Dos visiones sobre el FA desde el FA
Feb-22-16 - por Oscar Bottinelli
 
A lo largo de la historia moderna del país y hasta la formación del Frente Amplio, es decir desde los albores del siglo XX hasta el comienzo de los años setenta de la misma centuria, en Uruguay se generaron fuertes debates en torno a dos visiones de partidos políticos2. Una es la visión de que partidos son aquéllos que son monolíticos, con una ideología muy precisa y afinada, sin corrientes internas (y de haber, considerarlas como una patología). A esta definición corresponden los viejos partidos que a sí mismos se denominaban “partidos de ideas” como el Partido Socialista, el Partido Comunista, la Unión Cívica del Uruguay. La otra visión es que partidos políticos son aquellos que agrupan a todos los ciudadanos de una misma pertenencia política, aunque se exprese en diferentes estructuras políticas, llámense corrientes, fracciones o sectores. Es la visión que encaja en la denominación de partido con los dos tradicionales, el Partido Nacional y el Partido Colorado. El historiador sueco Göran Lindhal, uno de los mas antiguos investigadores europeos sobre el Uruguay, autor de la famosa obra “Batlle, fundador de la democracia”, rechazaba la idea de la existencia de un Partido Colorado (y también de un Partido Nacional) y lo denomina la Federación de Partidos Colorados. En sistémica comparada la visión dominante sobre los partidos, la que corresponde a los partidos escandinavos y alemanes, condice con la propia visión de los en Uruguay autodenominados “partidos de ideas”; mientras que los partidos italianos comparten la visión que tienen los partidos tradicionales uruguayos acerca de qué es un partido. En Sistema Político ambos tipos de partido son considerados partidos, los primeros como “partidos de tipo simple” y los segundos como “partido de tipo complejo”.

Cuando nace el Frente Amplio se notan dos visiones sobre la naturaleza política del Frente Amplio. Los tres “partidos de ideas” que convergen en su formación adhieren a la visión simple y monolítica de partido: el Partido Comunista, el Partido Socialista y el Partido Demócrata Cristiana. Pero además de lo estructural, había otros elementos de fondo para considerarse a sí mismo como partidos y rechazar toda idea de que el Frente Amplio fuese un partido: Uno, la existencia en cada uno de ellos de programas partidarios nítidos, en el sentido profundo del término, como conceptualización de los valores, objetivos y papel histórico de cada partido (y no como simple programa de gobierno o catálogo de medidas de gobierno). Dos, el pertenecer a un mundo de relaciones internacionales diferente, con distinta alineación en la geografía política del mundo. Tres, en sentirse defensores de causas específicas e intransferibles: de la “clase obrera” tanto comunistas como socialistas, de los valores del humanismo cristiano (en realidad, con mayor precisión, de los valores católicos) los demócrata cristianos. Tres, el considerar que la alianza constituida en torno al Frente Amplio tiene como propósito el transcurrir juntos una etapa precisa del Uruguay pero bajo ningún concepto converger en una fusión. Además, para la Democracia Cristiana el horizonte de esa alianza debía ser necesariamente corto en tiempos históricos; para el Partido Comunista debía operar como el gran “frente de liberación nacional”, pluriclasista, en que “el partido de la clase obrera” terminase por cumplir a la larga un papel rector.

La visión de los provenientes de los partidos tradicionales es la opuesta, casos de Zelmar Michelini, Alba Roballo, Francisco Rodríguez Camusso. Acostumbrados a ver al lema como “el partido” y a cada uno de sus movimientos como fracciones del partido, se vieron a sí mismos como partes de un todo que cambiaban de todo. Cada uno abandonaba a su respectiva colectividad tradicional (colorada, blanca) para pasar a situarse en la creación de una tercera gran colectividad, de un tercer gran partido. Va de suyo que esto mismo es lo que percibió el grueso de la ciudadanía: la mitad de los votantes de ese naciente Frente Amplio (18% de la ciudadanía en 1971) y para el grueso de los votantes de los otros partidos. Para casi todo el Uruguay había nacido el tercer gran partido.

En la campaña electoral de 1971 no hubo alusión al “frenteamplismo”. Las alusiones al “frentismo” referían a un proceso político y no a una pertenencia política. Las convocatorias el Frente Amplio las hacía en nombre de “demócrata cristianos, socialistas, comunistas, batllistas con el Frente Amplio, blancos con el Frente Amplio, independientes ...”

Es interesante señalar que para comunistas, socialistas y demócrata cristianos la identidad política quedaba consumada con la pertenencia a esos partidos. En cambio, para los blancos y los colorados (o en la terminología de la época, más correctamente referir a batllistas) la identidad política quedaba en el aire, se producía un vacío: salían cada uno de una colectividad clara, nítida, precisa para entrar a algo que históricamente carecía de raíces. Ese vacío inicial fue más bien sublimado con el mantenimiento de la pertenencia original: se seguía siendo batllista alejado de un Partido Colorado que había traicionado al batllismo; se seguía siendo blanco alejado de un Partido Nacional que se había traicionado a si mismo. Pero una definición de este tipo por naturaleza es transitoria, porque o se retorna al origen o se construye algo nuevo con permanencia.

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1.Secretario político de Seregni desde 1971 a 1987 y portavoz suyo en los tiempos de cárcel y proscripción; desde 1989 analista político independiente.

2.Séptima nota de una serie a propósito del centenario del nacimiento de Liber Seregni. Ver Hacia los 100 años de Liber Seregni , Las 10 etapas del Seregni político, De la conducción política en el F.A , Entre la síntesis y el péndulo , FA: ¿coalición, alianza, partido o qué? y FA: ¿partido, movimiento o qué?, El Observador diciembre 13 y 20 de 2015 y enero 10, 17, 24 y 31 de 2016, www.factum.uy