Una política exterior que no registra cambios

Ene-27-09 - por Rosendo Fraga

La política exterior argentina prefiere hasta ahora centrarse en las diferencias y no en las coincidencias con Obama. La presencia de Cristina Kirchner en La Habana y Caracas, justo al mismo momento en el cual asumía Obama, mostró que el gobierno argentino optó por iniciar la relación con la nueva administración de Washington acentuando las diferencias y no las coincidencias. El ya Presidente de los EEUU fue muy claro al decir que el embargo a Cuba se revisará más adelante, una vez que el régimen castrista haya dado pasos concretos hacia la democracia y calificó a Chávez como un "obstáculo" para el progreso de la región. En ambos casos, la posición argentina es muy diferente, al no plantear en Cuba el tema de la democracia, no recibir a representantes de los disidentes y no mencionar en público el caso de Hilda Molina y elogiar a Chávez con énfasis. Es posible que la presencia de la Presidente en Cuba y Venezuela al mismo tiempo que asumía Obama no haya sido una estrategia deliberada, sino más bien la ausencia de política frente al nuevo gobierno de los EEUU. Pero la realidad es que nadie se animó a plantear que esta coincidencia podía ser negativa dentro del Gobierno y nadie del oficialismo reconoció públicamente que podía ser algo no conveniente.  

La inercia de la política exterior argentina desconoce el cambio que significa Obama para la opinión pública internacional y local. Obama implica más continuidad que cambio tanto en la política económica como en la de seguridad. Pero es una transformación rotunda en materia de comunicación y mensaje. Hasta el 20 de enero, el Presidente de los EEUU (Bush) tenía sólo 4% de imagen positiva en Argentina; en cambio ahora con Obama alcanza 48%, siendo el presidente extranjero con mejor imagen en el país, superando en 2 puntos a Lula con el 46%. Sobre quienes lo conocen, la imagen positiva supera el 80%, como está sucediendo en el resto del mundo. Hasta el 20 de enero, un acercamiento al Presidente de los EEUU tenía costo político interno y eludirlo podía tener sentido táctico en un año electoral. Pero ahora acercarse al él no sólo no tiene costo, sino que tiene beneficios, cuando Obama es en América Latina uno de los presidentes más populares del hemisferio y Cristina Kirchner uno de los que tiene menos consenso. Hasta ahora el gobierno argentino parece no percibir las ventajas de la imagen de Obama en un año electoral, por lo menos en lo inmediato. A ello se agrega que la primera medida adoptada por el gobierno argentino justo con la asunción de Obama ha sido imponer el pago de un derecho de visa a los turistas de EEUU. Si bien es una medida que puede ser explicada como recíproca, implica que no se considera que el cambio político en Washington tenga entidad suficiente como para postergarla.  

Tampoco la política exterior argentina registra la baja en la imagen positiva de Fidel y Chávez en el país. Entre 2003 y 2006, ambos fueron los presidentes extranjeros con mejor imagen en la Argentina. El líder cubano fue ovacionado en la Argentina -como no lo es hoy en ningún país del mundo-, tanto cuando vino por la asunción de Kirchner como al hacerlo un tres años después en Córdoba, donde fue aclamado por decenas de miles de personas en su último viaje al exterior, antes de quedar postrado por la enfermedad. Algo similar sucedía con Chávez todavía durante la Cumbre de Presidentes del continente realizada en Mar del Plata, aunque ya había comenzado a deteriorarse cuando presidiera en Buenos Aires el acto contra la visita de Bush a la región. Pero hoy no sólo los Presidentes de los EEUU y Brasil, sino también la de Chile e incluso el del Uruguay, registran mejor imagen en la Argentina que Chávez y Castro. La obsesión de Cristina Kirchner por obtener una foto con Fidel al mismo tiempo que Obama es el centro de la atención mundial: confirma que el gobierno argentino no sólo no registra el gran cambio internacional que implica el nuevo Presidente de los EEUU, sino también que no registró la transformación que ha tenido en la opinión publica argentina, donde en 2008 el oficialismo perdió más de la mitad de su imagen positiva.  

Pero el hecho que muestra el creciente aislamiento argentino es la exclusión del país de la Cumbre convocada por el G8 para el tema alimentario. Este grupo está integrado por los siete países más desarrollados (EEUU, Japón, Canadá, Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia), más Rusia que lo integra por razones estratégicas (es la segunda potencia militar del mundo). Esta reunión se realiza entre el 18 y el 20 de abril en Treviso (Italia) y tiene por finalidad analizar el problema de la alimentación mundial, asumido como un riesgo para la seguridad internacional. Han sido invitadas las dos potencias del Asia emergente, China e India, los dos países más grandes de América Latina, Brasil y México, y dos países del África, Egipto y Sudáfrica. En los hechos es un G14. La Argentina -que integra el G20 que se reúne el mismo mes en Europa- pese a ser el cuarto o quinto exportador de alimentos del mundo, quedó excluida de esta Cumbre. El hecho muestra las limitaciones que tiene hoy el país en el campo de las relaciones exteriores. Ellas han sido acentuadas por la posición asumida a favor del proteccionismo en el G20 y la defensa de las retenciones en la Cumbre de la FAO que tuvo lugar el año pasado en Italia.