Yrigoyen y las Fuerzas Armadas
Oct-13-16 - por Rosendo Fraga

Al cumplirse un siglo de la llegada de Hipólito Yrigoyen al poder el 12 de octubre de 1916, cabe analizar su política hacia las Fuerzas Armadas, que tuvo para el Presidente un definido interés.

Si bien el hecho que en su primera Presidencia eligiera ministros civiles para las carteras de Guerra y Marina, que entonces tenían bajo su competencia a las Fuerzas Armadas, sucesivamente Elipidio González y Julio Moreno en la primera y el Ingeniero Federico Álvarez de Toledo en la segunda -en la Marina su segundo ministro en este período fue el Almirante Tomás Zurueta- da una idea de cierta distancia respecto a lo militar.

Pero no era una innovación  que un civil fuera Ministro de Guerra y Marina. Carlos Pellegrini lo había sido tres veces, en las presidencias de Nicolás Avellaneda, Julio A. Roca y Luis Sáenz Peña. El Ingeniero Guillermo Villanueva, ocupó el Ministerio de Guerra y Marina en la Presidencia de José Evaristo Uriburu y no habían sido los únicos casos. 

Durante la Presidencia de Roque Sáenz Peña, se destinó a los Ministerios de Guerra y Marina el 13% del presupuesto nacional y estuvo incorporado a las Fuerzas Armadas 3,8 habitantes cada 1.000 una relación que universalmente se toma para dimensionar la significación de las Fuerzas Armadas desde el punto de vista de su personal una relación que universalmente se toma para dimensionar la significación de las Fuerzas Armadas desde el punto de vista de su personal.

En los seis años de la primera Presidencia de Yrigoyen, el promedio de la participación asignada a las Fuerzas Armadas se eleva al 15% del presupuesto nacional, un cambio relevante. Comienza con 14% en 1917 y termina con 16% en 1922, el último año de su primer mandato. La relación de habitantes incorporados a las Fuerzas Armadas es de 4 cada 1000, también superior a la de Sáenz Peña.

La comparación de la primera Presidencia de Yrigoyen con la de Sáenz Peña constata que se asignó más presupuesto y que se incorporó más personal y con De la Plaza, también la asignación presupuestaria fue mayor, aunque la incorporación similar.

En cuanto a la designación de los mandos, cabe señalar que durante esta Presidencia el Comandante de la Primera División de la cual dependían las unidades de la Capital, era el General José Félix Uriburu. El Director del Colegio Militar, el entonces Coronel Agustín P. Justo. Ambos -el primero como subteniente y el segundo como cadete- habían estado en la Revolución del Parque y el segundo además, fue sometido a sumario por sus vínculos con la Revolución de 1905.

El alejamiento con ambos, se produce en 1921, por un motivo histórico, al que el Presidente otorgaba importancia política: el Centenario del nacimiento de Bartolomé Mitre. Uriburu, Presidente de la Comisión de Homenaje, presenta su retiro ofendido por que el Presidente no lo recibe tras un mes de pedir una entrevista para tratar el tema. Justo, hace un homenaje a Mitre, haciendo formar el Colegio Militar frente la casa del ex Presidente en la calle San Martín. Yrigoyen analiza relevarlo, pero después desiste. 

En la Presidencia de Alvear -por lo general percibido como un Presidente que tuvo buena relación con las Fuerzas Armadas- la asignación presupuestaria sigue siendo la misma que en la Primera Presidencia de Yrigoyen: 15% del presupuesto nacional, pero baja la incorporación ya que durante este período, están en las Fuerzas Armadas, 3,6 habitantes cada 1.000.

En la segunda Presidencia, opta por militares para las carteras militares del gabinete. El General Luis J. Dellepiane es el Ministro de Guerra y vuelve el Almirante Tomás Zurueta al Ministerio de Marina.

En el contexto de la crisis global que se desata desde los EEUU en 1929, cuyo impacto en Argentina fue muy grande, la asignación de defensa baja al 13% del presupuesto nacional, postergándose adquisiciones de armamentos. Pero se eleva la incorporación de personal, volviendo como en la primera Presidencia a 4 personas incorporadas a las Fuerzas Armadas cada 1.000 habitantes.

Como dice Robert Potash en su libro "Ejercito y Política 1928-1943", reconocido como el trabajo más objetivo y completo sobre la materia, dicha reducción fue compensado con aumentos de salarios y retiros.

El mismo autor, menciona como un dato político a tener en cuenta, que en las elecciones por la renovación de autoridades en el Círculo Militar -que podían ser tomadas como un cierto indicador de simpatías políticas- a mediados de 1929, compiten dos listas. Una considerada más cercana al gobierno, encabezada por el prestigioso General Pedro Pablo Riccheri y secundado por el Coronel Carlos Casanova, Secretario de la Inspección General del Ejército, que de cierta forma implicaba el aval del Ministerio de Guerra. En frente, se presentó otra, encabezada por el General José Félix Uriburu y secundado por un hombre muy allegado a Justo, el entonces Coronel Manuel A. Rodríguez, percibida como critica del gobierno. Se impuso la primera por 929 a 635 votos. Al año siguiente, no se puede realizar el mismo análisis, porque se presentó una lista única, encabezada por el Jefe del Estado Mayor del Ejército, el General Francisco Vélez.

Una evidencia de la atención que el Presidente prestó a las Fuerzas Armadas en su segunda Presidencia, fue la publicación del "Álbum Histórico, Militar y Naval de la Republica Argentina", impreso en seis idiomas: castellano, inglés, francés, alemán, italiano y portugués. Fue una acción tendiente a promover la imagen de las Fuerzas Armadas argentinas en el mundo. Feliz iniciativa, que después no se repitió, por lo menos en esta amplitud y profundidad.

Por último, cabe recordar que en el golpe del 6 de septiembre de 1930, tuvo lugar la menor participación militar, en comparación con los de 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976.

Sobre 44.285 efectivos que tenían las Fuerzas Armadas, participó sólo el 2,5% de ellos, limitados al Colegio Militar, la Escuela de Comunicaciones y la base Aérea del Palomar, que en esa época pertenecía al Ejército. Se mantuvieron leales al gobierno la amplia mayoría de las unidades de Buenos Aires: todas las de Campo de Mayo con la excepción de la mencionada Escuela de Comunicaciones, todas las que integraban la Primera División, los regimientos de Infantería que estaban en el Arsenal de Guerra y la Plata y la Escuadra, al igual que las que estaban en todo el resto del país

Todo esto confirma que la relación de Yrigoyen con las Fuerzas Armadas durante sus presidencias no fue de hostilidad ni mucho menos, como el final de su segundo gobierno pareciera mostrar.