La polarización como estrategia política
Mar-30-17 - por Rosendo Fraga

Que Cristina aproveche las diferentes marchas y protestas opositoras, no quiere decir que las genere. En política más que “crear situaciones” se trata de “aprovechar situaciones”. La estrategia de polarizar con ella, tiene el riesgo que la elección nacional se definirá en  la provincia de Buenos Aires, que es el ámbito más favorable para ella. En mi opinión, Cristina hoy sería derrotada claramente en la segunda vuelta de una elección presidencial y en la provincia de Buenos Aires, no llega al 40%, pero si puede obtener un tercio y con eso se puede ganar la provincia. Recordemos que en 2009, en una elección legislativa bonaerense muy polarizada, Narváez ganó con 34% frente al 32% de Kirchner. Además, el gobierno debería evaluar el efecto negativo que para las inversiones tiene el “fantasma” de que Cristina pueda ganar por un voto la provincia, ya que ello seguramente implicaría que buscaría la Presidencia en 2019. 

Un año atrás, Macri se presentaba en el Foro de Davos con Massa, como expresión de una oposición racional y el 1 de marzo de 2016, en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, convocaba al “arte del acuerdo”. Logró su objetivo, ya que acordando con los sectores mas moderados del Peronismo, pudo aprobar de más de 80 leyes, en un Congreso donde está lejos de tener mayoría en ninguna de las dos cámaras. Pero un año más tarde, el 1 de marzo de 2017, en el discurso de apertura de las ordinarias, Macri planteó la polarización. Ella puede ser una buena estrategia de marketing electoral, pero tendrá un costo en materia de gobernabilidad, como ya se está viendo. 

En las últimas semanas, el gobierno ha perdido el control de la calle. Los sectores que hoy apoyan al gobierno de Macri, le ganaron al Kirchnerismo la calle en tres oportunidades. En el gobierno de Néstor, con las movilizaciones convocadas por Blumberg por la inseguridad. En el primer gobierno de Cristina, con las realizadas durante el conflicto con el campo. En el segundo, con las convocadas desde las redes sociales contra el Kirchnerismo. La cuestión es que para lograr ahora este tipo de resultado, hace falta una situación clara. El gobierno parece plantear que la democracia está en peligro y que la oposición trata de voltear al gobierno como sucedió con el de De la Rua. Es un argumento muy peligroso porque genera la imagen de un gobierno muy débil. Ahora, el oficialismo parece apostar a ver primero el resultado del 1 de abril, para asumirlo como propio o no. Esta ambigüedad también puede ser peligrosa. 

En este contexto de confrontación, la tensión social continuará. El gobierno debería volver al “arte del acuerdo” y pensar más en la gobernabilidad que en el marketing electoral. Posiblemente tendría que ampliar la coalición, como se ha sugerido desde sus propias filas (Monzó). Jugar a fortalecer una oposición dialoguista, como lo hizo en los primeros meses del año pasado, antes que  a fortalecer por polarización la más combativa. Pero por ahora, no parece ser la idea del gobierno, que parece apostar todo a la polarización y la recuperación de la economía. 

Finalmente, la imagen de todo el oficialismo ha bajado en el primer trimestre, pero sigue teniendo a su favor la unidad, frente a una oposición dividida. El riesgo es que la polarización la termine unificando en mayor o menor medida.