El muro populista de Trump
Feb-01-17 - por Lucas Calzoni

A lo largo de los siglos, grandes civilizaciones han levantado muros para defenderse de sus enemigos y preservar sus identidades culturales. Las piedras han quedado como testigos mudos de la historia, desde los tiempos de la milenaria Gran Muralla China, pasando por el Muro de Adriano y el "limes" del Imperio Romano, hasta llegar al icónico Muro de Berlín. Los muros han venido a representar la incapacidad de integración y asimilación de otras culturas o ideologías contrarias  y han pasado a la posteridad como símbolos de la decadencia de imperios y de naciones poderosas.

El proyecto de muro de Trump es un síntoma de la grave crisis que afecta a esta gran nación que ha decidido cerrarse sobre sí misma, aislándose de un  mundo globalizado. Estamos presenciando el surgimiento de un orden multipolar más caótico y de un renacer del pragmatismo y del realismo político. En este nuevo panorama mundial donde surgen los hipernacionalismos y aumenta la xenofobia ante la llegada de inmigrantes, aparecen los líderes carismáticos dispuestos a dar soluciones a los problemas que aquejan a las sociedades.

El líder carismático siempre se presenta como un faro de luz en la niebla de la incertidumbre, aunque ya sabemos, que detrás de estos líderes personalistas, encontramos características comunes tales como: la megalomanía, el culto a la personalidad, el nepotismo, la ausencia de autocrítica y la búsqueda de enemigos internos y externos. Estos liderazgos populistas que apuntan a las masas sin intermediarios, poseen una retórica nacionalista y demagógica que busca siempre ser refundacional y que se enfrenta al  establishment y no se someten ni a reglas ni a protocolos.

Ya en el Siglo XIX, el pensador francés Tocqueville fue quién descubrió los secretos de la grandeza de la democracia norteamericana y advirtió sobre los peligros de la  "tiranía  de la mayoría". Es una paradoja irónica que Latinoamérica haya madurado y superado inicialmente esta etapa de debilidad institucional y EE.UU se haya sumergido en una cultura política populista que le es ajena.