Intelectuales y política en el siglo XXI
Abr-24-19, por Rosendo Fraga
 

En el mundo occidental, se está generando una "rebelión" contra las élites. El voto por el Brexit y a favor de Trump, se inscriben en este fenómeno. En alguna medida también sucede con Salvini en Italia y con Bolsonaro en Brasil. La excepción es Macron, en cuanto a líder con cualidades intelectuales, formación y cultura. Pero es el más asediado de todos y la protesta de los "chalecos amarillos" tiene mucho de cuestionamiento de la clase media baja a las "élites" francesas. 

Se puede gobernar sin ser un intelectual y hay muchos ejemplos al respecto en la política contemporáneo. Pero el déficit debe ser cubierto con asesores y equipos. No se puede gobernar exitosamente sin inteligencia, sea propia o prestada. 

En democracia, el voto es una combinación de razón y pasión. Y en los últimos tiempos, ésta ha pasando a pesar más. Ello explica varios de los fenómenos novedosos que parecen darse hoy en el mundo occidental. 

En coincidencia con ello, la intuición del líder político juega un rol relevante. Frente a las opciones que le presentan sus asesores, es muchas veces la institución,- otras la experiencia,- la que indica que camino tomar. Pero como decía el General Roca "el político no tiene que pretender producir los acontecimientos, sino navegarlos". Es decir en política muchas veces se trata de aprovechar lo que otros hacen, antes que las propias acciones. 

No hay una regla clara sobre intelectualidad y ejercicio del poder. Hay grandes intelectuales que fracasaron como políticos y gente con poca preparación académica que ha tenido éxito en política. Cuando se la estudia es una ciencia, pero cuando se la hace es un arte. 

En el pasado era más clara la vinculación entre lo político y lo intelectual. Fue el caso de la Generación del Ochenta en la Argentina, Los líderes eran políticos, estadistas, militares, escritores y periodistas al mismo tiempo. Mitre, Sarmiento y Pellegrini son ejemplos de ellos. A figuras relevantes, como Churchill, De Gaulle o Adenauer, nadie les escribía los discursos. Se los escribían ellos. El político y el intelectual solían ser la misma persona. En los últimos tiempos, los roles de disociaron. El político se transformó ante todo en un comunicador, cuyas ideas las elaboran y determinan, asesores y consultores y a  veces hasta los "algoritmos". Ello es una de las causas por la cual la representatividad política está en crisis en el mundo occidental. 

En la política argentina del siglo XX, los dos presidentes con mayor preparación intelectual fueron Agustín P. Justo y Arturo Frondizi. El primero era militar e ingeniero civil recibido con el segundo promedio en la UBA. Era un amante de los libros y la historia y tenía una biblioteca de 30.000 ejemplares especializada en historia, geografía y literatura. Escribió la introducción a las obras completas de Mitre. No tenía miedo a la inteligencia y se rodeaba de los mejores ministros. Un socialista devenido en conservador como Pinedo en Hacienda (economía), un socialista independiente como Di Tomasso en Agricultura, un conservador prestigioso como Carlos Saavedra Lamas,- fue el Primer Premio Nobel de America Latina,- como canciller. 

Frondizi fue un hombre de ideas, que al igual que Justo no temía a la inteligencia. Tenía a Rogelio Frigerio como núcleo de orientación ideológica. Al mismo tiempo convocó a un conservador que había sido Ministro de Justo, Miguel Ángel Cárcano, como Canciller. En su primer gabinete, nombró dos ministros muy jóvenes de sólo 26 años de notoria capacidad (Allende en Trabajo y Florit en Relaciones Exteriores). Su biblioteca llegó a tener 80.000 ejemplares. 

La característica más relevante de un líder político inteligente, es no tenerle miedo a la inteligencia. Los no inteligentes, por el contario tienen tendencia a rodearse de personas con menos capacidad y personalidad que ellos, a consecuencia de sus inseguridades. 

Sobre los candidatos actuales, el que se acerca más al tipo de político-intelectual es Lavagna, Por trayectoria, experiencia, inclinaciones y por sus libros y publicaciones. Pero ha mostrado saber combinar la intelectualidad con la política práctica en más de una ocasión y ha sabido tener buenas relaciones con los dos partidos populares, radicales y peronistas. 

Macri no es un intelectual, ni pretende serlo. Los discurso aunque no los escribe él, no tienen citas literarias ni referencias históricas. Parecen no interesarle. Su estilo lo lleva a no tener figuras descollantes en su equipo. Las que hubieron,- Prat Gay, Melconian y otros,- fueron alejados del gobierno. Su asesor más importante (Durán Barba), elabora el pensamiento de la simplicidad, de acuerdo al cual no es necesario intelecto, cultura o experiencia para gobernar. Todo ello son atributos del "círculo rojo" que no entiende a la gente común. 

En cuanto a Cristina es sin duda un líder político, con algunas lecturas e información, pero no es una intelectual. Tiene instinto político y de poder, pero sabe usar eficacia, ideas y pensamientos de otros que hace suyos con vehemencia. Parece confiar más en su instinto que en equipos y asesores. 

Vidal no es una intelectual. Pero "estudia" y "aprende". Sabe absorber lo que no conoce.