La popularidad de Chávez en el mundo musulmán

Jun-22-09 - por la Lic. Milagros López Belsué

   El presidente venezolano Hugo Chávez es el líder mundial más popular entre los musulmanes fuera de sus respectivos países de origen. Así lo demuestra la "2009 Annual Arab Public Opinión Survey", realizada por la Universidad de Maryland y Zogby International entre abril y mayo de 2009, con una muestra de 4.087 personas en seis países: Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Líbano y Jordania. El 36% afirma que Chávez es el líder mundial más admirado, seguido por el presidente sirio Bashar al-Assad y el expresidente francés Jacques Chirac (ambos con 18%), Osama Bin Laden (16%), Sheikh Muhammad bin Zayed -el Príncipe de la Corona de Abu Dhabi y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de los Emiratos Árabes Unidos-, con el 15% y el actual mandatario de Francia Nicolas Sarkozy con el 14%. ¿A qué se debe tanta popularidad del líder caribeño en Medio Oriente? 

   El ascenso de Hugo Chávez al poder en 1999 supuso un nuevo curso para la política exterior venezolana, caracterizada por la visión y defensa de un mundo multipolar y pluralista. Medio Oriente constituye para Venezuela una región de especial interés debido a su posición geopolítica, a la membresía de Venezuela a la OPEP y a la condición de este país como nación en vías de desarrollo como la mayoría de las naciones árabes con grandes riquezas derivadas del rentismo petrolero. Sin embargo, más allá de tales circunstancias económicas comunes y de la dependencia de un mercado petrolero, ha sido el carisma y la retórica anti-imperialista de Chávez las que lo han acercado más a la región, y que han supuesto un viraje diplomático del gobierno chavista en los últimos años frente a Medio Oriente. 

Chávez y la OPEP 

   Al asumir el gobierno de Hugo Chávez, los precios internacionales de los hidrocarburos estaban en su punto más bajo en años. El precio de la cesta venezolana de crudos y derivados se había desplomado a casi 9 dólares el barril como promedio para febrero de 1999, de ahí que la administración Chávez asumiera una serie de iniciativas para recuperar los precios del petróleo y para fortalecer la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). En primer lugar, se buscó superar el incumplimiento de las cuotas de producción que fijaba la organización y se rechazaron los planes de incrementar bruscamente la capacidad de producción del país. El petróleo experimentó inmediatamente una suba en sus precios. En segundo lugar, el protagonismo de Venezuela en la actuación conjunta de la organización se observó en la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OPEP (Caracas, 27 y 28 de septiembre de 2000).

   El presidente de Venezuela había invitado a los Jefes de Estado durante un viaje a través de los países miembros en 1999, promoviendo una acción conjunta para restringir la producción como medio para elevar los deprimidos precios de entonces. Los resultados positivos de la cumbre le atribuyeron al presidente Chávez los méritos de las políticas que recuperaron los precios del petróleo -aunque, visto retrospectivamente, la escalada de precios se iba a producir de todas maneras con la recuperación de la demanda en los países asiáticos que habían entrado en recesión desde fines de 1997, cuyas economías volvieron a crecer, y con ello la demanda petrolera, a partir de ese mismo año 1999, y luego con el ascenso del consumo en China e India-. 

   En dicha Cumbre el presidente venezolano calificó a la OPEP como un "instrumento estratégico" para el Tercer Mundo y propuso la creación de un Banco de la organización destinado a los países más pobres, como alternativa a las instituciones multilaterales de préstamo.  

   Resulta claro que el presidente venezolano ya desde entonces buscaba transformarse en una suerte de "líder" de la OPEP, de hecho, su éxito personal en dicha Cumbre fue la designación unánime del Ministro de Minas y Energía, Alí Rodríguez Araque, como Secretario General de la OPEP, cargo que mantendría hasta el paro petrolero del 2002-2003, cuando debió hacerse cargo de la estatal PDVSA. Asimismo, fue a partir de la visita de Chávez a 10 naciones de la OPEP, entre ellas Nigeria, Irak -siendo el primer jefe de Estado democrático en reunirse con Saddam Hussein- y la Libia de Muamar Kadafi, que el mandatario venezolano será catalogado en la región como "amigo de los árabes".  

   Si bien la concepción de que el petróleo constituye un arma diplomática no es nueva en Venezuela1, este país como Estado nunca ha hecho uso de su condición de exportador mayor de petróleo y productos a Estados Unidos y otros países, como arma política ni como factor de chantaje o extorsión. No ha participado en el embargo petrolero de los países árabes en 1973-1974, ni convirtió a la nacionalización de la industria en 1976 en una acción conflictiva contra ningún país; situación que se ha visto modificada con la administración chavista.  

   Chávez ha definido a la OPEP como "una organización anticolonialista, antiimperialista y liberadora para el desarrollo de nuestros pueblos de América Latina, África y Asia", y ha dicho que el precio del crudo aumentaría si los Estados Unidos invadían Irán o Venezuela. En la cumbre de la OPEP de noviembre de 2007, Chávez llamó explícitamente a convertir a la organización en un agente político, así como sustituir el dólar estadounidense como referencia para la venta del crudo, sugerencia apoyada por el presidente ecuatoriano Rafael Correa -cuyo país reingresaba a la organización- y sobre todo por el líder de Irán, Mahmud Ahmadineyad, país con el cual Venezuela mantiene una alianza estratégica.  

   El discurso chavista es bienvenido en el pueblo musulmán, pero no debe olvidarse que la OPEP está integrada por países heterogéneos, con intereses, lealtades y compromisos diversos; de hecho, el rey Abdalá de Arabia Saudita -primer productor y exportador mundial de crudo, custodio de La Medica y La Meca, y aliado estratégico de Estados Unidos- ha dicho que el petróleo no debe ser un instrumento de conflictos y defiende el rol técnico y no político de la OPEP.

Solidaridad anti-imperialista

   En Venezuela, a pesar de la esencia radical del movimiento chavista, en un principio Chávez ha evitado la retórica anti-estadounidense, los precios del petróleo no le daban un margen de maniobra para ello ni el presidente tenía una clara posición antagónica tomada frente a los Estados Unidos. Si bien algunas desavenencias en la relación Venezuela-Estados Unidos han estado presentes desde que Chávez fuera electo presidente, será a partir del frustrado golpe cívico-militar contra Chávez del 11-13 de abril de 2002, cuando el presidente venezolano intensifique su retórica contra Washington, ya que lo acusa de promover el golpe y el paro opositor, y de preparar un plan para asesinarlo. Lo cierto es que Estados Unidos reconoció rápidamente al gobernante interino, Pedro Carmona, y llegó incluso a acusar a Chávez por haber desencadenado los hechos que lo llevaron a su destitución. 

   En cuanto al Medio Oriente, la mencionada gira de Chávez por los países de OPEP en el 2000, demostró para los Estados Unidos una independencia diplomática de Venezuela importante con su histórica visita a Irak, así como a Libia; sin embargo, fue vista como un ejemplo de valentía por parte de la comunidad musulmana. Posteriormente, tras los hechos del 11 de septiembre de 2001 y la consecuente invasión norteamericana a Afganistán un mes más tarde, Chávez solicitó a Estados Unidos en cadena televisiva "detener la matanza de inocentes en Afganistán", lo cual suscitó el rechazo del Departamento de Estado norteamericano, que había aumentado las exigencias de incondicionalidad a partir de los ataques terroristas del 11-S; pero desde la óptica del pueblo musulmán, Chávez fue visto como el único que se opuso a los ataques en Afganistán, como el único que desafía a los Estados Unidos. 

   Por otra parte, como afirma Federico Vélez, profesor de la Universidad Zayed (Abu Dhabi, Emiratos Árabes), el golpe de Estado en Venezuela de 2002 es visto en Irán como la proyección de lo que pasó en dicho país en 1953, cuando fue derrocado el primer ministro iraní Mohammad Mossadegh; en Egipto, el periódico Al-Ahram, advertía a sus lectores sobre una posible complicidad de la CIA en los hechos y sobre las potenciales implicancias para el Medio Oriente. Para el mundo musulmán, la historia de intervenciones en América Latina se asemeja a la de Medio Oriente. 

   En 2003, la invasión a Irak encabezada por Estados Unidos dominaba el escenario en Medio Oriente; en Venezuela, todo el año 2003 hasta mediados del 2004, estuvo signado por el intento de la oposición de lograr un referéndum revocatorio del presidente.  

   Ya consolidado en el poder venezolano tras el referéndum de agosto de 2004, en sus discursos ante la Asamblea General de Naciones Unidas de 2005 y 2006, Chávez hizo gala de su discurso anti-imperialista, volvió a criticar la invasión norteamericana a Irak y propuso cambiar la sede del organismo fuera de Estados Unidos, para evitar lo que llamó "las violaciones a la legalidad internacional por parte de este país". 

   Por otra parte, en cuanto al conflicto palestino-israelí, hasta los inicios del gobierno de Chávez la postura de Venezuela ante tal conflicto podría definirse como neutral, manteniendo relaciones de amistad y cooperación con ambas partes: el Estado de Israel, por un lado, y el conjunto de naciones árabes -en su mayoría musulmanas-, por otro. Un claro punto de inflexión en este sentido ocurrió durante agosto de 2006, cuando el presidente Chávez ordenó el retiro de su misión diplomática en Tel Aviv, encabezada por Héctor Quintero, como protesta por la ofensiva de ese país en el sur del Líbano contra Hezbolá. Una acción sin precedentes que, paradójicamente, no tomaron ninguna de las naciones árabes o musulmanas que mantienen relaciones con ese país. Como reacción, Israel llamó para consultas a su embajador en Caracas, Shlomo Cohen, quien regresó a su sede diplomática en Venezuela un mes más tarde. Las críticas de Chávez hacia la política israelí volvieron a manifestarse este año, con consecuencias diplomáticas: el pasado mes de enero, el Gobierno venezolano expulsó al embajador de Israel en Venezuela y a otros miembros de esa delegación diplomática como protesta por las muertes causadas en Gaza por la ofensiva israelí contra los terroristas de Hamás. Ello le valió elogios del jefe de Hezbolá, Hassan Nasrallah. 

   Estos hechos no son pasados por alto por la comunidad árabe-musulmana, más aún cuando de acuerdo a la mencionada encuesta de Zogby International, Israel y Estados Unidos son considerados las principales amenazas para el pueblo árabe, por un 88% y un 77% de los entrevistados respectivamente.  

   De esta forma, la posición de Chávez frente al conflicto árabe-israelí es bien recibida en los países árabes y musulmanes, donde Chávez representa una suerte de héroe y un símbolo de resistencia. El presidente venezolano ha apelado al imaginario colectivo árabe, ha sabido articular el sentimiento contra Israel en Medio Oriente, se presenta como amigo de Irán y de Hezbolá; y es visto como el único que enfrenta públicamente a los Estados Unidos. Para ello cuenta con el apoyo de muchos medios árabes. De ahí que no sea extraña la popularidad del mandatario venezolano en el mundo musulmán. Sin embargo, en Medio Oriente el presidente Chávez es considerado "amigo de los árabes" pero también, como alguien a quien hay que controlar.

[1] Quizá fue Carlos Andrés Pérez (1974-1979) quien le dio su expresión más simbólica al desarrollar una estrategia internacional teniendo, por un lado, altos precios del petróleo y una fortalecida OPEP, y por el otro el apoyo internacional a favor de la cooperación sur-sur y el papel venezolano como actor de peso en el ámbito de América Latina y el Caribe.

* Directora de Investigaciones del CENM