| Las doctrinas militares en América Latina |
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Dic-29-11 - por Rosendo Fraga
Durante el año 2011 la doctrina militar de los EEUU para América Latina ha seguido centrada en la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo. Se trata de las llamadas nuevas amenazas con las cuales se buscó en los años noventa sustituir el esquema de contra-insurgencia impulsado desde los años cincuenta como versión regional de la guerra fría. El Comando Sur de los EEUU -con sede en Florida- sigue siendo su instrumento de la política de seguridad para la región. La cooperación militar-policial contra estas amenazas es la doctrina que se impulsa y las escuelas de adiestramiento para fuerzas militares, de seguridad y policiales que funcionan en El Salvador y Perú, son herramientas de esta política. En este marco, la prioridad uno es México, dado que el problema de la violencia generada por los carteles de la droga es una amenaza que penetra en los EEUU por la proximidad geográfica y la inmigración hispana, en gran medida proveniente de la frontera mexicana. La Iniciativa Mérida es el instrumento más relevante de la cooperación de Washington con México en esta materia, que tiene como antecedentes el Plan Colombia desarrollado con éste país con éxito en años recientes. En América Central el problema del narcotráfico se potencia con el crimen organizado y las maras. Cada vez más EEUU está realizando operaciones dentro del territorio mexicano y ello sucede aunque hacia el mediano plazo la drástica caída de la inmigración ilegal y la sustitución de la droga en base a cultivos por la de origen químico, puede disminuir la importancia de este país latinoamericano como amenaza de seguridad para los EEUU. México, los países de América Central (con la excepción de Nicaragua) y Colombia asumen esta doctrina militar de los EEUU. Frente a esta doctrina, los países del ALBA plantean una antagónica, en función de la cual la amenaza para su seguridad deriva de los EEUU, sus acciones y objetivos. En esta posición -con algunos matices- se ubican Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. De acuerdo a esta doctrina, Washington impulsa planes de desestabilización contra estos gobiernos que no responden a sus lineamientos. Estos planes -como lo denuncia Chávez- no descartan el empleo del poder militar cuando fuera necesario o la creación de disidencias armadas que justifiquen la intervención internacional. La reciente guerra civil en Libia mostró cómo este grupo de países apoyó a Khadafy, percibiendo que el modelo de intervención de la OTAN en este país puede ser trasladado a otras regiones del mundo. La iniciativa de Venezuela de crear estructuras militares regionales entre los países del ALBA no ha logrado concretarse. Las relaciones con Irán también juegan un rol importante, dado que ellas profundizan el antagonismo con los EEUU. La percepción de que Colombia puede ser utilizada como una base de operaciones para desestabilizar otros países de la región subsiste, pero ha disminuido con la llegada de Santos al poder. Al mismo tiempo, la realidad práctica ha hecho que en Venezuela y Bolivia las Fuerzas Armadas sean convocadas para asumir roles frente al auge de la delincuencia, sin que ello implique un cambio en su doctrina militar básicamente anti-EEUU.
La tercera
doctrina militar en la región es la que impulsa Brasil y se va gestando
en el Consejo de Defensa de UNASUR. Está integrado por los 12 ministros
de Defensa de América del Sur y se reúne periódicamente, teniendo
como estructura permanente un Centro de Estudios que funciona en Buenos
Aires. La idea central es que la mayor amenaza de seguridad para la
región deriva del valor de sus recursos naturales, que es la clave
de la mejora económica y social que ha registrado la región en la
primera década del siglo XXI. La posibilidad de que la pugna por estos
recursos genere conflictos con fuerzas del mundo desarrollado es la
base de esta doctrina, centrada en impedir o neutralizar agresiones
extra-continentales que si bien no se precisan, hipotéticamente se
ubican en el hemisferio norte. Pero en la práctica se trata de una
doctrina flexible que no impide a Brasil asumir las nuevas amenazas
planteadas por EEUU en su política de ocupación militar-policial de
las favelas dominadas por los carteles de la droga. A su vez Venezuela,
en base a su riqueza petrolera, asume la doctrina de UNASUR, aunque
al mismo tiempo lidera la que confronta abiertamente con EEUU. En la
región, Argentina, Perú, Paraguay, Uruguay y en alguna medida Chile
parecen sumarse a la doctrina impulsada por Brasil. Es así como analizada la región a partir de la recientemente creada Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), coexisten en los 33 países tres doctrinas militares diferentes. La impulsada por los EEUU -dominante regionalmente en México, América Central y Colombia-, que tiene como eje la cooperación militar-policial contra el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo; la planteada por los países del ALBA, de acuerdo a la cual los países del grupo regional se preparan para un eventual conflicto con los EEUU en el marco de la llamada guerra asimétrica, al estilo de las libradas en varios países del mundo contra fuerzas militares de la OTAN; la que impulsa Brasil y tiene como ámbito de elaboración y propuesta a UNASUR, que hace de la posesión de los recursos naturales la cuestión central y su defensa militar un punto también esencial, previendo que las guerras del futuro en el mundo serán fundamentalmente por esta causa. Algunos países toman al mismo tiempo elementos de dos de estas doctrinas y en algunos casos la realidad termina imponiendo acciones derivadas de una doctrina antagónica.
En conclusión:
desde los EEUU se sigue impulsando como eje de la doctrina militar para
el hemisferio la cooperación de personal militar-policial frente a
las amenazas del narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo;
la doctrina antagónica es la planteada por los países del ALBA, que
ven en EEUU la mayor amenaza para su seguridad nacional y regional;
entre ambas doctrinas Brasil impulsa desde UNASUR la doctrina que hace
de las amenazas sobre el control de los recursos naturales la causa
principal de las guerras del futuro; las tres doctrinas coexisten y
hay países que comparten más de una, como sucede en el ámbito de
UNASUR con países que tienen posiciones diversas como Brasil, Colombia
y Venezuela.
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