Lugo, entre la crisis internacional y la crisis de las expectativas

Mar-17-09 - por Milagros López Belsué

A ocho meses de haber asumido la presidencia de Paraguay, el ex Obispo Fernando Lugo - un outsider de la política y primer mandatario no colorado tras 61 años de hegemonía de dicho partido- debe dar respuesta a una coyuntura incierta a nivel internacional y podría perder parte del apoyo de quienes lo hicieron triunfar el pasado 20 de abril con el 40,8% de los votos. 

La crisis internacional 

De acuerdo al FMI, Paraguay está situado en mejor posición en relación a otros países para hacer frente a la crisis internacional debido a su estabilidad macroeconómica.  

El país tiene superávit fiscal desde 2004 y no debe hacer frente a un alto endeudamiento externo, sin embargo, los efectos indirectos de la crisis comienzan a manifestarse en la economía paraguaya. Ello a través de la disminución de las inversiones agrícolas de las grandes compañías multinacionales, de la caída de precios de productos como el maíz y la soja (principal rubro de exportación de Paraguay junto a la carne), la disminución en la concesión de créditos por parte de los bancos multinacionales que operan en el Paraguay, y la caída de uno de los rubros más importantes de consumo: las remesas -provenientes de países fuertemente afectados por la crisis, España y Estados Unidos-. Asimismo, de acuerdo al Ministerio de Hacienda, el comercio exterior experimentó en los dos primeros meses del año una retracción del 9% a raíz de los efectos de la crisis internacional. 

La crisis de expectativas 

Una de las banderas de campaña del presidente Lugo fue la reforma agraria, pero no se ha avanzado al respecto. De hecho, recientemente la Federación Nacional Campesina (FNC) condicionó su apoyo al gobierno porque considera que no está cumpliendo con dicha promesa y ya convocó una marcha para el 23 y 24 de marzo próximos.  

Por otra parte, un año atrás Lugo marchaba con los dirigentes obreros por sus reivindicaciones, pero hoy lo harán en contra de la política gubernamental. Es que la semana pasada, los dirigentes de cuatro centrales obreras anunciaron una huelga general de 48 horas desde el 30 de abril -aunque dicha fecha debe aún ser ratificada-, como protesta a la negativa del Gobierno al pedido de reajuste salarial (exigen un reajuste del 25%) que correspondería de acuerdo a ley cuando la inflación supera el 10% desde el anterior aumento.  

La crisis internacional fue la razón esbozada por el oficialismo, asesorado por el Equipo Económico, para no otorgar el aumento, ya que de hacerlo, las empresas se verían obligadas a despedir a sus trabajadores. Esto último iría en contra, según el argumento oficial, de uno de los objetivos -la lucha contra el desempleo y la pobreza- del "Plan Anticrisis" -denominado actualmente "Plan de Reactivación y Recuperación Económica"- lanzado por el presidente Lugo a comienzos de febrero.

A la insatisfacción de los campesinos y de algunas centrales obreras se suma la división de la bancada del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) -clave para el triunfo electoral de Lugo1- en el Senado, hecho que se busca minimizar desde el Ejecutivo. La división se debería a que el presidente viene priorizando a un sector interno del PLRA dejando de lado a otro. 

Lugo deberá enfrentar un escenario político complicado, tratando de dar respuesta a la crisis de expectativas en medio de la crisis internacional. A la división del PLRA y a una huelga general en puerta podrían sumarse las dificultades en la implementación del "Plan Anticrisis" que debe ser aprobado por el Congreso -donde Lugo no cuenta con la mayoría en ninguna cámara- y que depende mayoritariamente de préstamos y ayudas del exterior que aún se están negociando.