Colombia: Una estrategia política sin ‘Plan B’
Oct-03-16 - por Rosendo Fraga

El resultado del referéndum colombiano parece una manifestación en América Latina de la desconexión que hoy muestran las elites globales frente al estado anímico de las sociedades.

Quienes se mostraron sorprendidos frente al Brexit, la irrupción de Trump o el crecimiento del apoyo al nacionalismo y el proteccionismo a nivel global, son quienes ahora están sorprendidos por lo que pasó en Colombia.

La cuestión central es entender que mientras la economía se define globalmente, la política lo hace cada vez más por parámetros nacionales.

Seis días antes de la votación, la imagen del Presidente Santos y el jefe de las FARC, junto con el Secretario General de la UN, el Rey Emérito de España y la mayoría de los presidentes de la región, todos vestidos de blanco, en una pose de spot publicitario de campaña electoral, pudo haber tenido el efecto contrario al deseado. Estaban Macri y Castro, Maduro y Kuckzinski, entre otros. Así como en el Reino Unido los presidentes de los países desarrollados encabezados por Obama hicieron una campaña abierta por contra el Brexit, ahora sucedió lo mismo con el referéndum colombiano, donde además de los apoyos mencionados, el Si que fue derrotado tuvo también el de Obama y el del Vaticano.

La cuestión es que el acuerdo de 297 páginas es impopular por sus excesivas concesiones a la guerrilla y esta es la percepción que ha predominado y no era percibida adecuadamente.

El problema ahora es que se optó por un  referéndum vinculante y no se pensó en un “Plan B”, dando por descontado que ganaría el Si. Al imponerse el No, aunque por estrecho margen, cae el acuerdo.

Desde el punto de vista político, el Presidente Santos se ha apurado a decir que ejercerá el poder hasta el último día de su mandato que finaliza en agosto de 2018, conciente de que ha quedado debilitado por un resultado adverso, al cual ató su suerte política. Ha planteado que los negociadores se reunirán nuevamente en La Habana y que rige el cese de fuego acordado.

Por su parte los líderes de las FARC han dicho que seguirán trabajando por la paz. Santos a su vez ha convocado al ex Presidente Uribe, quien junto con el ex Presidente Pastrana, fueron las figuras nacionales que impulsaron -o a lo mejor, canalizaron- la opinión negativa frente al acuerdo.

Así como en el Reino Unido, los pronósticos acerca de que el Brexit haría caer la economía no fueron escuchados por los votantes, ahora en Colombia los que decían que el PBI colombiano sumaría 2 puntos más por el acuerdo, tampoco fueron escuchados por los votantes.

Que haya votado el 37% no es poco en este país donde el voto ha sido siempre voluntario y aún en elecciones presidenciales suele votar menos del 50% de los electores. Por ello la ley que estableció el referéndum dispuso que el Si para ser válido debía tener el 13% de los electores, es decir que debía votar algo más del 25%. La situación no es fácil hacia adelante y Santos deberá respetar con cuidado el resultado, como hicieron los conservadores tras el referéndum sobre el Brexit, aunque en este caso no fuera vinculante. 

El resultado del referéndum colombiano parece una manifestación en América Latina de la desconexión que hoy muestran las elites globales frente al estado anímico de las sociedades.

Quienes se mostraron sorprendidos frente al Brexit, la irrupción de Trump o el crecimiento del apoyo al nacionalismo y el proteccionismo a nivel global, son quienes ahora están sorprendidos por lo que pasó en Colombia.

La cuestión central es entender que mientras la economía se define globalmente, la política lo hace cada vez más por parámetros nacionales.

Seis días antes de la votación, la imagen del Presidente Santos y el jefe de las FARC, junto con el Secretario General de la UN, el Rey Emérito de España y la mayoría de los presidentes de la región, todos vestidos de blanco, en una pose de spot publicitario de campaña electoral, pudo haber tenido el efecto contrario al deseado. Estaban Macri y Castro, Maduro y Kuckzinski, entre otros. Así como en el Reino Unido los presidentes de los países desarrollados encabezados por Obama hicieron una campaña abierta por contra el Brexit, ahora sucedió lo mismo con el referéndum colombiano, donde además de los apoyos mencionados, el Si que fue derrotado tuvo también el de Obama y el del Vaticano.

La cuestión es que el acuerdo de 297 páginas es impopular por sus excesivas concesiones a la guerrilla y esta es la percepción que ha predominado y no era percibida adecuadamente.

El problema ahora es que se optó por un  referéndum vinculante y no se pensó en un “Plan B”, dando por descontado que ganaría el Si. Al imponerse el No, aunque por estrecho margen, cae el acuerdo.

Desde el punto de vista político, el Presidente Santos se ha apurado a decir que ejercerá el poder hasta el último día de su mandato que finaliza en agosto de 2018, conciente de que ha quedado debilitado por un resultado adverso, al cual ató su suerte política. Ha planteado que los negociadores se reunirán nuevamente en La Habana y que rige el cese de fuego acordado.

Por su parte los líderes de las FARC han dicho que seguirán trabajando por la paz. Santos a su vez ha convocado al ex Presidente Uribe, quien junto con el ex Presidente Pastrana, fueron las figuras nacionales que impulsaron -o a lo mejor, canalizaron- la opinión negativa frente al acuerdo.

Así como en el Reino Unido, los pronósticos acerca de que el Brexit haría caer la economía no fueron escuchados por los votantes, ahora en Colombia los que decían que el PBI colombiano sumaría 2 puntos más por el acuerdo, tampoco fueron escuchados por los votantes.

Que haya votado el 37% no es poco en este país donde el voto ha sido siempre voluntario y aún en elecciones presidenciales suele votar menos del 50% de los electores. Por ello la ley que estableció el referéndum dispuso que el Si para ser válido debía tener el 13% de los electores, es decir que debía votar algo más del 25%. La situación no es fácil hacia adelante y Santos deberá respetar con cuidado el resultado, como hicieron los conservadores tras el referéndum sobre el Brexit, aunque en este caso no fuera vinculante.