Probabilidad y posibilidad de un conflicto bélico en la región

Mar-07-08 - por Rosendo Fraga

Borges hablaba del "secreto azar o las precisas leyes que rigen la vida de los hombres...". La historia muestra que el azar ha jugado un rol fundamental en las acciones bélicas y también que las crisis suelen escalar por errores de cálculo.

Tanto en la guerra como en la política y en la vida, casi todo es posible. En última instancia se trata de calcular las probabilidades de la posibilidad.  

Convocado por el Comité correspondiente del Senado de los EEUU, el titular del Comando Sur -con sede en Miami y con mirada sobre toda América Latina-, el Almirante James Stadrivis, recibió una pregunta exacta de los senadores: ¿cuán posible es una guerra entre Colombia, Venezuela y Ecuador?  

Su respuesta fue -sin diferenciar entre posibilidad y probabilidad- que la veía poco posible, por dos razones. La primera, la historia. Esta dice que no ha habido guerras prolongadas en esta región. La segunda, la tecnológica: los satélites espías con los cuales EEUU monitorea esta parte del mundo, no detectan movimientos de tropas que se encaminen hacia el combate.

Se trata de dos argumentos ciertos, que en todo caso permiten sostener que es poco probable que la situación estalle en un conflicto bélico tradicional

Otra mirada dice que, si bien la guerra es improbable, nunca fue tan posible en América del Sur, desde el conflicto militar que libraron Ecuador y Perú en su frontera, durante la década pasada.  

Pero pensando brevemente en el escenario improbable y, en mi opinión, no querido por ninguno de los gobiernos enfrentados en el conflicto, de que estalle una guerra, -que probablemente sería no declarada, como todas las que se libran actualmente en el mundo- su escenario principal serían los 2260 kilómetros de la frontera terrestre entre Colombia y Venezuela. Los 470 de la frontera entre el primer país y Ecuador son un escenario menos probable, ante todo porque el presidente Correa ha mostrado mucho más prudencia que su colega venezolano en el desarrollo de la crisis.  

Como sucede en todas las guerras contemporáneas, el conflicto bélico no sería desatado por la declaración de un gobierno sino -como ha sucedido con este conflicto- por la acción de algunos de los actores no estatales que actúan a lo largo de estos 2260 kilómetros: las FARC, el ELN, los para-militares colombianos o el narcotráfico.  

Producido el enfrentamiento -que sería fundamentalmente terrestre-, habría que ver cómo actúan los 220.000 hombres de las Fuerzas Armadas colombianas y los 60.000 de las venezolanas, con la colaboración de un número impreciso de decenas de miles de milicianos con precario entrenamiento y armados de los fusiles Kalashnikov adquiridos a Rusia.  

Pero lo más probable es que, de concretarse, en estas acciones militares se mezclen los actores no estatales mencionados, creando una situación confusa y compleja desde el punto de vista militar, parecido a lo que hoy sucede en la frontera entre Afganistán y Pakistán, en la del sur del Líbano, en el norte de Irak o en la Franja de Gaza. 

Si estalla el conflicto, es probable -como sostuvo el Almirante Stadrivis- que sea corto y que se mida en días y semanas y no en meses o años. Pero puede quedar una situación de inestabilidad en esta parte de América del Sur que se prolongue por mucho tiempo.  

En el caso de estallido bélico, será fundamental la eficacia de la comunidad internacional para evitar que el conflicto se regionalice. En este caso, que no comiencen a intervenir contingentes de voluntarios cubanos, nicaragüenses e iraníes y que, a su vez, los contratistas de los EEUU que se encuentran actuando en Colombia no incrementen su número y capacidad.

Para Brasil, cuanto más rápido se logre el cese de hostilidades más posibilidad tendrá de mantener el conflicto dentro de la región en el marco de la OEA, ya que, en caso contrario, caerá en la órbita del Consejo de Seguridad de la UN, donde perderá su rol de líder regional, puesto a prueba como nunca en este momento. 

Para reducir el riesgo que guerra -que es bajo-, lo primero que deberían lograr los mediadores es el compromiso firme de Colombia de no actuar fuera de sus fronteras y el repliegue de las tropas venezolanas y ecuatorianas a sus emplazamientos de paz. Ello reduciría mucho el bajo riesgo de que el conflicto derive en guerra.  

Pero el costo más importante que ya se ha pagado, es el señalado por el ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, que acertadamente sostuvo que esta guerra posible pero poco probable, ha hecho perder a America Latina su gran ventaja estratégica ante el mundo: ser la de menor riesgo de conflicto bélico.

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