Asamblea General de la OEA: Cuba sigue dominando la agenda hemisférica

Jun-05-09 - por la Lic. Milagros López Belsué

En la reciente Asamblea General de la OEA que tuvo lugar en Honduras y reunió a los 34 cancilleres del continente, Cuba volvió a ser el centro del debate, como lo fuera hace dos meses en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago. 

La OEA decidió derogar, por unanimidad aunque no sin dificultades, la resolución VI adoptada en enero de 1962 en la VIII Reunión de Consulta de ministros de Relaciones Exteriores (Uruguay) que excluyó en 1962 a Cuba del organismo. La decisión de Fidel Castro de establecer una alianza con la URSS, su rechazo de las formas democráticas -la OEA nació con cláusula democrática en 1948-  y el apoyo a movimientos insurgentes en otros países fueron las razones aducidas para dicha decisión del sistema interamericano, pero fue sin duda el anticomunismo el que predominó en tal resolución en plena Guerra Fría (recordemos que por aquel entonces había varios gobiernos anti-democráticos en la región: Somoza en Nicaragua, Pérez Jiménez en Venezuela, Trujillo en República Dominicana, Stroessner en Paraguay). 

Todos los miembros de la OEA parecen haber quedado satisfechos con lo adoptado: tanto quienes defendían la eliminación de la suspensión de Cuba, como los que querían que quedara condicionada a una eventual negociación. En la resolución quedó explícito que la "participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y los principios de la OEA". 

Por otra parte, al adoptarse la resolución final por unanimidad se evitó el fracaso diplomático que en los hechos fue la Cumbre de las Américas en la que no logró firmarse una declaración final debido a la postura de los países que conforman la Alternativa Bolivariana para las Américas: Venezuela, Bolivia, Paraguay, Nicaragua, Honduras, Dominica y San Vicente y las Granadinas (y Cuba aunque no estuvo presente); se evitaron también nuevas críticas en cuanto a su funcionamiento a la ya cuestionada OEA. 

La resolución da cuenta de dos fenómenos que se viven en el continente. Por un lado, la mejora en las relaciones Washington-La Habana. El presidente Obama, teniendo en cuenta la opinión pública norteamericana (el 52% de los norteamericanos cree que Estados Unidos debe reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba) y buscando mejorar su imagen en la región, ha dado señales conciliatorias hacia el régimen castrista. Tal es así que en marzo el mandatario norteamericano declaró que se había embarcado en un "nuevo comienzo" en las relaciones con Cuba, y anunció un conjunto limitado de medidas: un fin a las restricciones a las visitas familiares a la isla de los cubano-americanos (el presidente Bush había limitado dichas visitas a una cada tres años), el levantamiento del límite máximo de las remesas, y la autorización para las empresas de telecomunicaciones de Estados Unidos para operar en Cuba. Esta semana, ante el ofrecimiento de la Casa Blanca, La Habana aceptó dialogar sobre migración -negociaciones suspendidas por la administración Bush en 2003- y sobre el servicio de mail, así como una posible cooperación en contra-terrorismo, drogas y ayuda en caso de huracanes. 

Sin embargo, no debemos confundir esto con el levantamiento del embargo a Cuba. Tanto Obama como su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, moderaron las expectativas, al anunciar que levantar el embargo llevará tiempo y que el gobierno cubano deberá dar señales concretas de democratización para que efectivamente Washington cambie sus políticas.  

Esta condicionalidad también fue defendida por Estados Unidos para que Cuba reingrese a la OEA y fue la que generó disensos en la reunión del Consejo Permanente de la OEA a fines de mayo y amenazó con hacer fracasar la Asamblea General. Ello se vincula al segundo fenómeno que vive la región, el peso político que está teniendo la izquierda en América Latina a través del ALBA. En la resolución final, los países del ALBA insistieron en las palabras "autodeterminación" y "no intervención", mientras que Estados Unidos insistió en los términos de "democracia" y "derechos humanos". De hecho, no se logró incluir estos últimos términos pero el subsecretario para las Américas y próximo embajador en Brasil, Thomas Shannon, consiguió que figurara, como condición del regreso de Cuba a la OEA, un proceso de diálogo y negociaciones "en conformidad con las prácticas, los propósitos y los principios" de la OEA. 

En última instancia, la decisión de regresar o no a la OEA dependerá de La Habana, que tendrá que ajustarse a la Carta Democrática Interamericana (2001) y a otros instrumentos por los cuales se rige la OEA. Cuba ya ha firmado en el 2006 un acuerdo de complementación económica con el MERCOSUR -cuyas implicancias son más políticas que económicas-, y desde la reunión de Costa de Sauípe del año pasado también forma parte del Grupo Río; es cierto que la misma Cuba ha dicho que no quiere unirse a la OEA y lo continúa criticando, pero todos parecen coincidir en que la isla estará presente en la próxima Cumbre de las Américas. La resolución VI de 1962 ha quedado anacrónica, no así el debate sobre la democracia en América Latina: Cuba sigue siendo el único país del continente cuyo gobierno no surge del sufragio, aunque eso no parece importar a muchos líderes de la región. Por otra parte, nada se ha hablado en la Asamblea de la OEA sobre cuestiones regionales estratégicos o sobre la crisis internacional y la gripe A que afecta en la región, en cambio, promediando el año Cuba sigue dominando la agenda hemisférica. 

*Directora de Investigaciones del CENM