Las elecciones espaņolas

Mar-04-08 - por Rosendo Fraga

Como fenómeno de repercusión internacional, las elecciones españolas tienen lugar al mismo tiempo que el tramo sustancial de las primarias de los EEUU e inician una serie de elecciones importantes en Europa, que seguirá con Italia en abril y el Reino Unido en mayo.  

Las primarias americanas y la elección española han mostrando en común un saludable ejercicio de participación e interés democrático. Ello se ha puesto en evidencia, entre otros indicadores, por el alto rating alcanzado por los debates televisados.  

En el caso de las primarias y elecciones de los EEUU, los debates son casi inevitables: negarse a participar tiene un alto costo electoral. En cambio en España, la última vez que habían tenido lugar fue en 1993, cuando se enfrentaron González y Aznar.  

No sólo la opinión pública americana y la española siguieron estos debates, sino que fueron vistos en todo el mundo. En el caso argentino, un canal de cable de noticias local transmitió en el atardecer el lunes 3, el segundo debate de la campaña española, como semanas antes las pantallas argentinas habían transmitido los debates entre Hillary y Obama.  

El desarrollo de los medios de comunicación de masas hace que sean las primarias en los EEUU y la elección española, fenómenos que han tenido una gran globalización.  

En cuanto al contexto de las elecciones europeas, la elección española determinará si el giro hacia el centro-derecha iniciado por el ajustado triunfo de Merkel en Alemania y el de Sarkozy en Francia, se confirma o interrumpe.  

La elección española precede a la italiana, donde los sondeos por ahora anticipan un giro hacia el centro-derecha con un nuevo triunfo de Berlusconi sobre el centro-izquierda, cuando las encuestas en el Reino Unido para las elecciones de mayo muestran un prematuro desgaste de Brown y un crecimiento de Cameron, el renovador candidato conservador.  

Para América Latina, la elección española es un punto de referencia importante.  

En las últimas tres décadas, la política española ha mostrado tener notable influencia en la región.  

La transición a la democracia española, que tuvo sus pasos sustanciales a comienzos de los ochenta, precedió en pocos años la democratización latino-americana.  

El gobierno social-demócrata de Felipe González precedió primero y acompañó después a gobiernos como el de Sarney en Brasil, Alfonsín en Argentina y Alan García en Perú, que hace dos décadas gobernaban en los principales países de la región.  

El giro hacia el centro-derecha que significó el triunfo del Partido Popular en los años noventa se dio en momentos que gobiernos como los de Cardoso en Brasil, Menem en Argentina y Fujimori en Perú, desarrollaban políticas económicas de centro-derecha.  

A su vez, el triunfo de Zapatero en España se dio en el contexto en el que Lula en Brasil, Bachelet en Chile, los Kirchner en Argentina y Tabaré Vázquez en Uruguay, asumían con proyectos de centro-izquierda, aunque con matices diferentes entre ellos.  

Ahora, un triunfo del PSOE en España implica que su gobierno seguirá acompañando los gobiernos de orientación social-demócratas en la región, que se proyectan en promedio hasta el 2010.  

En el caso de un triunfo del PP, este quizás anticipe un giro hacia el centro-derecha que pueda darse en varios países de la región en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar entre 2009 y 2011.  

El voto de los españoles en el exterior es otro aspecto que vincula las elecciones españolas con América Latina, donde se encuentra la mayor comunidad fuera de esta nacionalidad fuera de la península ibérica.  

El caso argentino es paradigmático, porque con algo más de un cuarto de millón de personas en condiciones de votar, es la comunidad española más importante fuera del país, en una sola nación.  

La última elección que ganara el PSOE mostró un nivel sin precedentes de publicidad política para captar votos en el país, y en particular en la ciudad de Buenos Aires. Ello se ha incrementado este año, viéndose más señales de la campaña española en nuestro país.  

Analizando la elección específicamente, pueden revisarse las propuestas de los dos candidatos, la temática de los debates, los sondeos de opinión y las líneas centrales de las estrategias electorales. 

El análisis de los programas muestra curiosas coincidencias. En empleo -uno de los temas prioritarios para la opinión pública- Zapatero propone crear 2.000.000 puestos de empleos y Rajoy 2.200.000; en vivienda, el PSOE propone construir 1.500.000 y el PP 2.000.000; en interior, terrorismo y seguridad, el candidato del PSOE propone incorporar 500 efectivos más a la policía antiterrorista y otros 800 a las unidades contra el crimen organizado, y el candidato del PP propone dotar de 30.000 hombres más a la Policía y la Guardia Civil; en educación, el PSOE propone crear 300.000 plazas nuevas para la educación infantil y el PP 400.000; y en medio ambiente, los socialistas proponen plantar 45 millones de árboles y los populares 500 millones.  

Analizadas estas cinco cuestiones, los programas parecen casi idénticos, discrepando sólo en las cantidades.  

Sin embargo, en temas como inmigración, casamiento homosexual y las autonomía,s aparecen diferencias conceptuales y de valores más de fondo.  

En cuanto a la temática de los debates, ningún tema llegó a ocupar el 20% del tiempo de exposición y discusión. Vivienda, estatutos autonómicos, derechos, empleo y ETA fueron los temas que concentraron más tiempo. 

El rating de los debates fue muy alto y el primero puede haber influido en ampliar en un par de puntos la ventaja del PSOE, pero sin producir un cambio sustancial de la tendencia preexistente.  

De acuerdo a la legislación española, el último día que se podían publicar encuestas fue el 3 de marzo. Los últimos diez sondeos publicados en distintos medios, coincidían en adjudicar a Zapatero una ventaja de entre 4 y 5 puntos.  

Se trata de una tendencia relativamente consistente que hace, en principio, más probable el triunfo socialista. Pero también cabe recordar que es la misma diferencia que tenía el PP la semana previa a la última elección y similar a la que tenía Merkel en Alemania, diferencia que finalmente se redujo a sólo un punto. Es decir, es una ventaja clara, pero en modo alguno irreversible de acuerdo a lo que muestran las elecciones europeas recientes.  

La ventaja de las encuestas y el hecho de que, por lo general, en la política europea se suele dar un segundo turno a quien gobierna, juegan a favor del PSOE. Pero también es cierto que hay excepciones, como le sucedió a los social-demócratas, que tras un solo período de gobierno fueron derrotados en la última elección alemana.  

La estrategia electoral del PP ha sido consolidar el voto propio, para lo cual produjo en términos políticos un giro a la derecha, anulando a los sectores moderados del partido. En la última elección votó el 77% y estimándose que la concurrencia podría bajar al 73 ó 74%, como ha sido tradicional.  

El electorado del PP muestra mayor fidelidad que el del PSOE. El primero tiene 84% de votantes fieles y el segundo sólo 81%.   

Podría darse, si hay baja concurrencia, que sacando la misma cantidad de votos que en la elección pasada el PP ahora gane. Si en cambio, la concurrencia vuelve a ser alta, ello puede beneficiar al PSOE.  

Este, a su vez, ha buscado presentarse como la fuerza del cambio y la modernización social.  

No parece fácil que el ganador llegue a las 176 bancas necesarias para formar gobierno sin necesidad de alianzas. Dada la orientación ideológica de los terceros partidos -que en conjunto pueden reunir cerda del 15% de los votos y que en su mayoría son de izquierda, centro-izquierda o regionales-, le resulta más fácil al PSOE que al PP formar gobierno con ellos.  

Si la elección hubiera sido meses atrás, el tema del terrorismo hubiera sido central, pero ahora la economía, con la crisis de las hipotecas que afecta un porcentaje importante de la población, se ha transformado en un tema importante. Como la incertidumbre económica es un fenómeno mundial, ha sucedido en este punto lo mismo que en las primarias de los EE.UU., donde Irak fue sustituido por la crisis de las hipotecas subprime como principal preocupación. En el caso español, la ETA y el terrorismo cedieron terreno frente a las hipotecas.  

Finalmente, la reciente elección de Rusia, donde fue electo con casi el 70% de los votos el delfín de Putin, permite constatar que, aun con sus particularidades, la cultura política que expresan las elecciones españolas se parece mucho más a la puja que muestran las primarias de los EE.UU. que al triunfo del partido hegemónico de Putin en su país.  

Lo que evidencie la cultura política española influirá en América Latina, donde las nuevas democracias, al igual que las de Europa Central y Oriental, se debaten entre modelos de autoritarismo de origen electoral democrático y democracias plenas, o entre la llamada democracia delegativa y la representativa.