Kwashiorkor
 
Dr. Claudio Biquard* (May-16-02)
El KWASHIORKOR , (término que rima con "horror"), es el nombre africano de una enfermedad cuya traducción es "muchacho rojo", " niño desplazado" o "niño depuesto". Es una enfermedad que aparece en los nativos africanos (por el momento), particularmente niños de 1 a 3 años, y es la consecuencia de deficiencias en la dieta, especialmente de proteínas. Se caracterizada por anemia, edema, vientre hinchado, despigmentación de la piel, pérdida o cambio de color del pelo, heces voluminosas que contienen alimento no digerido y serios trastornos psíquicos ( apatía, tristeza, etc.), que son prácticamente irreversibles. Es decir: un grave déficit de proteínas y una inadecuada ingesta calórica. Es la forma de malnutrición más grave y prevalente en el mundo, actualmente. KWASHIORKOR es también el niño mal alimentado tempranamente destetado.
 

KWASHIORKOR, es el nombre africano de la forma
de malnutrición más grave del mundo. Con más
de 15 millones de personas bajo la línea de
pobreza, Argentina debe estar alerta

Esta triste introducción pretende advertir sobre un flagelo que puede caer sobre nuestro país.

Con más de 15 millones de argentinos sumergidos debajo del nivel de pobreza, es inevitable de que haya entre nosotros, por falta de recursos, niños que estén próximos a padecer un síndrome parecido. La falta de alimentos que provoca la malnutrición es una tragedia jamás imaginada en nuestro suelo pero que contra toda predicción se está instalando en nuestro país.

Lo preocupante de este tema es la falta de concientización de la mayoría de nuestros habitantes (loables excepciones aparte), incluyendo obviamente a nuestros gobernantes.

Se respira un clima de indiferencia o de no querer saber, entre la mayoría de quienes nos alimentamos diariamente.

Convivir con seres humanos mal alimentados debería ser humillante sobre todo siendo cohabitante de un país que no puede tener problemas en producir alimentos.
Si hubiera conciencia de la gravedad del problema y de las aterradoras consecuencias que nos esperan, quizás encontraríamos soluciones prácticas, rápidas y solidarias para remediar este azote.

Para empezar debe comprenderse .que es muy caro tener una importante cantidad de la población deficientemente alimentada. Estadísticas de la Organización mundial de la salud (O.M.S.) señalan que la malnutrición es una de las principales causas de muerte en la infancia ya que quienes la sufren son proclives a contraer todo tipo de enfermedades, la mayoría de las veces con desenlace terminal. Las más frecuentes son neumonías, diarreas y enfermedades infecciosas, muchas de las cuales, evitables con vacunación adecuada. Las mismas estadísticas indican que con tratamientos preventivos de muy bajo costo, podrían evitarse por lo menos un 65% de las muertes infantiles.

En cambio, no enfrentar el problema es mucho más caro, pues la malnutrición arrastra una enorme cantidad de problemas costosos. Una madre mal alimentada tendrá mucha posibilidad de dar a luz un prematuro, que será internado prolongadamente en un hospital, con bajísimas posibilidades de sobrevivir y habiendo provocado gastos muy superiores a los necesarios para evitar esa desnutrición (administración de vitaminas y minerales y educación hacia una dieta adecuada).

Niños con neumonía o con diarreas también suelen ser internados con pronósticos muy reservados habiendo necesitado tratamientos a veces onerosos, pero insuficientes y generalmente con resultados desalentadores.

Un niño malnutrido, si sobrevive, tendrá toda su vida problemas de salud, tendrá problemas de crecimiento, un cráneo más reducido que lo normal y seguramente tendrá también serias deficiencias psicológicas con severos impedimentos para aprender. No en vano los maestros saben muy bien que los alumnos que llegan sin desayunar no pueden prestar atención en clase…

En síntesis, la falta de alimentos traerá procreaciones deficientes, muertes precoces o futuros discapacitados. Esas consecuencias traerán dos tipos de costos a la sociedad: uno económico y el otro moral, por no haber tomado conciencia de la gravedad del problema y buscar medios eficaces de evitarlo.

El solo pensar que podemos esperar nuevas generaciones discapacitadas es una pesadilla que nos debería quitar el sueño.

No creo que nuestras autoridades se animen a mostrar las estadísticas de muerte y morbilidad infantil actuales.

No se ha escuchado aún la puesta en marcha de un Plan nacional de alimentos.
Si hubiese conciencia del problema y divulgación continuada de su existencia a no dudar que habría miles de respuestas solidarias.

No hay programa económico que tenga más prioridad que este. Lo justifica una carga futura tremenda, económica y moral.

Concientizados del problema, usemos la nobleza y el amor propio que están alojados en casi todos nosotros y busquemos, como sea, dónde canalizar nuestras energías y nuestras ganas de ayudar.

Hay honrosas organizaciones no gubernamentales que ya están trabajando.

No nos podemos permitir aceptar un Kwashiarkor entre nosotros.

*Médico


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