La crisis del Senado en la Argentina

1. La diferencia entre lo político y lo institucional

La crisis que hoy afecta al Senado de la Nación es la más grave que ha sufrido en su historia política.

Los episodios de los años treinta, con las denuncias de Lisandro de la Torre y el asesinato de Enzo Bordabehere, no llegaron a tener esta gravedad política, porque no involucraron al grueso de las dos bancadas principales ni tuvieron al Ejecutivo como protagonista directo.

Pero si bien es la crisis más grave del Senado, no es la crisis política más grave que haya sufrido la Argentina.

Baste recordar la situación que vivía este país en 1955, cuando se encontraba dividido en dos y los argentinos se enfrentaban violentamente en las calles. O el estado de la Argentina en 1975, cuando aparecía sin rumbo gobernado por Isabel Martínez de Perón y José López Rega, en momentos que la guerrilla llevaba adelante una ofensiva terrorista y el peronismo se consumía en una lucha interna.

Esta crisis política no está poniendo en riesgo el sistema institucional. Es una crisis que afecta a legisladores, políticos y partidos, pero no a las instituciones como tales.

Hoy, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, nadie piensa que pueda existir en la Argentina un sistema mejor que la democracia para resolver los problemas que aquejan al país.

Es probable que la opinión pública acentúe su escepticismo y su frustración frente a la política en las próximas semanas, ante la falta de responsabilidades concretas. Pero también es cierto que, dentro de un año, los argentinos tendrán la oportunidad de elegir a los senadores a través del voto directo, renovando por única vez la totalidad de sus 72 bancas.

Aumento de la frustración en el corto plazo, pero renovación en el mediano, puede ser la síntesis del escenario político que tenemos por delante.

2. El liderazgo en la Alianza

La falta de liderazgos en la política argentina, es uno de los factores que agravaron la crisis generada por las versiones de sobornos en el Senado.

En el caso del PJ, ninguno de los gobernadores tiene liderazgo sobre el conjunto del partido, mientras que tanto Menem como Duhalde, mantienen respectivas influencias.

Respecto a la Alianza, Alfonsín ha crecido como titular y líder de la UCR, mientras que "Chacho" Alvarez ha asumido un liderazgo propio, retomando las que fueran banderas tradicionales del Frepaso en la segunda mitad de los años noventa, centradas en la denuncia de la corrupción.

El conflicto abierto entre De la Rúa y Alvarez, no es sólo un problema entre el Presidente y su vice.

Es, ante todo, un problema dentro de la coalición de gobierno. La UCR y el Frepaso son fuerzas con culturas políticas diferentes y está crisis lo ha puesto de manifiesto una vez más.

Hay dos casos en la historia argentina de divergencias políticas entre Presidente y Vice.

El primero fue entre el radical antipersonalista Roberto M. Ortiz y su vicepresidente, el conservador Castillo. Los conservadores, interesados en desestabilizar al Presidente, presentaron en el Congreso denuncias de corrupción contra ministros y después presionaron en el Senado por la renuncia del Presidente, que estaba enfermo. Ortiz se vio obligado finalmente a renunciar y Castillo asumió la presidencia.

El segundo es el que tuvo lugar entre Arturo Frondizi y su vicepresidente Alejandro Gómez, quien en el primer año de gobierno se transformó en el referente de los sectores de la UCR que se sentían traicionados con el giro pragmático del Presidente.

Una denuncia de conspiración contra el vicepresidente, apoyada por la mayoría del Senado que respondía al Presidente, forzó la renuncia de Gómez antes de cumplir un año en el gobierno. Frondizi optó por no cubrir el cargo.

En el primer caso se impuso el Vicepresidente; en el segundo lo hizo el Presidente.

3. Que hacer con la crisis

Ante todo, se trata de diferenciar lo político de lo institucional. Los políticos deben dejar de escudarse en las instituciones.

Frases como "se está atacando a las instituciones", frente a las denuncias de sobornos, traen como consecuencia una peligrosa confusión entre lo dos planos.

La primera acción, en consecuencia, es diferenciar claramente que los errores de los hombres no implican que las instituciones no funcionen.

En segundo lugar, se trata de recuperar la credibilidad en la política, que ya era baja antes de esta crisis y que ahora se deteriora aún más.

Para ello, la renovación es la política adecuada. Afortunadamente, la elección de senadores nacionales que tendrá lugar el año próximo, permite a los partidos producir una drástica renovación de sus elencos de candidatos, de manera de recrear a través de nuevas figuras la credibilidad en la política.

En lo inmediato, lo fundamental resulta asumir que las crisis políticas no deben resolverse sin respetar los mecanismos institucionales. Planteos como producir una renuncia colectiva del Senado o adelantar las elecciones, no harán más que profundizar la confusión imperante.

Negar los hechos profundizará el descreimiento en la política. Pero plantear alternativas extremas que bordeen el incumplimiento institucional, no hará más que agudizar la crisis que se quiere resolver.

Rosendo Fraga

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