México: desafíos para el nuevo Presidente
Nov-30-00
A sólo un día de asumir la Presidencia de la República, Vicente Fox afirmó que la prensa y la Iglesia estarán en la más amplia libertad de realizar sus tareas, y anunció que entre las primeras acciones que se realizarán a partir del 1º de diciembre, están la puesta en marcha del sistema de banca social, la firma de un decreto para la creación del sistema nacional de becas y el envío al Congreso Federal de la iniciativa de Ley de la Cocopa, para terminar de una vez con el conflicto en Chiapas.
Aunque tras el triunfo del Partido Acción Nacional (PAN), fueron muchas las promesas de Fox de incorporar a su equipo a los mexicanos suficientemente preparados sin distinciones partidarias, lo cierto es que han quedado muy pocos espacios libres en el Gobierno para ser ocupados por los simpatizantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la fuerza política que mantuvo su hegemonía en el país durante siete décadas ininterrumpidas, y que aún goza de un poder relevante.
Entonces, ¿cómo queda ahora el escenario político mexicano?
La derrota del PRI ha resquebrajado gravemente al partido, dejando acéfalos a millones de sindicalistas, militantes y empleados públicos que no podrán aggiornarse a la nueva administración. La excepción la constituyen los llamados "dinosaurios, que conforman el sector duro de la organización, tratan de controlar lo que queda del partido y tienen asegurados sus cargos, durante los próximos seis años, como Senadores.
Sin dudas, este ha sido el año más terrible en la historia de los priístas: no sólo han perdido la Presidencia del país, sino que además se quedaron sin las gobernaciones de los estados de Chiapas, Morelos, Guanajuato y ciudad de México. El único respiro, sin embargo, parece habérselo dado el triunfo de Manuel Andrade Díaz, en Tabasco. Apadrinado por Roberto Madrazo, el hombre que puja por convertirse en el líder del Partido y uno de los principales referentes políticos del PRI, la victoria del 15 de octubre del nuevo Gobernador se vio opacada por sistemáticas denuncias de fraude que volvieron a poner en el tapete sospechas sobre irregularidades en el proceso electoral.
Aún cuando el histórico partido está fracturado, plantear su desaparición a partir de la derrota del 2 de julio podría resultar prematuro. Su actual dirigente, Dulce María Sauri Riancho, sostiene que no renunciará hasta que el Consejo Político Nacional, como órgano de gobierno interno de su partido, lo determine y convoque a nuevas elecciones para renovar la dirección, además de considerar que sería un error si se sustituye la figura presidencial por la del presidente del partido, como un liderazgo vertical dentro de la estructura partidista.
Más allá de las apuestas y especulaciones para capitalizar a futuro los posibles errores que pueda tener la administración foxista, lo cierto es que el PRI intenta rearmarse con lo que tiene. Una de sus cartas fuertes es Madrazo, quien compitió en contra de Francisco Labastida en las elecciones internas por la candidatura presidencial, además de haber sido uno de los principales miembros que exigieron la renovación total del partido.
Uno de los motivos fundamentales que instala a Madrazo como el hombre viable para llevar adelante la conducción priísta, es su capacidad negociadora y su relación con Vicente Fox - hoy todos recuerdan las fotos de la gira foxista por Centroamérica, en la que ambos se muestran sonrientes y amenos -. Aunque para muchos esta afinidad facilitará las futuras negociaciones entre el PRI y el Gobierno, hay quienes ven con malos ojos esta relación, principalmente la dirigencia nacional del PAN, que teme que ya existan pactos entre ambos.
Con todo, la situación de Madrazo en estos días se ha visto vulnerada por varios motivos: no ha logrado, como se apostaba, unificar al partido y la mitad de los diputados federales del estado han roto con él y exigen su expulsión del PRI. En el ámbito nacional, su figura genera una reacción similar a la que genera en el priísmo: así como goza de incondicionales poderosos, también sufre la apatía de gran parte de los gobernadores, que están decididos a no apoyarlo. Su llegada a la presidencia nacional del PRI en estas condiciones provocaría, con certeza, una escisión en la organización.
Fox necesitará tener un aliado en el bando opuesto para viabilizar sus proyectos de Gobierno. Con la nueva composición legislativa le hacen falta 38 diputados para poder aprobar leyes en la Cámara, ya que el PAN tiene la mayoría relativa, con 213 legisladores, pero para aprobar una ley son necesarios 251 votos; sólo una alianza con el PRD, que tiene 44, podría solucionar el problema. Esto significa que el PRI, con sus 210 diputados, puede entorpecer cualquier proyecto oficialista. Si a ese dato le sumamos que la oposición priísta mantiene la mayoría en el Senado, el Gobierno estará obligado permanentemente a negociar cualquier toma de decisión.
En un intento de alejarse lo más posible de las tradiciones priístas, Fox ya anunció cambios en cuanto a la política exterior, economía y derechos humanos.
Los desafíos para el nuevo Presidente son muchos, y las presiones que implican las expectativas depositadas en el cambio que representa, pueden complicarle los primeros meses de gestión si no satisface rápidamente las demandas socio económicas que formularán los mexicanos.
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