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La próxima reunión de Ministros de Defensa del Hemisferio en Canadá y sus antecedentes PDF Imprimir E-Mail

Sep-03-08 - por Fabián Calle

Las declaraciones finales de las conferencias de Ministros de Defensa del hemisferio, iniciadas en Williamsburg en 1995, reflejan claramente la evolución de la visión estratégica de Washington hacia la región. Tanto en esta primera reunión como en la realizada en Bariloche en 1996, los temas centrales para el Pentágono fueron el control civil de las FF.AA, la consolidación democrática, la solución de los diferendos limítrofes, la formación de especialistas civiles para la Defensa, una participación más activa de los militares latinoamericanos en Operaciones de Paz de las Naciones Unidas, el logro de una mayor transparencia en los gastos de defensa y la cooperación regional para luchar contra el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo. A partir del encuentro realizado en Cartagena en 1998, y con más fuerza en Manaos en el año 2000, Washington mantiene estos mismos temas de alcance hemisférico en la agenda de ambas reuniones ministeriales, pero pone más el énfasis en la necesidad de luchar contra las tres amenazas trasnacionales previamente citadas. En Manaos pide además el respaldo regional al entonces naciente Plan Colombia.

La primera conferencia de Ministros de Defensa realizada con posterioridad al 11/9 tuvo lugar en Santiago de Chile en 2002. En esta ocasión, el entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfield, trajo a la mesa temas que respondían a las prioridades estratégicas globales de Estados Unidos: la lucha contra el terrorismo internacional, la necesidad de que los estados controlen sus territorios para superar los problemas que surgen de las "áreas no gobernadas" y el pedido de apoyo a los países de la región para lo que sería la intervención militar de Estados Unidos en Irak en marzo de 2003. En la reunión de Quito de 2004, Washington procura avanzar con una agenda cada vez más especifica en la que sobresalen la evolución del narcotráfico hacia formas más sofisticadas y peligrosas de actividad; la pobreza y la exclusión social como factores de turbulencia; el crecimiento de las "Maras"; y el vínculo entre el terrorismo trasnacional y los grupos que califica de terroristas en la región, en especial las FARC. Por último, en la conferencia de Managua de 2006, el gobierno de George W. Bush pondrá como "ejemplo" a seguir los niveles de cooperación y coordinación alcanzados entre Estados Unidos y los Ministerios de Defensa y las fuerzas armadas de los países de América Central en temas tan variados como el combate al terrorismo, el crimen organizado, el narcotráfico y las pandillas. También aparecen las primeras críticas al eje Cuba-Venezuela y referencias al potencial de desestabilización regional del armamentismo impulsado por Caracas.

Todo indicaría que la reunión de Ministros de Defensa a llevarse a cabo en Canadá en septiembre 2008, seguirá con la tendencia antes mencionada caracterizada por crecientes niveles de fricción y diferencias entre las agendas planteadas desde Washington y las de países claves de la región. La polémica generada tanto en Brasil, Argentina y Venezuela por la reactivación de la IV Flota de los EE.UU., el clima de tensión aún existente entre Ecuador y Colombia así como entre Nicaragua y Colombia, la reactivación del litigio de límites marítimos entre Perú y Chile, el frío interés demostrado por los países más cercanos a los EE.UU. en la región frente a la propuesta brasileña del Consejo Sudamericano de Defensa, un creciente debate (aun en medios periodísticos de difusión masiva) sobre la existencia de una carrera armamentista en la región y la creciente atención que genera en medios políticos, académicos y periodísticos de los EE.UU. el creciente acercamiento (en el plano estratégico y energético) entre Caracas y Moscú y entre Caracas y Pekín (en lo comercial, energético y satelital-espacial), son algunos de los factores que podrían operar en este sentido. Como contrapartida, el reciente reacercamiento entre Chávez y el Presidente Uribe así como los acuerdos de cooperación en materia de seguridad firmados recientemente en la ciudad de Leticia por parte de los presidentes del Brasil, Colombia y Perú, podrían ser una acción que en parte podría moderar estas tensiones. A ello cabría sumar la posibilidad que Chávez modere su retórica anti-Washington con el objeto de mejorar la posibilidad de un futuro acercamiento diplomático a un eventual gobierno de Barack Obama en la Casa Blanca.

Uno de los impactos indirectos que ha tenido la reciente guerra entre Rusia y Georgia, es la posible potenciación de malestar en los EE.UU. por la relación político-diplomática y militar entre Rusia-Venezuela-Cuba. Las recientes declaraciones de Chávez apoyando la campaña militar de Moscú, sus referencias a la compra de submarinos rusos y su bienvenida a una eventual visita de la flota naval de Moscú, tienden a, por primera vez en casi una década, desplazar el foco de atención de Washington en el rol diplomático-comercial-inversiones de China en América Latina. Hasta hace poco, ni las masivas ventas de armas rusas a Caracas lograban competir con la visión imperante en los EE.UU. sobre la necesidad de centrar la atención en el avance chino. Aun cuando el gobierno chino desarrolla una estrategia que busca no provocar a Washington y no "militarizar" su rol en la región.

Tal como se viene dando en las últimas dos a tres Reuniones de Ministros, los temas netamente hemisféricos van dejando lugar a un análisis más centrado en cuestiones regionales y subregionales. Esta vez, esta estrategia, que parece contar con el visto bueno implícito o explícito de los EE.UU. y del mismo Brasil, ha quedado explicitada en el propio título y temario tentativo de la reunión a realizarse en Canadá en septiembre de 2008. El Ministerio de Defensa canadiense ha impulsado como principales temas a analizar la cooperación y coordinación frente a desastres naturales y Operaciones Multilaterales de Paz (como Haití), en especial en la zona de América del Norte y Caribe. Los propios EE.UU., frente a las resistencias que algunas de sus propuestas vienen encontrando desde la Reunión del 2002 en países como Venezuela y aun el mismo Brasil, Argentina y en cierta medida Chile, han comenzando a centrarse más en esquemas de cooperación contra el crimen organizado, narcotráfico y terrorismo con países de América Central, Caribe, México y obviamente Colombia. Cabe recordar el impacto que comienza a tener sobre la cuestión hemisférica las creaciones post ataques 11/9, tales como el nuevo Departamento de Seguridad Interior de los EE.UU. (Homeland Security) y el Comando Norte de las FF.AA. estadounidenses. En ambos casos, estas agencias asumen como parte de su área geográfica de responsabilidad al territorio continental de la superpotencia así como del mismo México, Canadá y Caribe. La recientemente aprobada "Iniciativa de Mérida", o de asistencia militar y de seguridad a México para la lucha contra el narcotráfico no hace más que reforzar esta tendencia.

Un tema que genera creciente interés, pero que por su conflictividad seguramente no será analizado en la Reunión de Ministros de Defensa en Canadá, será la cuestión del Atlántico Sur, Antártica y la explotación de los recursos naturales. Con los actuales precios internacionales del petróleo y del gas, las potencias y las empresas han comenzado analizar la viabilidad de reforzar los estudios tendientes a controlar y explotar a futuro estos recursos energéticos y minerales. En este sentido, en los último años el Reino Unido ha potenciando la jerarquía del área militar en torno a las Islas Malvinas, ha reforzado su presencia en la Antártida y ha reclamado frente a la Convención del Mar su derecho sobre las plataformas continentales que se desprenden de las Malvinas e islas del Atlántico Sur. Asimismo, Londres ha expresado su voluntad de cooperar militar y activamente con Nigeria y países petroleros del Atlántico Sur con el objeto de proteger estos recursos estratégicos frente a ataques de guerrillas y terrorismo. En el caso de los EE.UU., a la reciente reactivación de la IV Flota (que funcionó entre 1942-1950 y luego brevemente en 1964 para apoyar el golpe de Estado en Brasil) se le suma el documento de la Infantería de Marina- Marines del año 2002 en donde se establecen planes y previsiones para numerosas intervenciones militares en las costas africanas lindantes al Atlántico Sur.

Este mayor interés por el Atlántico Sur queda reflejada también claramente en el Decreto de Defensa Nacional firmado por el presidente Lula da Silva de Brasil en el año 2005, en interacción con los crecientes descubrimientos de yacimientos de gas y petróleo. Asimismo, la Armada brasileña ha decidido potenciar su presencia en la zona Antártica (con base en el Puerto chileno de Punta Arenas). La misma Venezuela ha dado pasos en este sentido y entre otras medidas lleva a cabo un activo programa de financiamiento de la campaña antártica del Uruguay. En el caso de la Argentina, en varios de sus últimos discursos la Presidenta ha centrado su atención en la necesidad de repensar la Defensa Nacional de la Argentina a partir de la protección de los recursos naturales estratégicos y del Atlántico Sur. De hecho está previsto invertir más de 100 millones de dólares en la reparación del Rompehielos Almirante Irizar. Medios de prensa de primer nivel internacional, como el Corriere Della Sera de Italia, han afirmado recientemente que una de las futuras fuertes competencias geopolíticas entre los EE.UU. y Rusia será la zona Antártica. En este sentido, medios académicos y de prensa destacan que las crecientes tensiones por el control del Ártico o Polo Norte se extenderán al Polo Sur. Cabe citar en este sentido, el reciente acuerdo entre Canadá y EE.UU. para frenar el avance de Rusia sobre el Ártico.

En sectores de la Defensa de países como Brasil, Venezuela y Argentina se le presta una creciente atención a iniciativas del Pentágono como el "Littoral Combat Ship", orientados a reforzar la capacidad naval de la superpotencia para operar en costas y río de la región y del mundo. La empresa Lockheed tiene un contrato con el Pentágono para la construcción de 55 de ellos, de los cuales han sido entregados 2. Algunos especialistas han ligado este énfasis en operaciones costeras y ríos con la reactivación de la IV Flota. Estas y otras iniciativas son mostradas por el Pentágono como parte de un renovado esfuerzo en mejorar el "soft power" de los EE.UU. así como reforzar alianzas con Estados amenazados por inestabilidades.

 
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