Significado político de la protesta policial
Set-18-20, por Rosendo Fraga
 
 

La protesta policial bonaerense confirma que el detonante de la crisis en Argentina hoy es social, pero que esto impacta políticamente en el poder. Sin duda es la huelga en el ámbito de fuerzas de seguridad y policías más importante que ha habido desde el restablecimiento de la democracia en diciembre de 1983. Pero pocos recuerdan que en febrero de 1973, un mes antes de que ganara Cámpora, hubo una huelga en la policía bonaerense. Tenía entonces 25.000 efectivos y 5.000 se amotinaron en la Jefatura de La Plata. Estaba en su etapa final el gobierno de facto del General Alejandro Lanusse, que ordenó reprimir la huelga militarmente. La X brigada de infantería rodeó a la Jefatura de La Plata, intimó a los amotinados a rendirse en 5 minutos y al no tener respuesta, con los cañones antitanque destruyeron toda la puerta del edificio. La rendición fue inmediata: salieron 5.000 policías desarmados y con las manos en alto. 

Muchas cosas han cambiado en el casi medio siglo que separa ambas protestas. En aquel entonces el Ejército tenía 100.000 hombres, 4 veces los de la policía bonaerense. Hoy la policía bonaerense tiene 90.000 efectivos y el Ejército 50.000, prácticamente la mitad. Pero además, por la actual legislación, el Gobierno no puede recurrir a las Fuerzas Armadas frente a un desborde policial como el que se vivió en la Argentina. 11 policías provinciales consiguieron aumentos bajo la presión que generó la protesta bonaerense y 4 más lo negocian. 

La experiencia argentina de 1983 para acá muestra que perder el control de la calle para un gobierno implica perder el poder total o parcialmente. El episodio bonaerense es el emergente de una situación preexistente y en ello ha sido importante la situación de debilidad del presidente Alberto Fernández dentro del oficialismo. El 31 de agosto, simbólicamente, se dio una reasunción del poder de Cristina, al estar por primera vez en la Casa de Gobierno desde el 10 de diciembre del año pasado. Desde entonces, la Argentina vive una aceleración de su crisis política. No va a ser fácil recomponer la disciplina en la policía bonaerense, sobre todo en el cumplimiento de no sancionar a los que participaron en las protestas. 

Además de las policías provinciales, los estatales ahora han pedido la reapertura de las paritarias, se organiza un reclamo del personal sanitario, las usurpaciones en el Gran Buenos Aires aumentan y se negocian, la toma de campos en la Patagonia por parte de organizaciones indigenistas se mantienen sin reacción estatal y la delincuencia común en el Gran Buenos Aires se incrementa inevitablemente. Esto ya sucedía, pero ahora va a ser más difícil de manejar. Dentro de un sector del Kirchnerismo se realiza la comparación con la caída de Evo Morales, producida cuando la policía le dejó de obedecer. En consecuencia, está en discusión si retoman la calle que han perdido. 

La protesta policial rodeando la quinta presidencial de Olivos y la negativa a dialogar con el presidente constituye un hecho inédito. En los 8 años en los que Cristina fue presidente (2007-2015), una sola vez se planteó renunciar: fue en 2008, cuando en el contexto del conflicto con el campo fue detenido Alfredo De Angeli, hubo una reacción inmediata y 15.000 personas rodearon la quinta de Olivos. Esa tarde el entonces dirigente agropecuario fue liberado. 

En la política, la experiencia de moderación que parecía primar ha desaparecido a raíz de este conflicto. Se destaca que todo el arco político rechazó la protesta policial, pero la realidad es que la CGT no lo hizo, los gobernadores que enfrentaban sus propias protestas fueron muy prudentes, los intendentes del conurbano reclamaban contra Kicillof y Berni -claramente desbordado por la protesta- y Juntos por el Cambio lo hizo tarde y sin convicción. Los hechos mostraron que dos líderes moderados, Alberto Fernández y Rodríguez Larreta, tras las solución planteada vía la reducción de la coparticipación porteña, oficializaron una ruptura que ya se venía gestando a partir de que la vicepresidenta había comenzado a ejercer el poder en forma ostensible. 

Mientras dentro de Juntos por el Cambio, Larreta aprovecha la circunstancia para tratar rápidamente de neutralizar la influencia política del ex presidente Macri, en el oficialismo no aparece una actitud análoga del peronismo frente a la de Cristina, que continúa acelerando causas judiciales -desde las PASO solo quedan detenidos 6 de los 22 kirchneristas presos por corrupción-. 

Pero el hecho realmente inédito son los efectos de la pandemia en la sociedad: cansancio, hartazgo, ansiedad e impaciencia agravan las formas de protesta. Esto se manifiesta en la forma elegida por la policía bonaerense, que crispa más las actitudes políticas y agrava todos los conflictos. Hace 6 meses, al iniciarse la cuarentena, parecía que ello iba a atenuar los problemas, pero ahora sucede lo contrario. La medición semanal sobre covid en el mundo que hace la Universidad Johns Hopkins muestra que la Argentina, para la semana del 6 al 12 de septiembre, se ubicó 4° entre los 10 países que peor panorama ofrecen (hace 4 semanas estaba 8°). 

Pero también esta semana llegó a ser el peor en muertos cada 100.000 habitantes (3,4) y en contagios cada 100.000 (167,8). Esta situación, que la dirigencia trata de diluir en su verdadera dimensión, está generando una presión social que por uno u otro camino pareciera haber comenzado a estallar. En cuanto a la política exterior, la elección del candidato estadounidense para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo es una derrota diplomática argentina, al haber tenido que retirar a su candidato (Gustavo Béliz).