Siria: Demasiadas acciones poco coordinadas
Dic-03-15 - por Guillermo Lafferriere

Al momento de escribirse esta columna, aviones de la Royal Air Force han despegado de su base en Chipre para atacar blancos del Estado Islámico en Siria. El Primer Ministro ha conseguido en la Cámara de los Comunes la autorización para llevar adelante estas acciones aéreas.  Si el lector viene siguiendo esta columna, está plenamente advertido que en la Guerra civil de Siria ya hay muchas fuerzas aéreas operando y muy pocas de ellas haciéndolo en forma eficiente desde un punto de vista militar.

Hemos advertido desde hace ya una largo tiempo, que las acciones aéreas por sí solas no serán una herramienta que logre derrotar al Estado Islámico y a los restantes grupos radicalizados islámicos que operan allí.  Insistimos: la única manera eficiente de afectar seriamente a estos grupos es que esas acciones aéreas, indispensables, tengan una coordinación con las operaciones que en tierra sean llevadas adelante por las tropas que deben entrar en combate directo contra los irregulares.  Actuando de esa manera, se logra la sinergia necesaria para que esos grupos sufran un efecto que realmente los coloque en una situación de desventaja y permita, en la medida que las operaciones aeroterrestres sean continuadas en el tiempo, colocarlas en un umbral de derrota en un tiempo muy difícil de precisar.

Este tipo de acciones, que combinen las operaciones aéreas con las terrestres son las que viene desarrollando Rusia en conjunto con las tropas del régimen de Al Assad, las iraníes y Hezbollah.  Es posible que Francia que se ha sumado con su fuerza aeronaval al sector donde opera Rusia, esté también realizando acciones en ese mismo sentido.  Sin embargo, lo mismo no sucede en con las operaciones que llevan adelante los norteamericanos o los británicos. ¿Por qué? Pues sencillamente la razón estriba en que sus ataques se hacen seguramente sobre la base de inteligencia obtenida por sus medios satelitales, información de algunos rebeldes en el terreno y muy posiblemente por lo que tropas especiales de esas naciones puedan informar de lo que observan en el terreno. Pero por más que las mismas sean bien dirigidas a blancos concretos del Estado Islámico, al no coordinarse esos ataques con los que desde tierra puedan hacer otras tropas, los efectos que se alcancen no tienen la posibilidad de alcanzar el nivel de afectación que las acciones aeroterrestres poseen.  Ante esto cabe preguntarse ¿por qué no se logra de parte de estos otros actores una acción coordinada en tierra? La razón es que no poseen una fuerza en territorio sirio capaz de poder interactuar con sus acciones aéreas. Y esto último tiene relación con el hecho que algunos países, como Estado Unidos, mantienen la esperanza de encontrar una fuerza rebelde en Siria que no adscriba al fundamentalismo islámico, que pueda tener capacidad para lograr el poder y llevar una transición desde un régimen autocrático hacia una democracia. Los hechos vienen demostrando, desgraciadamente que esa fuerza no existe o bien es de una magnitud insignificante frente a los grupos insurgentes radicalizados.  Entonces ¿por qué no aunar esfuerzos con los rusos? Porque la aproximación de Rusia es diferente. Moscú está atacando no solamente a los grupos radicalizados sino también a los que aparentemente no lo serían. Esto en la idea que Rusia sostiene de impedir un derrocamiento del régimen de Al Assad; aunque según Moscú no para asegurar su continuidad indefinida, sino para que con la derrota de los rebeldes generar las condiciones para una salida política en el país.  A la luz de las experiencias en Irak, Libia o Yemen, debe decirse que el realismo de Rusia luce razonable a pesar de todas las innegables objeciones que el despótico régimen de la familia Al Assad merece.

Por lo tanto, la situación de la guerra civil en Siria ha cumplido con la tendencia general que este tipo de conflictos generalmente manifiestan, cual es la internacionalización de los mismos. En las actuales circunstancias, y teniendo en cuenta los accionares disímiles descriptos, es dable esperar que el régimen de Al Assad pueda lograr una recuperación importante de territorio sirio, aunque dudamos que esto sea posible de extenderse a la totalidad del mismo. Por otra parte, los ataques aéreos no coordinados con las tropas terrestres, alcanzarán en un futuro no lejano un punto de poca efectividad. Esto debido a que el Estado Islámico, objeto principal de los mismos, naturalmente dejará de ofrecer ese tipo de blancos que puedan ser afectados por los medios aéreos de EE.UU. o el Reino Unido, y procederá a dispersarse más en el terreno y a adoptar acciones de combate irregular, las que por lo general no generan blancos importantes para las fuerzas aéreas. No es esperable tampoco que Washington y Londres desplieguen contingentes de tropas terrestres para desarrollar una campaña en Siria; y por lo tanto, quizás seamos testigos de una suerte de atomización del territorio sirio, con porciones importantes posiblemente bajo el control de Damasco y otras del territorio bajo el control o disputa de las fuerzas irregulares. Mientras las fuerzas radicalizadas mantengan santuarios en territorio de Siria, no habrá posibilidad de una salida negociada; y mientras no se comprenda que acabar con los terroristas islámicos debe ser la prioridad, estos continuarán teniendo en Siria un terreno desde el cual proyectar sus operaciones y continuar soñando con la concreción de un califato medieval en el Siglo XXI.