El coronavirus sigue siendo la prioridad global
Feb-24-20, por Rosendo Fraga
 
 

El Coronavirus sigue siendo el problema global central, proyectando consecuencias en diversas direcciones. Comenzando por el régimen político de la potencia asiática, enfrenta una crisis interna de alcances difíciles de predecir. El férreo sistema de control de la población comienza a resquebrajarse, por la indignación de la gente frente al fracaso del gobierno para prevenir y contener, como por el temor que se expanda. Los infectados habrían llegado a 100.000 y los muertos a 2.000. Las personas aisladas para evitar que se difunda el virus superan ya 50 millones, pero sobre un total de 1.300 millones de personas. 

Todo el mundo -que hoy se siente amenazado- busca una vacuna, que no está resultando fácil de obtener. La Organización Mundial de la Salud (OMS) durante la última semana, primero dijo que el virus estaba lejos de retroceder y después exhortó a todos los países del mundo a adoptar medidas para prevenirlo. Las muertes fuera de China son pocas pero muestran el alcance de los efectos del Coronavirus: dos en Honk Kong, 1 en Taiwán, 1 en Filipinas 1 en Japón y 1 en Francia, el primero que tiene lugar fuera de Asia.  

Los cruceros son una manifestación del drama. Sus pasajeros y tripulantes no pueden bajar a tierra y en muchos puertos no los dejan atracar para abastecerse. En aquellos que hay infectados el Coronavirus se está expandiendo con fuerza, como uno japonés en el que los infectados están llegando a 600. 

Está difundida entre la población china, la versión de que el Presidente Xi sabía del virus desde semanas atrás y que no adoptó las medidas necesarias para evitar su difusión. Desde que llegó al poder 8 años atrás, posiblemente sea la crisis interna más grande que haya tenido que afrontar y puede poner en riesgo su tercer mandato consecutivo. La postergación de la reunión del Congreso Nacional del Partido Comunista Chino -integrado por 3.000 congresales que se reúnen sólo una vez al año- puede haber sido por el Coronavirus, pero también para impedir que en esta reunión se planteen críticas al gobierno nacional. 

Primero Xi asumió un rol protagónico, reemplazó y castigó a los funcionaros que no lograron enfrentar la crisis con éxito en el primer momento, reemplazándolos por gente de su confianza, los que tampoco han tenido demasiado éxito. Ahora, la estrategia del Presidente es replegarse a un segundo plano, para evitar el desgaste de conducir personalmente una crisis que no tiene solución a la vista. 

Desde el primer momento, el Presidente chino ha tenido presente el riesgo del "efecto Chernoyl". Fue cuando una falla letal en una instalación nuclear soviética en Ucrania en los años ochenta, puso en crisis la credibilidad de la dirigencia de la URSS y a la luz las fallas de esta potencia en el campo tecnológico-militar. 

En este campo, si bien Trump se ha manejado con moderación en las críticas hacia su colega chino, la presión político-estratégica sobre la potencia asiática no cede. El gobierno estadounidense amplió la denuncia contra cuatro militares chinos, por el hackeo de una empresa estadounidense, al que consideran "el más grande de la historia".  A su vez la justicia de New York avanzó en la investigación del espionaje de la empresa china Huawei, al usar para los servicios de inteligencia de su país, la información de sus usuarios estadounidenses. 

La semana pasada, se reunieron en Bruselas los ministros de Defensa de los países de la OTAN. Ratificaron el ejercicio militar que hará esta alianza militar en el centro y el norte de Europa, que tiene como hipótesis de conflicto un eventual ataque ruso. Pero el Jefe del Pentágono denunció ante sus colegas, acerca del riesgo que implica para sus sistemas de seguridad y defensa, aceptar que en sus países trabajen las redes de tecnología G5 de Huawei. Amenazó con dejar de compartir información con los aliados que aceptaran esta tecnología. El Reino Unido y Francia ya la han aceptado, aunque negocian limitaciones. 

Pocos días después se realizó en Alemania la llamada "Conferencia de Munich" que trata los asuntos de defensa y seguridad que afectan a EE.UU. y Europa en común. La conclusión más relevante es que la relación transatlántica esta en crisis y debilitada. Para los líderes europeos como Macron, es consecuencia del nacionalismo y el unilateralismo que ha asumido EE.UU. con Trump. Para los expertos estadounidenses que participaron, es el resultado del incumplimiento de la mayoría de los países de Europa del compromiso de destinar al gasto militar el 2% del PBI. Pero la conclusión fue que esta crisis beneficiaba a China y Rusia en términos geopolíticos y geoeconómicos. Pero la diplomacia de Beijing no olvida sus objetivos de largo plazo y acaba de tener lugar el encuentro entre los cancilleres del Vaticano y de China, algo que no sucedía desde 1949. 

El efecto económico también es motivo de preocupación global, siendo incierto todavía su alcance. Mientras en España se suspendió el congreso de tecnología digital que iba a realizarse en Barcelona y en China se hizo lo mismo con una competencia automovilística internacional, en Japón se decidió seguir adelante con juegos olímpicos previstos desde hace tiempo. 

Pero la cuestión central es que el crecimiento chino puede caer por debajo del 5% anual, siendo el más bajo en casi cuatro décadas. Esto afectará al Asia emergente (Vietnam, Indonesia, Tailandia, Filipinas, etc.), pero también a todo el mundo. 

La Organización Mundial de Comercio (OMC) anticipa una caída importante en el comercio internacional tanto por la desaceleración de la economía china, como por la disminución del intercambio de bienes por temor al contagio. Las bolsas han caído por esta causa en las últimas semanas, pero no hay un efecto de "pánico". Esta situación también puede tener efectos políticos, como complicar la eventual reelección de Trump si EE.UU. pasa a crecer menos, o complicar el panorama electoral y la sucesión de Merkel en Alemania, dado que China es el primer destino de las exportaciones industriales alemanas. 

Rusia por su parte cerró su extensa frontera con China y ha cerrado la entrada de ciudadanos chinos, lo que disminuye las exportaciones de energía hacia ella, que son vitales para la economía rusa.