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EEUU y Venezuela: enemigos interdependientes en materia energética PDF Imprimir E-Mail
Nov-06-07- por Fabián Calle
ImageDesde que los desarrollos teóricos en la década de los años setenta focalizaran su atención en la existencia de matrices de interdependencia compleja entre la "triada" (EEUU, Europa Occidental y Japón) entre si y de ellas con las potencias petroleras del Medio Oriente, el término interdependencia ha quedado ligado a países aliados o al menos no enemigos. No obstante, la dinámica asumida por la relación entre Caracas y Washington a partir del ascenso al poder de H. Chávez en 1999, pero en especial del golpe de Estado del 2002 y su intento de desplazarlo del poder, tiende a complejizar este saber convencional. A más 5 años de la acentuación de las tensiones político-ideológicas (y aun estratégicas) entre Washington y Caracas una mirada más atenta y detallada de la relación económica entre ambos países nos deparará sorpresas para los que tienden a focalizar nada más que en el plano de las declaraciones y acusaciones cruzadas. El olor que imperó, impera y parece que imperará en ese vínculo no es del "azufre" (exabrupto usado por el líder bolivariano contra su colega de la Casa Blanca en la Asamblea General de las Naciones Unidas del 2006) sino a petróleo.

P. Simons, Subsecretario para Asuntos Económicos y de Negocios del Departamento de Estado, subrayó en un trabajo titulado "Energy Security as a Global Parternship" que en 2004 dos de los cuatro más importantes proveedores de petróleo a Estados Unidos fueron países de la región: México (15,9%) y Venezuela (12,9%) y que Trinidad y Tobago es el proveedor más importante de gas licuado a Estados Unidos (75%)1 . La relevancia estratégica de América Latina en materia de seguridad energética para Estados Unidos también quedó reflejada en la exposición que brindó el ex Subsecretario de Energía, David Goldwyn, al Senado en 2006. Recordó que México, Centro y Sudamérica representan el 14% de la producción mundial de petróleo, el 9,7% de las reservas (de ellas 6,5% en Venezuela y 1,1% en México) y el 9,2% del total de refinación de combustibles a nivel mundial. Estas cifras pondrían en evidencia la creciente dependencia de la economía de Estados Unidos del petróleo de Venezuela 2 . Este aspecto fue reconocido con preocupación tanto en un informe del Council on Foreign Relations del 27 de noviembre de 2006 como en el preparado por el equipo del Senador Richard Lugar, titulado "Energy Security IS National Security". Allí se señala que durante 2006 Venezuela fue el tercer exportador de petróleo hacia Estados Unidos con un total de 1,5 millones de barriles diarios (sobre una producción total estimada de 2,4 millones de barriles diarios), desplazando de ese puesto a Arabia Saudita3 .

En el presente año, México se erige como el segundo proveedor de petróleo de Estados Unidos con 1,6 millones de barriles, país que importa un 60% (12 millones de barriles diarios) de sus necesidades totales. En tanto que Venezuela desde el año 2006 se sitúa en el tercer lugar. En tanto que Canadá preserva la primera posición de ese ranking con alrededor de 2 millones de barriles diarios4 . Todo ello en un escenario de precios internacionales, que se acerca de superar el record histórico (actualizados por inflación) del precio del petróleo que se fijó entre 1979 y 1980 (lo que hoy seria un barril a 103 dólares). Para llegar a ello, convergen tanto la demanda de China e India, la inéditamente escasa diferencia entre producción y consumo mundial (2%), las acciones especulativas de los fondos de cobertura y la no plena recuperación de la producción iraquí y las tensione geopolíticas en el Medio Oriente.

En un ensayo sobre la relación energética entre Estados Unidos y América Latina, el ex Subsecretario de Asuntos Interamericanos Arturo Valenzuela advierte sobre la necesidad de un urgente y amplio replanteo de la estrategia de Washington hacia la región en este campo5 . Recuerda que actualmente el 30% de las importaciones de petróleo provienen de la misma y cita informes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que advierten sobre un retroceso en los niveles de producción y exportación de crudo por parte de países como Canadá y México. En este escenario, las alternativas que en los próximos veinte años se la presentan a Washington son pasar a depender aun más de los flujos de energía provenientes del Medio Oriente o reforzar los niveles de inversión en América Latina (básicamente en Venezuela y en menor medida Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia). Un proceso semejante y tal vez aun más agudo, se daría en materia de importaciones de gas dada la disminución que se espera de las exportaciones de Canadá y la excesiva dependencia de los Estados Unidos de los embarques de ese combustible desde Trinidad Tobago. Aquí aparecen como actores importantes en materia de futura provisión los Venezuela, Bolivia y Perú. En su visión, el avance del nacionalismo y el populismo de izquierda en países como Venezuela y otros de la región andina han derivado en una reducción de los niveles de inversión extranjera en el sector petrolero de esos países y no dudo en calificar al movimiento bolivariano liderado por Chávez como un desafío directo y relevante a los intereses de Washington: "for de first time since the fall of the Soviet Union, the US now has an ideological and political competidor for political influence, arising primarily from Venezuela".

En un detallado informe elaborado por la GAO, agencia oficial de los EEUU encargada de la supervisión de las actividades de la administración pública de ese país, elaborado en el año 2006 y dedicado a la relación energética entre Washington y Caracas, se subraya la fuerte interdependencia existente entre ambos países6 . Entre otros puntos afirma que Venezuela es el octavo productor de petróleo del mundo, que abastece más del 11% del petróleo que consume la superpotencia, que la empresa estatal venezolana PDVSA controla directa o indirectamente 9 grandes refinerías en territorio estadounidense y 14 mil gasolineras o estaciones de servicio CITGO. Ello situaría a Venezuela como una pieza clave en la matriz de importación de crudo por parte de la economía estadounidense. El informe recuerda que un flete petrolero desde Venezuela requiere 4 a 5 días de navegación versus los 30 a 40 días desde el Medio Oriente (con un panorama de altos costos de transporte derivados de exceso de demanda). Destaca que por ser el venezolano un petróleo pesado las refinerías existentes en EEUU, en gran medida controladas por PDVSA, son claves para su procesamiento. No obstante, advierte que tanto China como Brasil están avanzando en la construcción de este tipo de plantas con lo cual en el mediano y largo plazo se podrán constituir en importantes mercados para Venezuela. Una parte llamativa del informe de la GAO, es la parte dedicada a describir la sustancial estabilidad de los flujos de petróleo venezolano hacia EEUU aun en momentos críticos en político y económico como fue fines del año 2002 (año caracterizado por el intento de derrocamiento de Chávez y el despido de casi el 40% del personal de PDVSA por parte del gobierno bolivariano).

En todo momento, la GAO subraya los impactos negativos que tanto para Washington como para Caracas tendría una ruptura de esta relación económica. Por ejemplo, una salida abrupta del crudo venezolano del mercado internacional provocaría por si sola un aumento del 11% en el precio del barril. En cuanto a los puntos embarque del petróleo, el informe detecta 39 terminales portuarias claves situadas tanto en el Este como en el Oeste de la costa venezolana. El peso de esas exportaciones se refleja en ser las responsables del 50% de los ingresos fiscales del Estado. El mal clima político entre los gobiernos de ambos países, es reconocido en todo momento y se pone al año 2002 como un punto de quiebre (para peor) en ese vínculo y se subraya la política de Chávez de apuntalar a espacios como la OPEP, que concentra a algunos de los principales productores de petróleo, y jugar un rol de halcón en materia de precios del barril. Todo ello, en un escenario de corto y mediano plazo (y para algunos aun de largo plazo) en donde la inédita estrechez entre la oferta y demanda de petróleo en el mercado internacional hacen que cualquier cambio o crisis en el abastecimiento de crudo por parte de un actor de peso, como es claramente Venezuela, tienden a tener un impacto mucho mayor que en el pasado.

La mejora en la posición relativa en el tablero internacional de un conjunto de actores claves en esta nueva era energética, queda reflejada en lo que recientemente el periódico Financial Times ha definido como las "nuevas siete hermanas" del sector petrolero. Si durante parte sustancial del siglo XX con ese término se hacia referencia a un selecto grupo de compañías de EEUU, Reino Unido y Holanda, ahora se trata englobar a las grandes empresas estatales de Arabia, Rusia, Venezuela, China, India, Brasil y Malasia7 .

Pero no solo de petróleo vive el hombre. El gas natural en general y el gas licuado en particular comienzan a ser más y más vistos como un sector dinámico y prometedor de la matriz energética internacional. La idea de países como Rusia, Irán, Venezuela, Argelia y Bolivia de reforzar la articulación de políticas en este sector con el objeto de reforzar la capacidad de negociaciones y de fijación de precios con países consumidores, se viene reforzando a partir de los últimos años. Este tema figura permanentemente en las agendas de las tan difundidas reuniones del Presidente de Irán en Venezuela o la más reciente en Bolivia. En este sentido, cabe indicar que el recientemente designado nuevo negociador de Irán para temas nucleares (y considerado un duro entre los duros), S. Jalili, tuvo a su cargo en los últimos años reforzar la relación de su país con Venezuela, Bolivia y Nicaragua. En el caso de Caracas, a partir del año 2005 la potencia persa firmó con el gobierno de Chávez acuerdos por más de 4000 millones de dólares en tema gas, petróleo y alimentos. El acuerdo de Irán con Bolivia suscripto recientemente comprende un programa plurianual de inversiones por 1100 millones de dólares en áreas como gas y petróleo y la transferencia de tecnología nuclear de uso civil8 . La propia empresa Petrobras de Brasil tiene una activa y creciente presencia en Irán, lo cual ya ha generado ciertas tensiones entre Washington y Brasilia por comentarios críticos del embajador de estadounidense sobre estos vínculos. Aun de mayor importante, parecen ser los recientes acuerdos firmados por Chávez y Lula para la construcción de una mega refinería por 4 mil millones de dólares y la participación activa de Retrobas en la exploración y explotación del petróleo pesado de la prometedora franja del Orinoco.

Como se verá, del análisis de los flujos de energía surgen mapas conceptuales muchas veces diferentes o al menos más complejos y cargados de matices que los que aparecen en los abordajes meramente político-ideológicos. Un dato importante a ser tenido en cuenta por los tomadores de decisiones en nuestro país.

1 Energy & Environment Documents & Texts from the Washington File 06 July 2006 U.S. Seeks Energy Security through International Partnerships The following article appears in the July 2006 issue of the State Department's electronic journal series Economic Perspectives.

2 http://lugar.senate.gov/energy/hearings/pdf/060622/Goldwyn_Testimony.pdf

3 http://lugar.senate.gov/energy/security

4 http://www.eia.doe.gov/iea/overview.html

5http://www.aspeninstitute.org/atf/cf/%7BDEB6F227-659B-4EC8-8F84-8DF23CA704F5%7D/cpValenzuela.pdf

6 http://www.gao.gov/new.items/d06668.pdf

7 www.ft.com/cms/s/2/471ae1b8-d001-11db-94cb-000b5df10621%2Cdwp_uuid=0bda728c-ccd0-11db-a938-000b5df10621.html

8 Corriere della Sera31-10-2007, Italia.

 
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