El acuerdo de comercio e inversión EEUU-UE
Jun-25-14 - por Rosendo Fraga

El mundo avanza hacia acuerdos comerciales continentales y quizás ello no está teniendo en América Latina la atención conveniente. El 13 de febrero de 2013, al iniciarse el segundo mandato del Presidente Obama, EEUU y la UE anunciaron la decisión de iniciar negociaciones para alcanzar un Tratado de Comercio e Inversión que alcanzaría al 40% de la economía mundial. El 20 de marzo de 2013 el Presidente ratificó su decisión ante el Congreso; el 13 de junio las dos partes anunciaron el inicio de las negociaciones, y el 12 de julio tuvo lugar en Washington la primera ronda. La segunda ronda para el TTIP (sigla en inglés) o ATCI (sigla en castellano) fue en Bruselas entre el 11 y el 15 de noviembre del mismo año. La tercera se dio nuevamente en la capital de EEUU entre el 11 y el 15 de diciembre, sólo un mes más tarde. La cuarta reunión tuvo lugar entre el 10 y el 14 de marzo en Bruselas y la quinta entre el 19 y el 23 de mayo en Arlington, Virginia. Entre los beneficios que produciría su entrada en vigencia se cuenta para la UE la creación de 2 millones de trabajo. Lógicamente, las resistencias han comenzado, como es inevitable en este tipo de procesos.

Ni las dificultades internas de la política estadounidense, ni las que enfrenta la UE o diversos conflictos -como el surgido con Rusia a raíz de la secesión de Crimea-, han demorado su intenso ritmo de negociación. Este proyecto tiene un basamento estratégico-militar y otro político. La relación entre estos dos factores y los acuerdos de carácter económicos entre los países no es matemática, pero los facilitan y permiten su perdurabilidad en el tiempo. El mapa del TTIP se corresponde al de la OTAN, excluyendo Canadá y Turquía. A su vez, los 29 países que lo están negociando hoy tienen un mismo sistema político, que es la democracia representativa. Democracia y alianza militar hacen del TTIP la profundización de una fuerte relación transatlántica: historia, cultura y religión son fundamentos no menores para una construcción sólida transatlántica. Además hay un interés común, que es dar una respuesta frente a la pérdida de peso relativo de EEUU y de Europa frente al crecimiento del mundo emergente: el incremento del intercambio comercial y la inversión es la respuesta más eficaz para ello. 

Pero al mismo tiempo que EEUU y la UE anunciaron la decisión de iniciar estas negociaciones, el Presidente Obama decidió reimpulsar el Tratado Comercial del Pacífico (TPP por sus siglas en inglés). Nacido en 2006, fue incorporando países durante la década pasada hasta llegar a 12, entre ellos EEUU y Japón. También lo integran Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Malasia, Vietnam, Canadá, Brunei y tres países de América Latina: México, Chile y Perú. Corea del Sur ha iniciado negociaciones para incorporarse. Estos doce países integran también la APEC, el Foro que anualmente reúne a los países del área del Pacífico. El impulso a las negaciones por parte de Washington se ha realizado por lo general en forma paralela a las Cumbres anuales de jefes de gobierno de la APEC. A la última Cumbre realizada en octubre en de 2013 en Indonesia no pudo asistir Obama por problemas de política interna, pero en su reciente visita a Japón ratificó la importancia de este tratado. La próxima Cumbre, que tendrá lugar en Beijing en octubre de 2014, probablemente no sea un ámbito políticamente favorable para impulsar el TPP. Comparando este proyecto con el del Tratado Transatlántico, salvo Vietnam, los demás tienen sistemas de democracia representativa -con matices y diferencias- y más de la mitad integran con EEUU una alianza militar, que es la ASEAN -Canadá la tiene mediante la OTAN-, y se pertenece a una misma región geográfica. Pero en este caso, el bloque que se crearía tiene una menor densidad en la relación política y estratégico-militar, y menos cohesión en torno a religión, cultura e historia, lo que genera un nexo bastante más débil que el existente entre los integrantes del TTIP. Con Europa, EEUU está llevando adelante una negociación unificada a través de Bruselas, no siendo tan fácil la relación con los integrantes del Tratado Transpacífico. 

La política exterior de los EEUU aparece impulsando al mismo tiempo dos grandes Tratados, uno del Atlántico y otro del Pacífico. Si ambos llegaran a buen puerto, tendríamos una amplia zona de libre comercio, que tendría como límites la frontera de Rusia en occidente y la de China en oriente. China y Rusia son hoy la segunda y tercera potencias militares del mundo respectivamente y han dado crecientes señales de coincidencia en el plano internacional, como lo manifiesta el uso conjunto del veto en el Consejo de Seguridad en los últimos meses. El reciente acuerdo energético entre los dos países firmado en mayo, los ejercicios navales binacionales y el lanzamiento de una calificadora de riesgos de los dos países para competir con las tres occidentales, son algunas señales en esta dirección. Hay dos iniciativas de integración regional que impulsan ambas potencias y que esbozan algún tipo de respuesta a las iniciativas desde el mundo occidental. Rusia ha concretado una Unión Aduanera con dos países ex miembros de la URSS: Bielorrusia en su frontera europea y Kazajistán en la asiática, y ha iniciado negociaciones para incorporar a otros dos de la ex URSS en 2015, uno del Cáucaso (Armenia) y otro del Asia Central (Kirguistán). Al mismo tiempo se analiza reimpulsar el llamado Grupo de Shangai, integrado por Rusia y China y cuatro de los cinco países de Asia Central: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, cuya última cumbre se realizó en 2012. Este grupo se formaliza el 14 de junio de 2001 en base a “los cinco de Shangai”, que estuvo integrado por todos los que hoy forman el grupo a excepción de Uzbekistán, que se incorporó entonces. Puesto en esta perspectiva, aparecen hoy los integrantes del G7, EEUU, Japón y Canadá, impulsando el Acuerdo Transpacífico, y nuevamente EEUU, aunque esta vez con Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia, negociando el Transatlántico. La Cumbre de los BRICS que se reúne en julio en Brasilia no parece tener una visión estratégica para avanzar en el camino de acuerdos de integración económica y comercial.

Respecto a América Latina, aparece en este marco sólo participando con tres países del Tratado Transpacífico. Son los que integran la Alianza del Pacífico con la excepción de Colombia, que al no haber llegado a tiempo para integrar la APEC, ha quedado fuera de este acuerdo. Para el Mercosur, el acuerdo comercial con la UE es una necesidad estratégica para evitar el aislamiento en un mundo que tiende a integrarse cada vez más, pese a cierto resurgimiento del nacionalismo y los conflictos políticos. Este grupo regional, al negociar con la UE, debe seguir con atención la negociación que en paralelo ella lleva adelante con los EEUU y ver en ello una oportunidad antes que una amenaza. ¿Puede el Mercosur ser el socio latinoamericano del Tratado Transatlántico, como la Alianza del Pacífico lo es del Tratado Transpacífico? Es una cuestión que deben plantearse los países del primer grupo. En un mundo cada vez más integrado en lo económico y al mismo tiempo con crecientes conflictos de distinto tipo, el acuerdo Transatlántico, con una sólida base en lo político-ideológico, lo estratégico-militar, la historia, la cultura y la religión, puede generar un bloque de integración comercial y de inversión, que reinvente el rol de occidente en el siglo XXI. 

En conclusión: se están negociando dos grandes acuerdos comerciales en el mundo de dimensión bi-continental y el tema debe requerir atención por parte de América Latina; EEUU propuso y viene impulsando el Acuerdo Transatlántico con la UE y las rondas de negociaciones se han mantenido pese a los conflictos internacionales de los últimos meses; al mismo tiempo está reimpulsando el Acuerdo Transpacífico, iniciado una década atrás; se diseña una gran zona de libre comercio desde al frontera con China hasta la de Rusia, lo que está generando reacciones conjuntas de ambas potencias; por último, en América Latina la mayoría de los países de la Alianza del Pacífico integran el Acuerdo Transpacífico y el Mercosur negocia un acuerdo con la UE, al mismo tiempo que está en el Transatlántico.