Las diferencias entre Dilma Rousseff y Marina Silva
Sep-18-14 - por Rosendo Fraga

La idea de Brasil que tiene Dilma es la de una potencia BRIC que puede intentar disputar el liderazgo global a los países desarrollados encabezados por EEUU. En esta visión, el país se asemeja a China y Rusia. En cambio, en la de Marina Silva, Brasil tiende a ser un puente, un punto intermedio o de equilibrio entre el mundo desarrollado del G7 y los BRICS. Desde esta perspectiva, Brasil en los BRICS debería ser el “puente” con el G7, no impulsar el antagonismo.

Respecto al desarrollo industrial, la idea de la Presidenta es la tradicional del industrialismo brasileño: una cierta idea de búsqueda de la autosuficiencia, aunque, en los hechos, las exportaciones durante los gobiernos del PT se hayan “primarizado” por el peso cada vez mayor de las materias primas (soja, hierro, etc.). Petrobrás quizás sea el símbolo de la política industrial de Dilma. En cambio, para Marina, como militante ambientalista, la “industria limpia” es su modelo, aunque lo ha flexibilizado.

Hay cierto cansancio del empresariado tras 12 años del PT y por eso pareciera que la comunidad de negocios está dispuesta a tomar el riesgo que implica Marina Silva por su falta de antecedentes en materia de gobierno. Si bien en principio era muy hostil a Marina por su defensa del medio ambiente, hoy parece ser la preferencia del empresariado industrial de San Pablo y aun el sector de los agro-negocios.

Si gana Marina, probablemente impulsará un saneamiento de Petrobrás de acuerdo a lo que viene planteando en la campaña electoral y dará impulso a las energías “limpias” no como alternativa, pero sí como complemento.

Tras una victoria de Silva, es posible que la relación con EEUU, que se deterioró en los últimos tiempos de Lula con el fracaso de la mediación ante Irán y con Dilma por el espionaje, mejore. La idea de puente o punto intermedio entre los BRICS y el G7 va en esta dirección.

En la región, con Dilma, la incorporación de Venezuela como socio pleno del MERCOSUR y el apoyo a los gobiernos del ALBA caracterizaron la última etapa de su política regional. Apoyar a candidatos presidenciales afines frente a elecciones presidenciales de América Latina, como han hecho Lula y Dilma, rompe la tradición diplomática brasileña de no injerencia en asuntos internos de otros países, definida también como una autoprotección contra ella.

En los últimos meses, la región quedó dividida en dos bloques: la Alianza del Pacífico por un lado, con economías más abiertas y más cercanas a EEUU, y el MERCOSUR por el otro, con un modelo más cerrado y más cercano a los BRICS. Marina parece buscar un punto de equilibrio entre la Alianza del Pacífico y el ALBA, en lugar de hacer un bloque con este grupo de países.

En los BRICS, Brasil tiene el segundo PBI del grupo después de China y es la tercera población detrás de dicho país y la India. Es un país importante en el grupo y es asumido como representación de América Latina, de la misma manera que Sudáfrica lo es respecto al África. Con Lula y Dilma se fue transformando en el escenario central de la política exterior brasileña, aun por encima del G20. Probablemente con Marina Silva esta prioridad cambiará. 

Ella ha dicho que Brasil debe buscar un Tratado de Libre Comercio con la UE al margen del MERCOSUR, lo que implica flexibilizar este grupo. Esta posición no es compartida por Dilma, que no quiere avanzar en este tipo de acuerdo sin el consenso de Argentina y Venezuela. No es un hecho central, pero ejemplifica bien las diferencias. 

Para la Argentina, con las relaciones entre Cristina y Dilma deterioradas por los conflictos comerciales, si ésta gana no habrá grandes cambios en el año de gobierno que le resta a la Presidenta argentina, pero con una eventual victoria de Marina Silva esta relación posiblemente sea aún más difícil. Recién cuando en Argentina asuma un nuevo gobierno a fines de 2015 y haya un cambio de orientación -lo que es probable-, podrá darse una mayor convergencia.