Un mundo en tensión
Oct-10-20, por Rosendo Fraga
 
 

La elección estadounidense muestra un vuelco en las encuestas a favor de Biden, pero en un contexto político e institucional frágil. Por el contagio de coronavirus que ha sufrido Trump y el manejo del problema, el candidato demócrata ha crecido en las encuestas y ahora tiene aproximadamente 10 puntos de ventaja. En una situación normal, habría que decir que la elección ya está decidida y la experiencia lleva a sostener que dicha ventaja es casi irreversible. Pero las encuestas son relativas y cambiantes: Trump es un jugador imprevisible y pueden surgir nuevos imponderables. 

El Presidente tiene la intención de participar en el próximo debate, sea en forma presencial -lo que será muy difícil- o virtual. Nada asegura que un nuevo debate vaya a favorecer a Trump, sólo es una oportunidad que se le abre. Él mantendrá su política de confrontación, no parece buscar un efecto "compasión" y pareciera que va a repetir una estrategia adecuada a su personalidad y trayectoria. La base electoral de Trump no parece mermar, pero su desafío al coronavirus le está restando voto moderado. Mantiene su afirmación de que en el voto por correo habrá fraude y ha reiterado que la elección se definirá en la Corte. Pero su capacidad de transformar su derrota en un conflicto político-institucional se ha reducido. 

La afirmación de que Estados Unidos vive su peor crisis política e institucional desde la Guerra Civil quizás deba ser atenuada. Baste recordar que en los años sesentas Estados Unidos tuvo protestas sociales violentas de gran envergadura, con muchas más víctimas de las que han ocurrido en los últimos cuatro años. En ese entonces convergieron los estallidos raciales con las masivas protestas por la guerra de Vietnam y en esa década fueron asesinados un presidente demócrata en ejercicio (John F. Kennedy), el líder por el reclamo racial más importante (Martin Luther King) y un precandidato demócrata (Robert Kennedy). Esto no ha pasado en esta "grieta" que sufre hoy Estados Unidos. 

Pasando a Europa, mantener la unidad y cohesión mínima de la Unión Europea es el objetivo central de Alemania. Dos mujeres alemanas de la Democracia Cristiana tienen roles claves. La Jefa de Gobierno, Angela Merkel, quien ha sabido manejar con éxito la pandemia para la mayoría de sus conciudadanos y mantener el eje franco-alemán, decisivo para la unidad europea. Y Ursula Van der Leyden -titular de la Comisión Europea- que tiene a su cargo mantener la cohesión y ejecutividad de la Unión Europea. 

En este momento está logrando evitar que el acuerdo firmado entre la UE y el Reino Unido para el Brexit termine en una ruptura total. La Unión Europea la semana pasada tomó la decisión de actuar en bloque en materia comercial frente a Estados Unidos por un lado y China por el otro, buscando recuperar el rol de actor global. Pero el proyecto de China de la "Nueva Ruta de la Seda" ya ha incorporado a 13 de los 27 países de la Unión Europea y no será fácil mantener la cohesión comercial frente a este país. 

Al mismo tiempo, en septiembre la UE adoptó medidas de endurecimiento contra la inmigración ilegal que tuvieron consenso. Pero todo esto no impide que haya tenido una eficacia relativa frente a la crisis de Bielorrusia por las denuncias de fraude, el conflicto entre Grecia y Turquía por la explotación del subsuelo marítimo en el Mediterráneo Oriental, y el rol a través de Francia en el conflicto Armenia-Azerbaiyán. 

Siguiendo con el Asia, el éxito chino en lidiar con el Covid-19 la beneficia, pero parcialmente. Mientras Trump y en alguna medida Europa acusan de ocultamiento de información respecto al origen y desarrollo del virus, los resultados por infectados y población son ostensiblemente mejores que en Occidente. Pero también es cierto que Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur muestran niveles aún superiores con regímenes democráticos. Pero Vietnam, con más de 100 millones de habitantes, muestra un éxito sorprendente, ya que tiene sólo 27 muertos. 

En su entorno Laos, Camboya, Myanmar y Tailandia muestran también niveles de infección muy bajos respecto a Occidente. En menor medida esto también sucede en Indonesia, país que se aproxima a los 300 millones de habitantes. Esto plantea que más que un problema de régimen político, en función del cual el autoritarismo estaría mejor preparado para lidiar con este tipo de problema, hay un factor regional que está influyendo en los mejores resultados de Asia. Esto también puede plantearse respecto a África, donde los pronósticos de infecciones masivas en los hacinamientos suburbanos con alto nivel de pobreza e indigencia iban a crear situaciones inmanejables. Esto no ha sido así y no se trata de falta de información. Es necesario explorar el factor regional y étnico en el fenómeno. 

La creciente intervención de Turquía en conflictos regionales confirma que la Guerra Fría "soft" entre Estados Unidos y China deja espacio para potencias medianas. El ejemplo de ello es Turquía, país que tiene 83 millones de habitantes, un PBI de 2.640 millones de dólares y un riesgo país superior a los 600 puntos, es decir baja credibilidad económica. Su política combina pragmáticamente el ser miembro no europeo de la OTAN con la fuerza simbólica de reconstruir el imperio turco, con un retorno también al Islam desde el punto de vista religioso. 

Turquía ha intervenido en la guerra civil siria para neutralizar las milicias kurdas apoyadas por Estados Unidos y mantener tropas en dicho país. También interviene en Irak, donde hay población kurda que Erdogan ve como amenaza por su interacción con la minoría de esta etnia en su propio territorio. Mantiene el mencionado conflicto con Grecia por la explotación de hidrocarburos en el Mediterráneo Oriental e interviene en la guerra civil libia. Todas estas acciones han puesto en evidencia coincidencias con Moscú, pero también disidencias. En la guerra entre Armenia y Azerbaiyán, Erdogan ha asumido un rol decisivo, apoyando públicamente a este último país en su ofensiva sobre Nagorno-Karabaj, el enclave armenio que se declaró independiente dentro de su territorio. 

Macron ha denunciado públicamente que Turquía ha trasladado al escenario del conflicto mercenarios reclutados en Siria para combatir con las fuerzas azeríes. Las protestas violentas que se han desatado en Kirguistán denunciando fraude -uno de los 6 países turcos además de la media docena de regiones autónomas- llevarán a Turquía a jugar un rol probablemente a favor del mantenimiento del status quo.