Chile: El retorno de Bachelet al poder
Mar-10-14 - por Rosendo Fraga

Desde la perspectiva regional, la llegada al poder nuevamente de Michelle Bachelet significa que políticamente Chile tendrá una línea política más próxima a los demás países de Unasur. En ella predominan gobiernos de centro-izquierda con diversos matices y diferencias. En el caso de Argentina, ella y Cristina Kirchner ya han convivido cuatro años en la Presidencia de los dos países y esto es un antecedente válido respecto a cómo puede desarrollarse la relación bilateral entre los dos gobiernos: las diferencias existirán, pero siempre habrá capacidad para evitar que escalen a conflictos. Las diferencias entre Piñera y Bachelet se hacen evidentes en la crisis de Venezuela. Mientras el primero -junto con el Presidente de Colombia en América del Sur- criticó la represión de Maduro, Bachelet tiene una postura más conciliadora, llamando al pueblo venezolano a evitar la violencia. Se percibe a la Presidente chilena más decidida a avanzar en reformas como la constitucional, la educativa y la fiscal, que harán del modelo chileno algo más coincidente con la izquierda moderada que en la región hoy expresan los gobiernos de Brasil y Uruguay. América del Sur posiblemente quede articulada en tres líneas. Por un lado la liderada por Venezuela, donde están los otros dos países de la subregión que están en la Alianza Bolivariana de las Américas (Ecuador y Bolivia), más Surinam y Argentina, cuyo gobierno tiene una sólida alianza con el Chavismo. La segunda línea será la de la izquierda moderada, articulada en torno a Brasil, Uruguay, Chile y Perú. Por último, quedaría una tercera línea de centro-derecha con los gobiernos de Colombia y Paraguay.

En cuanto al gobierno de Sebastián Piñera, pese a que ha sido el único Presidente empresario de centro-derecha en América del Sur -hasta que a fines del año pasado asumió Cartes en Paraguay-, su política regional resultó menos conflictiva en la región que lo esperado cuatro años atrás. Evitó confrontaciones tanto en Unasur, como en la Celac y en la OEA. Ello no impidió que haya mantenido diferencias con la mayoría de los gobiernos de América del Sur, como sucede en estos días respecto a la crisis de Venezuela. Quizás su logró más importante haya sido la concreción de la Alianza del Pacífico, que ha creado una perspectiva regional nueva para Chile, al dejar de ser un país relativamente aislado con un modelo económico particular. Pienso que este ha sido su legado más importante, que deja a Bachelet una nueva proyección para la política regional. Respecto a la Argentina, su relación con el gobierno de Cristina Kirchner resultó menos conflictiva de lo esperado cuatro años atrás, dadas las diferencias ideológicas. En cuanto a su imagen, tuvo su punto más alto cuando el rescate de los mineros, pero comenzó a desgastarse a las pocas semanas con las protestas contra el aumento de tarifas que tuvieron lugar en el sur del país. Tras haber caído en el peor momento al 30% de aprobación, terminó recuperándose, aunque dejando a su partido dividido y con una fuerte derrota electoral a sus espaldas.

En conclusión: el retorno de Bachelet al poder permite conjeturar que Chile adoptará una política más coincidente con la mayoría de los países de Unasur, que son gobernados por distintas variantes de la izquierda; mientras que el gobierno de Piñera -pese a ser un empresario de centro-derecha- resultó menos conflictivo en la región de lo esperado cuando llegó al poder.