| El compromiso de Latinoamérica | |
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por Gastón
Folcher* Sep-24-01
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El viernes 21 de septiembre pasado los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA aprobaron en Washington varias declaraciones en total ocho páginas, más de la mitad son explicativas - mediante las que condenan "enérgicamente los ataques terroristas perpetrados en el territorio de los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001". Al mismo tiempo entre otras declaraciones similares el Plenario instruyó al Consejo Permanente de la organización a "que convoque lo antes posible a una reunión del Comité Interamericano contra el Terrorismo". Como se sabe, el martes 11 de septiembre el mismo día del atentado se reunió el Consejo del Atlántico Norte de la OTAN y a través de su Secretario General Lord Robertson emitió una declaración de repudio al atentado "perpetrado contra los Estados Unidos" y la misma fue ratificada |
![]() Los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA aprobaron en Washington varias declaraciones mediante las que condenan enιrgicamente los ataques terroristas perpetrados en el territorio de los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 |
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al día siguiente, por el Consejo en pleno, cuando la organización disparó el artículo 5 de la Carta que establece "que un ataque armado contra uno o más de los países signatarios será considerado un ataque a todos los demás". El primer documento en su original en inglés pudo escribirse en seis renglones y el del día siguiente casi una declaración de guerra - necesitó solo veinticinco líneas. Los países del TIAR cumplieron el viernes 21 con la formalidad institucional de repudio, mientras que para la misma fecha los países de la OTAN habían puesto a disposición de los Estados Unidos sus bases militares. En la última semana se ha producido una sucesión de hechos que han definido el cuadro de situación que había empezado a desarrollarse desde el martes 11.
El argumento de que los Jefes de Estado de los países del Atlántico Norte están recomendando al Presidente Bush cautela en el contraataque y que este argumento sería igual a lo que proponen muchos países latinoamericanos olvida algo esencial y que tiene poco que ver con la gran estrategia: sólo pueden dar consejo los amigos que llegan a socorrer a la víctima la noche del incendio. Es enorme la diferencia entre el gesto inmediato y solidario y la declaración del compromiso producido diez días después. En estos días y probablemente en muchos del futuro, los Estados Unidos no esperan otra cosa que gestos. Parece obvio que ningún país latinoamericano será convocado para que envíe armas, tecnología o aporte su sistema de inteligencia, a fin de reforzar el aparato logístico militar que Estados Unidos ha puesto en marcha. Declarar que "que no hemos recibido pedido de apoyo militar" es una frase deliciosa que bordea lo incomprensible. Pareciera que los líderes políticos latinoamericanos no están tomando en cuenta una de las lecciones más claras de la historia: los grandes cambios son casi siempre producidos por los que no tienen la fuerza militar. Si lo contrario fuera cierto no podría explicarse la victoria del Tercer Estado en la Revolución Francesa, el éxito de las colonias en todas las guerras de la independencia en los países americanos, ni el movimiento hacia el poder generado por Lenín y Trosky en 1917. Los países latinoamericanos no tienen armamento ni una economía que los produzca, pero pueden tener imaginación.
El ataque terrorista del 11 de septiembre ha producido en la inteligencia de los líderes latinoamericanos una sensación de parálisis. La pregunta que se hacen es: "quién sabe como nos afectan estos atentados". Ninguno se esta moviendo bajo otra idea: "este es un momento para que nosotros tomemos determinada dirección". La dirección tiene que ver con el objetivo y su búsqueda no depende de tener en el hangar unos cuantos aviones de alta tecnología. * Investigador del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría |
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