Cierta desilusión con América Latina
Jun-03-15 - por Rosendo Fraga

Al promediar la mitad de la segunda década del siglo XXI, el entusiasmo que generaba el crecimiento de América Latina hasta hace dos años, ha cambiado ahora por escepticismo. En 2015 crecerá aproximadamente 1%: junto con Europa, son las dos regiones del mundo con menor crecimiento económico. Pero dentro de ese 1% habrán dos tasas diferentes, una al norte del Canal de Panamá y otra al sur. En México, Centroamérica y el Caribe el crecimiento será del 3% anual. En cambio América del Sur -por población, territorio y PBI es dos tercios de América Latina- crecerá 0% por el estancamiento de Brasil -que evoluciona hacia recesión-, el que sufre Argentina, la crisis de Venezuela y el menor crecimiento -aunque positivo- que muestran los tres países sudamericanos que integran la Alianza del Pacífico: Colombia, Perú y Chile. La perspectiva para 2016 no es mejor: el estancamiento de Brasil continuará y México podría crecer 2%, menos que este año. El menor precio de las materias primas que exporta la región -petróleo, alimentos y minerales- y la desaceleración de la economía china son algunas de las causas del cambio de tendencia. Pero ella ya se anticipó en 2014, cuando el comercio con la potencia asiática se desaceleró y contrajo más de 10% y la inversión se redujo a su vez un 16%.

Hasta 2012 Brasil se encaminaba a ser la quinta economía del mundo, superando a Francia y el Reino Unido, pero ahora ello ha quedado en suspenso. La llegada de la primera economía latinoamericana al quinto lugar del mundo parecía un hecho, en función de las tasas de crecimiento de la primera década del siglo, que favorecieron claramente a los BRICS respecto a las economías desarrolladas que integran el G7. Pero en los últimos tres años esto se frenó. El Reino Unido recuperó tasas de crecimiento próximas al 3% y Francia logró mantener un débil crecimiento frente al estancamiento brasileño. El freno de Brasil se dio al mismo tiempo que la desaceleración del crecimiento chino y la caída de la economía rusa, siendo sólo la India el país de los BRICS que aún mantiene un crecimiento en alza y aspira a superar el de China. Pero las dificultades de Brasil se dan junto con las crisis de Venezuela y Argentina y el menor crecimiento de los países de la Alianza del Pacífico. Sin embargo, es en el marco del mundo emergente donde se registra el mayor retroceso de América Latina en comparación con Asia, África y Medio Oriente, regiones que en 2015 crecen entre 3 y 7% frente al 1% de América Latina. En el caso de Brasil, el freno de la economía se da al mismo tiempo que una grave crisis política desatada por la corrupción en la petrolera estatal (Petrobras), que afecta políticamente -aunque todavía no jurídicamente- a los dos líderes del PT, el partido que gobierna: la Presidenta Rousseff y el ex Presidente Lula.

El escepticismo sobre la región se traduce en desilusión de los mercados y ello lleva al centro de la escena los problemas estructurales de la región, como es la desigualdad social. Si bien es cierto que en la primera década del siglo XXI tuvo lugar en América Latina un fuerte incremento de la clase media -en Brasil por primera vez en la historia hacia 2010 se registró más gente en la clase media que en la baja-, no se avanzó en la reducción de la desigualdad. El Índice Gini, que mide la desigualdad por cuántas veces el ingreso del 10% más rico supera al del 10% más pobre, no se ha alterado sustancialmente. Es que se ha dado al mismo tiempo más concentración de riqueza en el 10% más rico, con el aumento de la clase media que incrementó los consumidores. Pero el freno del crecimiento deja en suspenso la reducción del desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, sobre un nivel de desigualdad que es el más alto del mundo y supera incluso a los de Asia, África y Medio Oriente. La cuestión es que tras la primera década del siglo, que ha sido la de mayor crecimiento de la región en la historia, con una fuerte mejora en los indicadores sociales, todavía la mitad de los latinoamericanos trabajan en la informalidad, es decir sin derechos laborales, sistema de salud o crédito para el consumo y con salarios que en promedio son la mitad de los formales.   

El otro problema critico es el alto nivel de inseguridad pública en función del crimen organizado y el avance del narcotráfico. Se suele tomar como un indicador válido para comparar la seguridad de los países del mundo, la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes, en los países que no están viviendo en situación de guerra externa o interna. Cuatro de los diez países con más homicidios en el mundo son de América Latina: los tres del llamado "Triángulo Norte" de América Central (Guatemala, Honduras y El Salvador) y Venezuela. El mantenimiento de la seguridad pública en las cuatro "megaciudades" latinoamericanas (las que superan los 10 millones de habitantes: San Pablo y Río de Janeiro en Brasil; el Distrito Federal en México y Buenos Aires en Argentina), es un tema cada vez más difícil. El consumo de drogas ha aumentado, al igual que el poder y la influencia de los carteles que la comercializan, los que buscan incidir cada vez más en los procesos políticos y condicionar las decisiones de los gobiernos. Los carteles de la droga en México y las "Maras" en América Central son manifestaciones del fenómeno de inseguridad. El control de las cárceles por parte de estas organizaciones ilícitas es una forma relevante de su accionar, que ha adquirido forma en Brasil a través del "Comando Bermello", conducido desde las cárceles de San Pablo. Tanto el problema de la desigualdad como el de la inseguridad son manifestaciones del problema político central de América Latina: la baja institucionalidad, que se manifiesta en la combinación de corrupción e ineficacia estatal.

En conclusión: el optimismo que predominó respecto a América Latina en la primera década del siglo ha cambiado a escepticismo al promediar la segunda y en los mercados puede generar desilusión;  al iniciarse esta década, Brasil, que es la séptima economía del mundo, se encaminaba a ser la quinta, superando al Reino Unido y Francia, proceso que el freno de Brasil interrumpió;  siendo América Latina la región que menos crece del mundo emergente y junto con Europa las de menor crecimiento en 2015, vuelven al primer plano problemas estructurales como el record de desigualdad que registra y la inseguridad pública, que combina el crimen organizado y los carteles de la droga, pone en evidencia la baja calidad institucional de la región, que se manifiesta en corrupción e ineficacia estatal al mismo tiempo.