con odio lo señalan como uno de los principales responsables de la debacle del país, identificándolo |
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con cierto modelo económico al que consideran fracasado, a quienes lo ven como un organismo que ha dirigido su accionar a intentar contribuir al crecimiento económico del país, y a los que consideran que el FMI no tuvo la firmeza necesaria en el pasado para impedir los desajustes fiscales que han sido moneda corriente durante los últimos años. Paralelamente, el país en crisis, con una tasa de desocupación del orden del 25%, una fuerte caída de la producción industrial, estimaciones de contracción de la economía para el 2002 que llegan al 10% y una constante devaluación del peso frente al dólar, se encuentra liderado por una administración que debió acceder al poder en forma vertiginosa, repentina y desordenada, luego de aquellos convulsionados días en que se sucedieron cinco presidentes. Transcurridos aproximadamente tres meses desde que asumiera Duhalde, se pueden extraer ciertas conclusiones respecto de su política económica y, en especial, del modo en que interactúa con el gravitante papel que ha adquirido el Fondo Monetario Internacional. Una de las características principales que muestra el gobierno de Duhalde es un alto grado de improvisación y constantes marchas y contramarchas en sus decisiones en materia económica que provocan un permanente desgaste en los argentinos. Puede recordarse al respecto una de las afirmaciones de Duhalde en su primer discurso presidencial cuando resaltó que se iba a respetar la moneda en que se realizaron los depósitos, para luego decidir su pesificación, como así también su postura evidenciada al inicio de su mandato en cuanto a no aplicar retenciones a las exportaciones. En el marco de este constante ir y venir, no debiera sorprender la pasividad, cautela y reticencia por seguir prestando demostrada por el FMI, facilitada por el hecho de que la crisis argentina no ha contagiado otros países, ni resultan llamativas aquellas palabras pronunciadas ya tantas veces por el Gobierno de los Estados Unidos que llegan hasta a ofuscar a casi todos los argentinos, me refiero en particular "al plan económico sustentable". Resulta interesante imaginar por un momento cómo sería la política económica del gobierno de Duhalde si el país no tuviera esta enorme dependencia hacia el Fondo Monetario Internacional; vale decir, sin que existiera alguien con poder suficiente como para intentar limitar y corregir ciertas decisiones que se adoptan. La respuesta no resulta muy alentadora y ello ha movido al FMI ha tener que requerir al Gobierno la modificación de ciertas normas que fueron promulgadas. Frente a esta cruda dependencia, cuánto más ordenado sería dictar estas medidas habiendo ya obtenido la conformidad del Fondo, en lugar de tener que seguir el penoso y desgastante camino de promulgación/negociación con el FMI/modificación. Un ejemplo de este accionar lo constituye lo que acontece en torno a la Ley 25.563 conocida como "Reforma a la Ley de Concursos y Quiebras". A pesar de haberse logrado la supresión de ciertos artículos antes de su promulgación, tal como la comentada capitalización compulsiva de deudas, la ley sigue siendo objeto de permanentes reparos por parte de las autoridades del Fondo, quienes requieren de su pronta derogación, antes de acceder a efectuar nuevos desembolsos. Los requerimientos del FMI apuntan también a poner fin a la persecución de banqueros por la curiosa aplicación de la resucitada Ley de Subversión Económica, lograr de una vez un acuerdo serio y realista entre la Nación y las provincias en materia presupuestaria, cumplir con la disminución del gasto público en aquellas áreas que, como el Congreso Nacional, podrían bien funcionar con prácticamente la mitad de su presupuesto, combatir eficazmente la evasión fiscal, despolitizar el juicio a los miembros de la Corte, realizar una previsión de emisión monetaria que sea cumplible y ajustada a la realidad del país, no establecer controles de precios, terminar con el corralito financiero, dar inicio a la renegociación de la deuda externa con los acreedores extranjeros, y así sucesivamente. Estas medidas requeridas por el Fondo, cuya razonabilidad y necesidad parecen evidentes, constituyen el "plan económico sustentable" tan comentado; vale decir, un plan económico viable en el largo plazo. Las acciones de este gobierno, cuando no estuvieron influenciadas por el FMI, han estado más cerca de llevar al país al aislamiento que a perseguir su integración con las economías del mundo occidental, y se han caracterizado por una preocupante visión de corto plazo, adoptando medidas que pretenden tener efectos anestésicos pero que de modo alguno apuntan a solucionar los problemas de fondo, a los que correspondería sujetar a medidas estructurales como las recomendadas por el FMI. Si bien es cierto que no todas las recomendaciones efectuadas por el FMI han sido acertadas, como la criticada sugerencia de proceder al rescate inmediato de la totalidad de los bonos provinciales en circulación, que generaría una corrida inflacionaria y debería pues ser realizado pero en forma gradual y ordenada, y si bien también es cierto que algunos requerimientos deberían, con la conformidad del FMI, ser moldeados en función de la realidad social del país, resulta al menos saludable que, en tiempos de alarmante improvisación, exista quien oriente y limite las decisiones en materia de política económica. Las próximas semanas serán cruciales en esta difícil convivencia entre el gobierno y el FMI y es de esperar que la misma transcurra en un clima de mayor diálogo y planificación, tomando conciencia la dirigencia política de la realidad en la que se encuentra inmersa en el mundo nuestro país y teniendo en cuenta que los países que sufrieron graves crisis económicas durante los últimos años (casos México, Brasil, Corea del Sur, Turquía y Ecuador) lograron recuperarse gracias a la adopción de "medidas económicas sustentables" y a la consecuente obtención de un fuerte respaldo monetario externo. |
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