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Chávez en España: ¿España con Chávez? PDF Imprimir E-Mail

Jul-28-08 - por Carlos Malamud (Infolatam)*

"... El interés español por reconducir la relación con Venezuela, seriamente deteriorada tras la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile y el famoso "por qué no te callas" está directamente relacionado por la forma cómo este gobierno entiende se deben mantener los lazos con América Latina.

En realidad no es ninguna originalidad de Rodríguez Zapatero sino una constante de la diplomacia española, mantenida por los gobiernos previos, especialmente los de Felipe González y José María Aznar. El predominio de lo global sobre lo bilateral tiene en el proyecto iberoamericano uno de sus elementos clave y de ahí que fuera necesario evitar nuevas complicaciones en la próxima Cumbre de El Salvador, especialmente si Hugo Chávez seguía molesto".

El fulgurante paso de Hugo Chávez por España, con el tiempo justo para ver al rey Don Juan Carlos y al presidente Rodríguez Zapatero, ha sido analizado desde diversos puntos de vista. Muchos de ellos coinciden en criticar al gobierno español por haber legitimado al caudillo bolivariano, al que se le dio un balón de oxígeno o se rehabilitó de su postura de debilidad. También las críticas se centraron en el hecho de que España se vendió por un plato de lentejas (ante la oferta venezolana de ceder petróleo a 100 dólares barril) o por abandonar a su suerte a la democracia venezolana. Incluso se habla del desprestigio de la diplomacia española mediante la absurda comparación entre que Obama no viajó a España y Chávez sí, prueba evidente de cuán poco contaría España en el mundo.

Es obvio que Chávez genera pasiones y todo cuanto rodea su actividad también. Si encima condimentamos la salsa con la participación, o la inhibición, española, el morbo que rodea las apariciones del personaje es todavía mayor. La gira europea de Chávez no tuvo a España como única escala. Previamente viajo a Rusia y Bielorusia gastando cientos de millones de dólares en comprar armas y buscando aliados en su cruzada contra los Estados Unidos. En Bielorusia trató de hermano a su comilitón Alexsandr Lukashenko, conocido, no sin razón, como el "último dictador de Europa". Pocas aguas se agitaron entonces alrededor de esa no noticia. También estuvo en Portugal, donde se desarrolló la etapa más productiva de la gira, firmando cinco acuerdos por más de 750 millones de dólares. Tampoco hubo demasiado movimiento ni excesivos desgarros de vestiduras y casi nadie preguntó por qué Portugal no apoyaba la democracia en América Latina, cuestionamiento que sí alcanzó a España. Sin embargo, los primeros que deberían defender la democracia en América Latina son los latinoamericanos, algo que precisamente no ocurre. Son numerosos los foros de mandatarios locales donde se mira a otro lado o se prefiere barrer el polvo debajo de la alfombra. No hace mucho tiempo Lula señalaba que Hugo Chávez era el mejor presidente que Venezuela había tenido en los últimos cien años.

El interés español por reconducir la relación con Venezuela, seriamente deteriorada tras la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile y el famoso "por qué no te callas" está directamente relacionado por la forma cómo este gobierno entiende se deben mantener los lazos con América Latina. En realidad no es ninguna originalidad de Rodríguez Zapatero sino una constante de la diplomacia española, mantenida por los gobiernos previos, especialmente los de Felipe González y José María Aznar. El predominio de lo global sobre lo bilateral tiene en el proyecto iberoamericano uno de sus elementos clave y de ahí que fuera necesario evitar nuevas complicaciones en la próxima Cumbre de El Salvador, especialmente si Hugo Chávez seguía molesto. Hay otros actores tanto o más imprevisibles, como Daniel Ortega, uno de los máximos responsables de cuanto pasó en Chile, pero tienen un significado menor para valorar el éxito de la Cumbre.

Mirados bajo la óptica global e iberoamericana, los próximos festejos de los bicentenarios de las independencias de las antiguas colonias españolas serán unos momentos sumamente delicados en los cuales la imagen y los intereses españoles estarán en juego. Desde la perspectiva populista nacionalista, tan en boga en muchos países, o inclusive desde algunas atalayas indigenistas, se está elaborando un discurso francamente confrontacional. De ahí que otro de los objetivos españoles en este viaje de Chávez sea el de reducir los ataques vinculados a los "500 años de dominación" o a los "300 años de coloniaje". La invitación de Chávez a Don Juan Carlos para participar en Venezuela de los actos vinculados al bicentenario de la independencia venezolana es un gran paso adelante, aunque todavía será necesario trabajar mucho más la potencial visita, en caso de que llegue a producirse.

Queda por último el tema de los 10.000 barriles diarios de petróleo venezolano a 100 dólares barril, una cantidad ridícula en comparación con el consumo energético español. Teóricamente ésta debería ser la contrapartida para una mayor presencia de Repsol en la explotación del crudo de la Franja del Orinoco. Se trata de una cuestión que con toda seguridad merecerá una mayor atención por parte de Repsol, más allá del encuentro mantenido por Antoni Brufau con los dirigentes de PdVsa. Si vemos, por un lado, que el petróleo venezolano se cotizaba el viernes pasado a 117 dólares barril notaríamos que la generosidad bolivariana no es tanta bicoca como se ha afirmado. Por el otro, es de suponer que Repsol exigirá garantías suficientes para un nuevo desembarco en Venezuela, toda vez que los anteriores contratos firmados fueron incumplidos, o reformados bajo presión, por parte del gobierno chavista.

La imagen tanto interna como internacional de Chávez se ha visto seriamente afectada en los últimos meses, especialmente desde que el monarca español pronunciara el "por qué no te callas". Desde entonces, ha perdido el referéndum para la reforma constitucional, ha fracasado en la mediación por el canje humanitario en Colombia, con el agravante de los serios reveses que supuso el incidente del niño Emanuel y la liberación de Ingrid Betancourt y 14 rehenes más por parte de los militares colombianos, y su respetabilidad ha sido tocada por los datos almacenados en los ordenadores de Raúl Reyes. Las elecciones locales y regionales a celebrarse en el próximo mes de noviembre serán una prueba decisiva para el futuro de su gobierno. De momento, las encuestas no le son especialmente favorables, lo que explicaría el lenguaje moderado manejado por el gobernante bolivariano a su paso por España y, en general, en los últimos meses. Sin él, los logros últimos de la diplomacia española no se hubieran producido.

Los encuentros de Hugo Chávez en Marivent y La Moncloa han permitido normalizar las relaciones bilaterales pero no deben ser vistos como un paso definitivo. Lo explosivo e imprevisto del carácter del mandatario venezolano no son ninguna garantía de nada y menos cuando siguen estando en la agenda problemas especialmente urticantes. De un lado, y más por carácter simbólico y propagandístico, la directiva europea del retorno (no hay numerosos emigrantes venezolanos en Europa y la mayoría son antichavistas), y del otro la presencia de un grupo de etarras en Venezuela que cuenta con el favor gubernamental, la difícil situación de muchos españoles complicados por la política agraria  y las amenazas que se ciernen sobre las empresas españolas presentes en el país caribeño. La política nacionalizadora del régimen no hace albergar las mejores garantías al respecto. Por todo esto, normalización de las relaciones, sí; avances significativos y permanentes, es algo que está por ver y sólo el tiempo podrá confirmar o desmentir.

*Artículo publicado en Infolatam el 27 de julio de 2008

 
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