Mundo árabe: campo de batalla del conflicto global
Ene-23-20, por Rosendo Fraga
 
 

Las elecciones en EE.UU., Irán e Israel son el marco político-electoral  en el cual se desarrolla el conflicto entre occidente e Irán. Trump busca ser reelecto en las presidenciales que tendrán lugar el 3 de noviembre, pero el proceso electoral se inicia 9 meses antes, con las primarias que empiezan en los primeros días de febrero. A ello se suma el Impeachment, que el Senado trata en estos días, siendo hoy probable una rápida absolución del Presidente. 

Trump condiciona sus pasos frente a Irán de acuerdo a sus necesidades o conveniencias electorales. Tanto él como su Secretario de Estado (Pompeo) han desplegado una retórica agresiva (han advertido al gobierno iraní por la represión de las protestas y la posibilidad que manipule los resultados de las elecciones legislativas del 22 de febrero) pero una estrategia militar contenida, frente a repetidos ataques de Hezbollah con misiles contra instalaciones estadounidenses en Irak. El electorado está dividido entre un sector que protesta en las calles contra el "error" que produjo el derribo del avión ucraniano, porque dos tercios de los 176 pasajeros muertos son iraníes y los que siguen la prédica del Ayatolá Jamenei, quien expresa la línea "dura" frente a los EE.UU. 

En marzo, se realiza en Israel la tercera elección nacional en tres años. Netanyahu no logró su reelección en las dos previas y ha recuperado el centro de la escena internacional, con el acto del aniversario del Holocausto. La escalada del conflicto con Irán, en principio puede favorecer la reelección del primer ministro.    

Simultáneamente, recrudece el conflicto militar que libran Arabia Saudita e Irán en Yemen. Las fuerzas saudíes en alianza con las de Emiratos Árabes Unidos combaten a favor del gobierno yemení reconocido por occidente. Frente a ellos, las milicias huties que lo enfrentan con éxito, cuentan con el apoyo de Irán y Hezbollah, que combaten en el país junto a dicha minoría. Coinciden en este conflicto, los problemas geopolíticos -disputa entre Ryad y Teherán por la hegemonía regional-- y los histórico-religiosos - rol de Arabia Saudita como líder del Islam sunnita y de Irán del Islam chiíta-. El 19 de enero, un misil de los huties atacó una base militar del gobierno Yemeni, provocando la muerte de 100 soldados que rezaban en una Mezquita. 

Esta escalada interrumpió negociaciones para un cese de fuego, que se realizaban entre las dos partes en pugna. EE.UU. ha tomado distancia de este conflicto, situación que llevó a la monarquía saludita a aceptar las conversaciones que se han interrumpido. Yemen se encuentra en una situación crítica. Gran parte de su población sufre una prolongada hambruna, agravada por la guerra. Las Naciones Unidas han advertido sobre el riesgo de "catástrofe alimentaria" que sufre la población yemení. 

Líbano es otro país en el cual se desarrolla un juego de ajedrez combinado entre facciones internas y alianzas externas. Las protestas en las calles han provocado la caída de dos gobiernos en menos de tres meses y se acaba de designar el tercero. En estos movimientos convergen sectores juveniles con organizaciones consolidadas como Hezbollah. Actúa como fuerza política y ha formado parte de los últimos gobiernos y al mismo tiempo lo hace como milicia armada en el sur del país. Las prolongadas protestas parecen favorecer a Irán, que impulsa mayor protagonismo de Hezbollah en el país. Las potencias occidentales, Israel y Arabia Saudita prefieren al nuevo gobierno, pero es incierto si podrá mantenerse o no. En las protestas de los últimos días fueron bloqueadas las carreteras de acceso a Beirut y se registraron 300 heridos. 

Irak es otro campo de batalla entre Irán por un lado y EE.UU. y sus aliados por otro. El proceso electoral iraquí posterior a la invasión militar estadounidense que derrocó a Saddam Hussein derivó en un acuerdo político, por el cual cuando el Presidente era sunnita, el primer ministro era  chiíta y en el período siguiente era a la inversa. Las minorías restantes, tenían lugares en el gabinete. Cinco años atrás, EE.UU. se vio sorprendido por la irrupción del EI, que en pocas semanas logró crear un "Califato" que comprendió una cuarta parte de Irak y aproximadamente un tercio de Siria. 

Llevó cinco años destruir esta organización terrorista y ahora, aparece una influencia no percibida por Washington de los chiítas pro-iraníes en este país. Al mismo tiempo, desde hace tres meses tienen lugar protestas violentas en las calles -las que han ocasionado cientos de muertos y miles de heridos- en las que convergen el descontento con la corrupción, los servicios públicos y la situación socio-económica, con la participación de grupos chiítas. Hezbollah ha desarrollado en este país una estructura mayor de lo pensado y es quien atacó con misiles bases militares estadounidenses y las proximidades de la Embajada de EE.UU. en la "zona verde" de la capital iraquí. 

Libia es otro país en el cual las luchas internas tienen complejas implicancias internacionales. En Berlín tuvo lugar una cumbre de líderes mundiales sobre la crisis de este país del Norte de África. Participaron entre otros Merkel, Putin, Macron, Johnson, Erdogan y Von dcr Leyden, Presidenta de la Comisión Europea, entre otros. Se acordó un cese del fuego y el embargo de armas para ambas partes. En la capital formal del país, se encuentra el gobierno reconocido por la comunidad internacional, respaldado por la UN y EE.UU. y sus aliados. Frente al mismo están las milicias del General Haftar, con apoyo de Egipto y Arabia Saudita y encubierto de Francia y Rusia. Turquía ha adquirido relevancia, desplegando tropas y 2.000 milicianos sirios que colaboran con ellas, los que operan a favor del gobierno libio y en contra de Haftar.