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Un año de Guaidó presidente delegado PDF Imprimir E-Mail
Ene-18-20, por Rosendo Fraga
 
 

El 23 de enero se cumple un año que la asamblea  de Venezuela eligió a su titular Juan Guaidó, como "Presidente delegado" poniendo en marcha un proceso para derrocar al régimen chavista. La idea era que esta insurrección iba a precipitar una crisis interna en las Fuerzas Armadas, a partir de la cual Maduro no podría sostenerse. Pero este plan fracasó porque no tuvo en cuenta que el régimen chavista, no es un populismo autoritario como la Venezuela del General Pérez Jiménez en 1957 -Guaidó eligió el 23 enero, por ser el día en el cual comenzó el movimiento contra dicho dictador que logró derrocarlo- sino ya un régimen totalitario, montado sobre el modelo cubano. La diferencia entre el régimen totalitario y el populismo autoritario es que en el primero han desaparecido las elecciones competitivas, funciona en los hechos un sistema de partido único; mientras en el segundo existe la justicia manipulada o subordinada al poder político, en el primero es realmente inexistente y los funcionarios judiciales son una prolongación del oficialismo; en el populismo autoritario existen los medios de comunicación, aunque debilitados o arrinconados, en cambio en el totalitarismo no los hay; las Fuerzas Armadas son del partido y no de la nación en totalitarismo, mientras que el populismo autoritario, son de la Patria; por último, las sanciones económicas pueden ser eficaces para producir una crisis en el populismo autoritario, mientras que en el segundo son ineficaces, como sucede con Cuba. 

Pero a esta diferencia en cuanto a la teoría política, se agrega el rol que tiene la subsistencia del régimen chavista desde el punto de vista geopolítico. Todos los actores globales que se oponen a la hegemonía global de los EE.UU. apoyan al gobierno de Nicolás Maduro, por un medio u otro. El más relevante es China, que a través de la relación económica ha permitido la sobrevivencia del régimen. El segundo es Rusia, que apoyó al Chavismo desde el punto de vista estratégico-militar. El tercero Cuba, un aliado político y militar que percibe en la sobrevivencia del régimen chavista, un factor a su favor, frente al creciente asedio de la Administración Trump. Pero también ha habido un rol de Irán, que ha tenido -y tiene- una sólida relación bilateral. No sólo se establecieron vuelos directos Teherán-Caracas en vida de Hugo Chávez, sino que se avanzó en relaciones militares. La Fuerza Armada venezolano tiene los mismos misiles anti-aéreos TOR-M1 con los cuales los iraníes por error derribaron un avión ucraniano recientemente. El General Soleimani - recientemente  muerto por un ataque estadounidense- jefe de la Guardia Revolucionaria iraní, no sólo estuvo más de una vez en Venezuela, sino que Maduro ordenó que se le rindieron honores militares tras su muerte, algo que causa resquemor en algunos sectores militares, pero que no llegó a manifestarse, dado el férreo control político que tiene el régimen sobre las Fuerzas Armadas. A ello se agrega que desde el inicio de la crisis, tres cuartas partes de los países del mundo -una amplia mayoría en Asia y África- no han reconocido al gobierno de Guaidó y lo han mantenido a Maduro. 

Frente a ello, EE.UU. lideró el reconocimiento a Guaidó por una cuarta parte de los gobiernos del mundo, la casi totalidad de Europa y el continente americano. Desde el primer momento, Trump apoyó a Guaidó diplomáticamente y logró que 56 países del mundo lo reconocieran. Nombró a un veterano de la Administración Reagan especializado en relaciones con América Latina -Elliot Abrams- como delegado para el caso Venezuela. Tanto desde el Departamento de Estado, como desde el Comando Sur, se sostuvo durante los dos primeros trimestres de la crisis, que la intervención militar era "una opción posible". Al comenzar enero de 2019, Abrams dijo que la eventual intervención, no será una decisión de Guaidó sino de Washington. La oposición venezolana en la Asamblea votó el retorno al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para justificar la intervención que finalmente nunca se produjo. Las sanciones económicas de EE.UU. y sus aliados fueron escalando, tanto al país como a sus funcionarios. Un ejemplo de ello ha sido la decisión de Canadá adoptada este mismo mes de enero, por la cual se impidió la entrada al país de una esgrimista venezolana. En concreto, la intervención militar con la que se amenazó, nunca se produjo y las sanciones económicas no fueron eficaces, en gran medida porque los adversarios de EE.UU. siguen apoyando al Chavismo como se mencionó. 

En América Latina predominó y sigue predominando el reconocimiento Guaidó, pero sin lograr el pretendido "cambio de régimen". Hoy solo cuatro países latino-americanos reconocen a Maduro: México, Nicaragua, Cuba y Argentina. Desde fines de enero del año pasado  "El Grupo de Lima", reunió a catorce países de la región que reconocieron a Guaidó, en línea con la decisión de la Administración Trump. La mayoría se sumó a las sanciones económicas aplicadas por EE.UU., pero siempre rechazando la posibilidad de la opción militar. Brasil y Colombia son los países que tienen fronteras más extensas con Venezuela y realizaron despliegues militares sobre ellas, pero destinadas a mantener el control sobre la frontera, frente a la creciente inmigración venezolana. La UN calcula que para fines de 2020, superarán los 6 millones los emigrantes venezolanos, la mayoría de ellos, motivados por la critica situación socio-económica que vive el país y el colapso sanitario. Esta emigración se ha convertido en un conflicto en la región, dada su magnitud. La OEA y en particular su secretario general (Almagro) han tomado partido contra Maduro en este contexto. En America del Sur, Brasil ha liderado la posición contraria al régimen chavista.  Pero el 10 de diciembre, asumió en la Argentina la Presidencia Alberto Fernández, quien lleva a la ex Presidenta Cristina Kirchner como Vicepresidenta. El nuevo gobierno -el ex Presidente Macri había tenido una posición muy firme contra Maduro- pasó a asumir una postura ambivalente. Desconoció la embajadora de Guaidó (Trotta) pero rechazó la del gobierno venezolano (Lugo). Pero al mismo tiempo, dos países se suman al reconocimiento de Guaidó: Bolivia, tras la crisis político-institucional que produjo el desplazamiento de Evo Morales y Uruguay, cuyo presidente electo (Lacalle) anticipó que no reconocerá a Maduro. 

 
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