La región y los actores globales
Nov-11-17 - por Rosendo Fraga

Entre el 6 y el 13 de noviembre tiene lugar un ejercicio militar multinacional en la Amazonia brasileña con la participación de EE.UU. La política exterior brasileña mantuvo una postura nacionalista sobre la Amazonia, buscando evitar cualquier tipo de injerencia externa sobre ella, que en el largo plazo fuera antecedente para afectar su soberanía. Es en este contexto que adquiere significación el ejercicio militar mencionado. Implica un cambio o por lo menos una flexibilización en la posición histórica de Brasil definida por Itamaraty. La participación militar estadounidense se da junto a la de Colombia y Perú, en una región de intersección con Brasil. Más allá de las hipótesis sobre las cuales se realiza el ejercicio -la instalación de un centro para asistencia humanitaria frente a una catástrofe- es claro que apunta a mantener el control de las zonas de frontera, frente al narcotráfico y el crimen organizado. Pero la critica situación que vive Venezuela, le da un significado adicional aunque no esté contemplado explícitamente. Si Maduro se consolida, Venezuela puede transformarse en base para el despliegue de grupos hostiles a los demás gobiernos de la región, ya sea por razones políticas o por el crimen organizado. Si entra en crisis, la inestabilidad puede proyectarse a los países limítrofes y tanto Brasil como Colombia tienen extensas fronteras con Venezuela. La Administración Trump viene calificando a Venezuela como una amenaza para la seguridad regional, aunque ni Washington ni los gobiernos de América del Sur contemplen el empleo de elementos militares en dicho país por ahora. 

El 20 de noviembre, Putin visitará Bolivia y ello subrayará el interés creciente de la potencia euro-asiática por América del Sur. En los últimos años, Rusia ha actuado como un aliado de los gobiernos de los países que integran la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA): Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Concretamente, se ha acercado a los países que tienen antagonismo con EE.UU. ya sea cuando gobernaba Obama o ahora que lo hace Trump. En julio, Putin tuvo un rol decisivo para evitar el colapso del régimen venezolano, al entregarle 5.000 millones de dólares como pago de compra adelantada de petróleo hasta 2019. (Rusia exporta el petróleo que adquiere en Venezuela). En octubre, Maduro estuvo en Moscú, renegociando la deuda que tiene su país con Rusia, que llega a 17.000 millones de dólares. Cabe agregar que Venezuela ha sido el mayor comprador de armamento ruso en América Latina en la última década. En Bolivia, Putin participará en una cumbre de países exportadores de gas. Pero aprovechará la circunstancia para reforzar la relación bilateral con el gobierno de Evo Morales. Más allá de las afinidades ideológicas y las asociaciones en el campo energético, Moscú también busca colocar  tecnología en la región, como es el caso de su oferta para vender una central nuclear a Argentina. 

La influencia regional de China tiene diversas manifestaciones en la región. Ha sido el mayor inversor extranjero en los mencionados países del ALBA. Lo es en particular en Venezuela, país del que importa petróleo. Pero en los últimos meses, frente a la inestabilidad que mostró el régimen de Maduro hasta julio, postergó algunos proyectos. China es el gran inversor en materia de infraestructura en América del Sur. Esta inversión no tiene afinidad ideológica. Empresas chinas se aprestan a presentarse en las licitaciones para las grandes privatizaciones de Brasil. Al gobierno peruano, inversores chinos le han presentado propuestas para la construcción de vías de comunicación de distinto tipo. En el caso de Argentina, en diciembre comienza la construcción de dos centrales hidroeléctricas en la provincia de Santa Cruz que fueron negociadas y acordados durante el gobierno precedente al de Macri, que fue el segundo mandato de Cristina Kirchner. Para ella, China era su “aliado estratégico global”, para Macri en cambio es una gran fuente de inversión. Infraestructura y recursos naturales son los dos grandes centros de interés de la potencia asiática en esta parte del mundo. La reciente apertura de la embajada de China en Panamá, destaca su interés estratégico por el canal, que resulta clave para la navegación entre Oriente y Occidente. El gobierno chino también está ofreciendo diverso tipo de TLC bilaterales a los países de la región, habiéndolos firmado ya con varios.  

La relación de América Latina con Europa ha perdido prioridad relativa, en gran medida por las dificultades políticas de este continente en los últimos años y su falta de cohesión política. La inversión acumulada sigue siendo muy importante, pero en los últimos años se hizo más lenta y limitada, mientras se incrementaba la de China y Rusia y se mantenía la de EE.UU.. Ello no impide que por razones políticas hoy firmar un TLC con el Mercosur tenga interés para la UE, más allá de que se oponen varios países que la integran, por conflictos de intereses. El Reino Unido, tras el referéndum que aprobó el Brexit, ha comenzado a ofrecer la firma de TLC, tanto a bloques latinoamericanos regionales, como a países bilaterales, buscando abrir nuevos mercados. La realidad es que cada país de la UE tiene su propia política y sus intereses particulares en relación con los diferentes países de América Latina. En cuanto a la región, sus gobiernos dieron un sólido respaldo a España en la crisis con Cataluña, en función de la solidaridad iberoamericana. Frente a la crisis venezolana, la UE tomó posición contra Maduro, aunque sus sanciones fueron menores a las aplicadas por EE.UU. y Canadá. El gobierno de izquierda de Portugal se opuso a ellas, ratificando la falta de cohesión política de Europa en este tipo de conflictos. 

En conclusión: la participación de fuerzas militares estadounidenses en un ejercicio en la Amazonia, muestra el cambio o por lo menos la flexibilización de la política brasileña en esta parte de su territorio; la próxima presencia de Putin en Bolivia subraya su interés estratégico por la región, tras respaldar económicamente a Maduro en su momento más difícil que fue en julio; China muestra un creciente interés por invertir en infraestructura y en los recursos naturales de la región y al mismo tiempo va “desideologizado” sus relaciones con los diferentes gobiernos y la relación de América Latina con Europa se ha debilitado por la falta de cohesión política de la UE, pese a lo cual se mantienen prioridades como el acuerdo con el Mercosur.