¿Ha de propagarse la crisis argentina en la región?

 

Jul-13-01


La crisis argentina es un claro ejemplo de falta de una oportuna reforma estructural.

En la primera mitad de la década pasada se implementaron una serie de medidas de reforma como ser la integración regional, la desregulación y eliminación de controles de precios y cantidades en los mercados, la privatización de las empresas estatales y del sistema de seguros de pensiones y jubilaciones junto a un esquema férreo de convertibilidad cambiaria. Pero luego, ese camino de apertura e inserción a la economía de mercado fue siendo relegado por consideraciones de corte político que, al cabo de pocos años, dejaron a la economía en una situación de desfinanciamiento fiscal crónico a consecuencia de un gasto público creciente. A resultas de ello, los tres últimos años estuvieron amenazados por la espada de Damocles del déficit fiscal, un problema no reconocido en su total dimensión.

Hoy la Argentina apela a un nuevo ajuste que, bajo la premisa de que sólo se paga aquello que se recauda, intenta sanear las finanzas públicas a fin de recrear una adecuado financiamiento internacional. Es claro que los inversores y ahorristas locales e internacionales sólo habrán de movilizarse cuando se advierta claramente la vocación gubernamental y de las fuerzas vivas de la sociedad por practicar profundos programas de reforma estructural. De lo que se trata es de redifinir el rol del Estado, en un marco de austeridad, mutando de una economía de renta a una de producción.

Hasta tanto se vea tal intención general, la economía nacional continuará bajo los efectos de inestabilidad que afectando a la economía regional habrán de retroalimentarse en un círculo vicioso. Es probable que, en vista de haber alcanzado una situación límite, la dirigencia tome conciencia de ello y actúe esta vez con decisión. La historia argentina enseña que frente al precipicio, el país tiende a resolver el problema que lo amenaza de forma drástica como es el caso del Plan de Convertibilidad, ampliamente aceptado, frente a la hiperinflación vivida.

El contagio de la crisis

Es sabido que cuando algo sucede en un país de América Latina, ello repercute inmediatamente en la región toda. Más de sesenta años, de adopción del mismo paradigma económico y político, donde el modelo común fue el de desarrollo hacia adentro y de sustitución de importaciones, virando luego (a partir de los ´80) hacia la apertura económica, en una desordenada economía de mercado, han dejado en la percepción de los agentes económicos la idea de que aquello que sucede en una parte, tarde o temprano, sucederá en la otra. Un panorama histórico muestra cuán fácil es advertir, cómo la profecía suele cumplirse. El denominado "efecto Tequila" es un claro ejemplo de cómo se propaga un problema local hacia la región, aunque con diferentes intensidades ya que, por las distintas debilidades y fortalezas con que cuentan, el impacto resulta diferente en cada país,.

Un aspecto positivo de esta crisis es que el mundo ha venido tomando nota de ella desde hace tiempo. Esta vez no ha surgido por sorpresa afectando con súbito pánico a los agentes económicos, dado que la luz roja quedó encendida desde fines del año pasado.

En tal contexto, el flujo de capitales hacia América Latina tuvo un desarrollo negativo, en franco retroceso. Y, dada la inestabilidad e incertidumbre reinante en Argentina, lo lógico es esperar, para los próximos días, un agudizamiento de este fenómeno regional.

 

"Es sabido que cuando algo sucede en un país de América Latina,
ello repercute inmediatamente en la región toda"

 

Cuando en su última estimación, la CEPAL vaticinó una rebaja de uS$10.000 millones en el flujo de capitales hacia la región, para este año, no tomó en cuenta el agravamiento del cuadro argentino. Por ello es probable que esa reducción se vea acentuada, manteniéndose las difíciles condiciones en los mercados de endeudamiento, con alta volatilidad y mayores spreads en los créditos y encarecimiento de los costos financieros en general, lo que representa una amenaza al consumo interno de cada país afectado.

Ahora, Brasil queda sumamente expuesta. A su estrecha relación con los problemas de Argentina se suma la delicada situación energética. Por ello, el valor del real se encuentra bajo una amenaza permanente que, a su vez, afecta al nivel de competitividad del sector transable de Argentina.

Si bien México no ha mostrado demasiados inconvenientes, hasta el momento, la realidad es que su posición es débil dada la fuerte desacelaración económica de su mayor socio comercial, pues su dependencia con la economía estadounidense es muy elevada.

En un cuadro de menor demanda estadounidense de productos de la región, como consecuencia del desacelaramiento de la economía del norte, y de dificultades mayores en el flujo de capitales, América Latina seguramente afronte problemas más graves en el corto plazo, que ponen en duda la posibilidad de alcanzar, durante este año, un crecimiento de su PBI en el orden del 3%.


Evolución de la tasa de riesgo país, desde 1999

Manuel Alvarado Ledesma
Director de CEA

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