Argentina: renuncia del Vicepresidente Alvarez
Oct-6-00
La renuncia de "Chacho" Alvarez a la Vicepresidencia confirma lo que muestra la historia argentina: cuando el Presidente y el Vice entran en conflicto, uno de los dos prevalece.
En este caso, prevaleció el Presidente, apoyado por el sistema político tradicional, establecido a través del sistema bipartidista radical-justicialista, que ha dominado la política argentina durante más de medio siglo.
De la Rúa ha obtenido una clara victoria política sobre Alvarez, pero ello no implica haber ganado en la opinión pública.
La salida de Alvarez del gobierno argentino, implica la ruptura de la Alianza. Es que más allá de que sectores del Frepaso sigan formando parte del gobierno, la coalición político-social representada por la Alianza entre la UCR y el Frepaso, desde el año 1997, se rompe.
En lo inmediato, la actitud de Alvarez quita a la Administración De la Rúa la bandera de la transparencia que había sido su característica diferencial del justicialismo y una de las claves de la victoria electoral del año pasado.
En principio, queda así un gobierno más coherente y cohesionado, pero con una base de sustentación político-social más débil que antes.
En el Congreso, el bloque de la Alianza se dividirá y ello dejará al Ejecutivo más débil en este ámbito.
Para garantizar la gobernabilidad, seguramente De la Rúa se apoyará más en la política tradicional, representada por los líderes de los jefes de los dos partidos tradicionales. Que además son los dos ex-presidentes desde el restablecimiento de la democracia: Menem y Alfonsín.
El Partido Justicialista, es el gran beneficiario político-electoral de la ruptura de la Alianza.
Es que la división que se produce de hecho, aumenta las posibilidades del PJ de ganar las próximas elecciones, tanto las legislativas del 2001 como las presidenciales del 2003, sobre todo si formaliza una coalición con los sectores de centro-derecha representados por el ex ministro Domingo Cavallo.
Sin Alianza es muy difícil que el justicialismo sea derrotado electoralmente, y esta es la consecuencia política más importante de la renuncia de Alvarez en el mediano plazo.
Alvarez renuncia a la Vicepresidencia, pero no renuncia a la política.
Seguramente, la elección del año próximo lo verá compitiendo por la senaduría. Ya sea en la Capital, donde seguramente ganará o tomando el desafío de competir en la provincia de Buenos Aires, donde hoy se perfilan las precandidaturas de Alfonsín y Duhalde.
En el primer caso, reedita sus éxitos locales de los años noventa, pero no crea una situación política nueva. Si en cambio derrotara a Alfonsín y Duhalde, produciría un hecho político relevante, que puede marcar el demorado inicio de una renovación del sistema político.
Entre Alvarez y Cavallo, pueden existir ahora alianzas tácticas, pero las diferencias ideológicas son muy profundas y ello hace improbable una coalición electoral.
De la Rúa puede convocar a elecciones para elegir un nuevo Vicepresidente, como hizo Perón en 1952, pero también puede no hacerlo, como sucedió con el presidente Frondizi en 1958 o más recientemente con Menem en 1991, cuando Duhalde dejó la Vicepresidencia. En lo inmediato, queda segundo en la sucesión presidencial el senador radical José Genoud, que fuera fuertemente cuestionado por Alvarez. Pero la mayoría justicialista del Senado podría elegir a otro senador para el cargo de Presidente Provisional del Senado, incluyendo un justicialista.
En conclusión, la renuncia de Alvarez consolida a De la Rúa en lo político pero puede debilitarlo en la opinión pública. La Alianza se ha roto de hecho, más allá de que sectores del Frepaso sigan formando parte del gobierno. En el mediano plazo, el PJ es el gran beneficiario político-electoral de esta situación, sobre todo si reconstruye la coalición con Cavallo. Para no ver afectada la gobernabilidad, seguramente De la Rúa tendrá que respaldarse más en el sistema político tradicional representado por Alfonsín y Menem.
Rosendo Fraga