El desempleo en la historia argentina

La falta de bases estadísticas no permite realizar comparaciones sobre el fenómeno del desempleo en las últimas décadas del siglo XIX. Pero es evidente que este problema existió y que la crisis de 1890, además de producir un derrumbe de la Bolsa y los mercados, también tuvo sus efectos en materia de desocupación.

Al respecto, el historiador Roberto Cortés Conde en un reportaje publicado en el número 13 de La Avispa de septiembre de 1995, luego de aclarar que no había estadísticas de desempleo y que de la comparación entre los censos de 1869 y 1895 -período en el que la economía se modernizó e industrializó- los cambios en la tecnología plantearon problemas en el mercado de trabajo, señaló:

"La desocupación que hubo hasta 1894 no es atribuible a una falta de macro, puesto que la economía creció. Pero lo hizo en sectores distintos, lo que se comprueba con la llegada del ferrocarril, que significó que aquellos que vivían del transporte de carretas, seguramente se quedaron sin trabajo."

Recién en las primeras décadas del siglo y especialmente a partir de la creación del Departamento Nacional del Trabajo en la órbita del Ministerio del Interior -a partir de un proyecto del entonces diputado nacional Julio Roca (h)- comienza a tenerse una base estadística para estudiar el fenómeno de la desocupación.

Ello nos permite conocer que entre los años 1914 y 1918, durante la Primera Guerra Mundial, la Argentina enfrentó un grave problema de desocupación. La Revista de Economía Argentina, en su número 7 de enero de 1919, nos proporciona los datos al respecto. Tomada anualmente en el mes de agosto, los datos referentes a 1912 revelan que la desocupación "obrera" era del 5,1%. Este porcentaje representaba 116.000 desocupados, frente a 2.123.166 ocupados. Esto significa que el segmento económicamente activo era de 2.239.000 personas, lo que representaba el 29,8% del total, dado que la población de la Argentina entonces era de aproximadamente 7.500.000 de habitantes.

Es en agosto de 1914, al comenzar la Primera Guerra Mundial, cuando la tasa de desocupación muestra un notable incremento, duplicándose en sólo un año, ya que alcanza al 13,7%, con 321.090 desocupados -casi tres veces más que dos años antes- frente a 2.009.671 de personas ocupadas. De igual modo, las personas ocupadas habían disminuido un 5,3% con respecto de 1912.

Durante los años de la guerra la desocupación continúa aumentando drásticamente. Como dice el estudio publicado por la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en la conmemoración de su centenario "las restricciones monetarias de emergencia, el cierre de la Caja de Conversión, la depresión de los valores mobiliarios, el clima general de retraimiento operado en los negocios de todo tipo y la flojedad de la industria y el comercio, al incidir en el proceso de desocupación, ahondaron el problema social de esos años".

En este contexto, el mensaje dirigido por el presidente Victorino de La Plaza al Congreso el 1 de mayo de 1915, decía que "la desocupación -con proyecciones en todas las industrias locales y muy especialmente en la de edificación y sus tributarias- fue causa de un malestar que se acentuó con caracteres alarmantes a mediados del año".

La desocupación siguió aumentando durante los años de la Primera Guerra Mundial. En 1915 llega al 14,5%, en 1916 al 17,7% y en 1917 toca el 19,4%, con un total de 455.870 desocupados frente a 1.887.981 personas ocupadas. En cuatro años (1913-1917), el número de desocupados se había multiplicado por tres. Para 1917, la población de la Argentina era de 8.374.000 habitantes, con lo cual la población económicamente activa alcanzaba al 22,5%.

Entre las medidas implementadas contra la desocupación, se mencionaba la limitación de las jornadas de trabajo para así poder dar ocupación a más obreros y para ello se habían intensificado las inspecciones para el cumplimiento de las leyes sociales; la promoción de las obras de construcción, tanto públicas como las destinadas a la vivienda popular; se mencionaba también la promoción del ahorro individual, como medida tendiente a atenuar los efectos de la desocupación y la promoción del mutualismo con el mismo fin.

Durante los primeros años del gobierno de Yrigoyen (1916-1922), la situación social siguió siendo muy difícil, con alta desocupación, produciéndose hechos de gran violencia como la Semana Trágica en Buenos Aires en 1919 y la represión de las huelgas en la Patagonia en 1920 y 1921.

Fue recién durante el gobierno de Marcelo T. de Alvear (1922-1928), cuando la Argentina logró una plena recuperación de su economía, una vez restablecida la economía mundial que había sido afectada por la Primera Guerra y se superó el problema de la desocupación que había llegado a su momento más difícil durante la presidencia de De la Plaza y los primeros años de Yrigoyen.

En la década del treinta, la Argentina enfrenta un problema de desocupación cuya dimensión vuelve a ser muy importante. Fue entonces cuando sucedió la crisis internacional desatada por el crack de la bolsa de los Estados Unidos, lo que produjo una recesión en la economía mundial y luego una disminución en el intercambio comercial. Las consecuencias para la Argentina fueron dramáticas. El 80% de los ingresos públicos provenían del comercio exterior y éste se vio reducido a menos de la mitad, con lo cual la crisis de financiamiento del Estado fue brutal.

Le tocó al gobierno del general Agustín P. Justo -quien asumió en febrero de 1932- enfrentar la crisis. El semanario Caras y Caretas, en su edición del 12 de marzo de ese año, ilustraba su portada con una caricatura del Presidente, titulada "La pesadilla de Justo", donde aparecían una serie de problemas que lo acosaban, de los cuales "crisis", "desocupación" y "sueldos atrasados" surgían como los más acuciantes.

Al igual que hoy, se adoptaron medidas de "ajuste", reduciéndose los salarios en el sector público y demorándose su pago durante varios meses. También se recurrió a la obra pública -las ideas de Keynes predominaban en el pensamiento económico del momento- para dinamizar el crecimiento y resolver el problema del empleo.

La desocupación era el principal problema social y en los terrenos próximos al puerto de Buenos Aires, los desocupados se instalaron en viviendas precarias, haciendo presente su drama a pocas cuadras del centro de la ciudad. Como sucede con los fenómenos sociales, el arte los refleja. En obras de teatro, cuentos y varias letras de tango de esos años se plasma el drama de la desocupación que se vivía entonces.

El gobierno de Justo adoptó medidas específicas para enfrentar el problema. Creó una "Junta Nacional contra la Desocupación", que tuvo a su cargo la coordinación de las acciones tendientes a resolverlo.

El 25 de junio de 1932 -tres meses después del inicio del gobierno- se sancionó la Ley N 11.590, por la cual se realizaría un censo para medir la cantidad de desocupados. Para el final del año se contó con los datos que arrojaron luz sobre la dimensión del problema. Se habían contabilizado 333.997 desocupados, de los cuales 315.473 eran varones (94,5%) y 18.524 mujeres (5,5%).

No resulta fácil hacer una comparación con los porcentajes actuales. Pero surge claramente que entonces la participación de las mujeres en la actividad laboral era muy baja. De acuerdo a ello y con los parámetros actuales, la población económicamente activa estaría aproximadamente en el 22% sobre el total del país, que era entonces de once millones de personas. Es decir, que la población económicamente activa sería de cerca de dos millones y medio. Siguiendo este razonamiento, la tasa de desocupación de 1932 habría sido del 13 al 14%.

Es que a partir de 1934 el gobierno de Justo logró revertir la crisis, al combinar la política de austeridad con un cambio en la política impositiva, al reducir la importancia de los ingresos del comercio exterior, además de implementar un gran plan de inversión pública en infraestructura y el Pacto Roca-Runciman, que aseguró el mercado de nuestras exportaciones. Ya para 1935, el crecimiento económico había retornado y el país volvía a vivir una situación favorable, lo que redujo sustancialmente la desocupación, el problema social dominante en los primeros años de la década del treinta.

Siguiendo con este análisis, desde mediados de la década pasada la Argentina enfrenta la cuarta ola de desempleo desde fines del siglo XIX. En las tres primeras (1890, 1914 y 1930), las crisis externas que contrajeron la economía argentina fueron la causa principal. En los tres casos llevó entre cuatro y seis años superar el problema.

Hoy la Argentina viene enfrentando un problema de alto desempleo desde 1995. El fenómeno parece ser una confluencia de causas externas e internas. Como en los tres casos anteriores, la contracción de la economía aparece como el factor determinante del aumento del desempleo. A pesar de las diferencias históricas vuelve a ser el crecimiento económico la política más eficaz para resolver el problema del desempleo, más allá de las políticas coyunturales para paliar el problema.

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