Venezuela: La estrategia peruana de Capriles
May-23-13 - por Rogelio Nuñez *

Henrique Capriles tuvo muy claro en la noche del 14 de abril que la estrategia para acabar con el régimen chavista de Nicolás Maduro consistía en imitar lo ocurrido en Perú en 2000. Los paralelismo eran evidentes: un régimen debilitado, unas elecciones con escasa legitimidad y un oficialismo dividido.

Es una idea muy reiterada por Capriles quien ha dicho, por ejemplo, que el actual régimen de Venezuela puede compararse con el del ex presidente peruano ya que “Fujimori hace un proceso electoral bajo una sombra de ilegitimidad, de fraude y esa crisis política nunca levanto vuelo … aquí habrá un cambio de Gobierno, no tengan ninguna duda, porque la voluntad del pueblo va a terminar imponiéndose”.

El caso peruano del año 2000

Alberto Fujmori forzó la Constitución, compró legisladores y presionó al poder judicial para lograr que se le permitiera concurrir a las elecciones presidenciales de 2000.

En abril de ese año, Fujimori se presentó por tercera ocasión a las elecciones y derrotó a Alejandro Toledo, quien renunció a la segunda vuelta tras denunciar fraude. A partir de ese momento se enfrentó a una oleada de protestas.

Las movilizaciones de la oposión y los videos que salieron a la luz donde se veía como su mano derecha, Vladimiro Montesinos, compraba voluntades de diputados, provocaron el colapso del régimen.

En noviembre de ese mismo año, Fujimori renunció vía fax desde Japón en medio de una crisis política en el Perú.

Sin embargo, no fue aceptada por el Congreso, que lo destituyó por “incapacidad moral permanente”, tras lo cual fue reemplazado por Valentín Paniagua, quien encaminó al país a elecciones en julio de 2001.

La vía peruana de Capriles

Tras las elecciones del 14 de abril Capriles vio con claridad que la situación venezolana era semejante a la peruana. El régimen da signos de agotamiento (inflación, desabastecimiento e inseguridad), carece de liderazgo tras la muerte de Hugo Chávez y ha perdido respaldo en las urnas.

Además, las elecciones adolecieron de fuertes irregularidades y escasamente han dado legitimidad a Nicolás Maduro quien no cuenta con el apoyo necesario dentro de determinados sectores del propio régimen (los vinculados a Diodado Cabello).

Así pues, Capriles siguió el modelo peruano. Primero desencadenando fuertes protestas ciudadanas exigiendo la revisión de los votos.

Y después, en este momento, sacando a la luz los trapos sucios del régimen (corrupción), sus peleas internas entre seguidores de Maduro y de Cabello y la dependencia que existe entre Venezuela y la Cuba castrista.

Desde el mismo mes de abril, Capriles alertó sobre el paralelismo cuando señalaba por ejemplo que “ahí tienen ustedes el caso de Fujimori, a mí me recuerda mucho esta situación … Hay verdades que terminan imponiéndose, por más que haya instituciones secuestradas políticamente. Esto se parece al Perú de Fujimori en el 2000, cuando después de un año salió la verdad a la luz y se tuvo que convocar a nuevos comicios”.

De hecho, ha venido reiteradamente insistiendo en esa idea. Lo hizo de nuevo en mayo en una entrevista en el diario El País: “¿Quién ha dicho que un tipo como Maduro no puede claudicar? Fujimori renunció desde Japón. ¿Cuántos escándalos no vienen en el camino? Además, este gobierno no parece ser un modelo de austeridad u honestidad. Yo debo insistir en nuestra petición de justicia sobre el resultado de la elección, pero tampoco debo perder de vista la razón por la cual aspiré a la presidencia de Venezuela: que se le dé respuesta a los problemas económicos que agobian a los venezolanos”.

En ese punto es donde se encuentra la situación venezolana. A la falta de legitimidad se une la aparición de escándalos que golpean su misma línea de flotación.

El audio desvelado ayer por la oposición en el que se escucha a un individuo de acento cubano, identificado como Artemis Palacio, oficial del servicio secreto castrista en Venezuela, y a Mario Silva, presentador más influyente de la televisión estatal (La Hojilla), muestra las divisiones del régimen (“cuadros medios que odian, desprecian, la actitud de Diosdado), la corrupción (“cuando se habla de devaluación, el problema es la fuga de divisas en algunas empresas de Diosdado Cabello”) y la penetración cubana.

Así, la idea de Capriles parece irse cumpliendo paso a paso y la Venezuela de Maduro empieza a parecerse al Perú de Fujimori, un régimen en decandencia y progresivamente debilitado.

* Artículo Publicado en www.infolatam.com