Balance político de América Latina en 2016
Dic-28-16 - por Rosendo Fraga

América Latina ha sido en 2016, la región del mundo que menos ha crecido. Es el segundo año consecutivo que ello ha sucedido y en consecuencia, los indicadores sociales como pobreza y desempleo, que en los años precedentes mostraron una mejora, ahora comenzaron a empeorar. La caída en el precio de las materias primas que exporta la región, ha sido la causa, pero en un proceso global en el cual la tasa de crecimiento del comercio internacional ha sido la mitad de la registrada en el crecimiento del PBI. En la década precedente, sucedió a la inversa: el comercio exterior creció a una tasa que fue el doble de la que subió el PBI. Esto hizo que en los últimos dos años,  problemas estructurales de la región, como ser tener la mayor desigualdad del mundo y ser la más insegura -con excepción de los países que sufren guerra civil- no mejorarán, sino que se agudizarán. Esto produjo cierto retroceso del populismo en la región, entre fines de 2015 y octubre de 2016. La relación entre la caída de la economía y dicho fenómeno político es clara. Como decía Churchill en los años cincuenta del siglo pasado "Los gobiernos populistas se terminan cuando se acaba la plata para financiarlos". La caída de la economía en el bienio que termina ha sido particularmente fuerte en América del Sur, porque Brasil -que es la mitad de la subregión en PBI, territorio y población- está sufriendo la recesión más dura de su historia, Venezuela también enfrenta una crisis económica sin precedentes y Argentina ha tenido un lustro de estancamiento.

Hasta que ganó Trump, el proceso político-electoral en América del Sur, mostró una dirección clara en contra del populismo. En 2014, las reelecciones en Brasil, Colombia, Bolivia y Uruguay -en este caso con un período intermedio- mostraron la fuerte relación entre crecimiento económico y triunfos del oficialismo. Pero a fines d 2015, el triunfo de Macri en la Argentina y la derrota del Chavismo en las elecciones legislativas venezolanas, produjeron un punto de inflexión. En febrero de 2016, Evo Morales pierde en Bolivia un referéndum vinculante para poder presentarse a un cuarto mandato consecutivo. En mayo, es suspendida Dilma por el Congreso de Brasil, iniciándose el juicio político contra ella. En junio gana Kuczynski en Perú y al mes siguiente Correa en Ecuador desiste de convocar un referéndum para tener un cuarto mandato consecutivo. En agosto es destituida Dilma. En octubre, los partidos aliados de Temer ganan las municipales en Brasil y al fin del mismo mes, la derecha tiene un triunfo bastante sorprendente en las municipales chilenas, que algunos piensan puede anticipar las presidenciales del año próximo. Es así como en los 12 meses que van de noviembre de 2015 a octubre 2016, America del Sur tuvo un giro político-ideológico muy marcado, con un fuerte retroceso del populismo, que en su versión moderada o más extrema, dominó la política regional desde comienzos del siglo XXI.

Pero esta tendencia tan clara y contundente, se interrumpe a partir de la primera semana de noviembre, en coincidencia con el triunfo de Trump en los EEUU. El domingo 6 de noviembre, en las elecciones presidenciales de Nicaragua, el presidente Ortega que alineó su país con el ALBA, creado una década atrás por Chávez y Castro, obtuvo su cuarto mandato consecutivo, llevando a su esposa como Vicepresidenta. En Bolivia, Evo Morales manifestó su voluntad de ir por el cuarto mandato consecutivo, aunque haya perdido el referéndum vinculante en febrero, haciéndolo ya sea mediante reforma constitucional o renuncia anticipada combinada con el aval de la Suprema Corte que él designó. En Ecuador, el candidato de Correa se afianza para las presidenciales que tendrán lugar en febrero de 2017.  En Venezuela, la oposición se debilita al no haber podido obtener el referéndum revocatorio para sacar a Maduro del poder, al acercarse el 10 de enero, la fecha límite para implementarlo, a partir de la cual si se realiza este referéndum Maduro si es removido, elige el sucesor hasta el final del mandato. Al mismo tiempo, los nuevos gobiernos que apostaron por una alianza con Washington, se complicaron. En Brasil la situación de Temer se hizo más difícil en lo político y económico, volviendo a plantearse la posibilidad de que no termine el mandato. En Perú, antes de cumplir los seis meses, el nuevo gobierno ha perdido dos ministros (defensa y educación), bajo el impulso de la oposición de Fujimori que tiene mayoría absoluta en el Congreso unicameral. En Argentina, sobre el fin de año, Macri perdió la iniciativa, con una oposición con mayor protagonismo tanto el congreso como en las calles y cambiando el Ministro de Hacienda y Finanzas al cumplir un año de gobierno.

El triunfo de Trump en los EEUU, genera más efectos negativos que positivos para la región y ello ya se ha puesto en evidencia en las últimas semanas del año. El fenómeno mencionado, de gobiernos populistas logrando frenar la "ola anti-populista" que se abatió sobre la región desde fines de 2015 y las dificultades crecientes de los gobiernos que apostaron a una alianza con los EEUU, no tienen una conexión mecánica con el nuevo escenario política estadounidense. Pero si la tiene políticamente. Para el tercio de América Latina que está al norte del canal de Panamá (México, Centro-América y Caribe), Trump implica restricciones al comercio y una política migratoria más dura, para una región en la cual la vinculación con los EEUU resulta vital. Para los dos tercios que están al sur del Canal de Panamá (América del Sur), implica tasa de interés más alta, eventuales restricciones al comercio y una menor atención por parte de Washington. Los gobiernos populistas sienten menor presión de Washington y presidentes como Temer y Macri, tienen dificultades para vincularse con el equipo de transición del nuevo Presidente estadounidense. La muerte de Fidel Castro, hoy es más un hecho cultural que político o ideológico. Pero Trump Presidente puede implicar retrocesos en el acuerdo firmado por Obama y el régimen de Castro y ello genera mayores dificultades económicas para Cuba.

En conclusión: América Latina ha sido la región del mundo que menos ha crecido y America del Sur lo ha sido en particular, teniendo en 2016 crecimiento negativo por segundo año consecutivo;  entre noviembre de 2015 y octubre de 2016, en América del Sur ha tenido lugar un fuerte giro político-electoral adverso al populismo, con avances de las fuerzas adversas al mismo; pero desde la victoria de Trump, los gobiernos populistas muestran cierta recomposición y los aliados de EEUU diversos grados de complicación;  el triunfo del candidato republicano y su actitud hostil hacia México, América Central y Caribe y de desinterés hacia América del Sur, tiene relación con este fenómeno.