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Empate en Uruguay que no impide reflexionar PDF Imprimir E-Mail
Nov-25-19, por Rosendo Fraga
 
 

La segunda vuelta de la elección presidencial Uruguay, refuerza la tradición "institucional" del país. 

Lacalle Pou ha ganado por algo más de un punto,  30.825 votos. Esto está fuera de discusión. Pero los votos observados son 35.019, más que la diferencia, aunque no mucho. 

El Frente Amplio,- la coalición de centro-izquierda que gobierna el país desde hace 15 años,- hizo una presentación de que se postergue anunciar el resultado, hasta que se verifiquen los votos observados. El candidato que había quedado primero lo aceptó. Se trata de una demora sólo de algunos días, incluso el resultado final, puede conocerse el próximo viernes 1 de diciembre. 

Ello no impide reflexionar sobre el cambio que en la política regional tiene un eventual triunfo de Lacalle y lo que ello puede implicar para la política exterior del nuevo gobierno argentino. Esto ya permite una reflexión: en política exterior, la dimensión de los países juega, pero es relativa y no absoluta. 

Si se confirmara el triunfo del candidato opositor, con este resultado, 8 de los 10 países iberoamericanos de America del Sur, estarían reconociendo al gobierno provisional de Bolivia. Solo Argentina y Venezuela seguirían sin hacerlo. 

En América Central, sólo Nicaragua mantiene la misma posición. 

Cuando se esperaba un giro hacia el centro-izquierda en la región, esto hoy no parece tan claro. 

Hasta el año pasado, Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, en la región integraban la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), fundada por Fidel Castro y Hugo Chávez. 

Desde entonces, dos (Ecuador y Bolivia), han abandonado esta posición. 

Puede decirse que hay tres gobiernos de centro-derecha que se ven amenazados por protestas en la calle (Ecuador, Chile y Colombia). Pero también lo están los dos únicos países del ALBA que quedan en el territorio continental (Venezuela y Nicaragua), mientras que Cuba no lo está políticamente, aunque si económicamente. 

Si bien puede no estar clara la dirección de la región, si parece estarlo la foto de hoy. 

Queda México, que mantiene su posición tradicional en materia de política exterior: la no intervención en asuntos externos de otros países. 

No hubieron presencias de funcionarios mexicanos gobierno en la Cumbre del Grupo de Puebla reunido en Buenos Aires, si de ex candidatos como Cárdenas; el gobierno de López Obrador postergó la visita de Alberto Fernández después de las PASO, hasta que fuera Presidente electo, para no interferir en el proceso electoral argentino; recibió a Evo Morales, por "razones humanitarias"; mantiene una posición "neutral" en Venezuela de acuerdo a su tradición,.-  de defensa de la soberanía de los estados,- y se niega a asumir roles de "liderazgo" tanto en la política regional como global. 

La postura del nuevo gobierno argentino, es de tipo "militante" en relaciones internacionales,- como muchas veces la asumía Macri en la orientación contraria,- en una línea que hoy es claramente minoritaria en America del Sur y en la América Latina continental. 

Pero el nuevo gobierno recién asumirá el 10 de diciembre y esto le puede permitir realizar "ajustes" en su política exterior. 

La de Argentina, tiene antecedentes similares a la posición tradicional mexicana. El momento más "brillante", tuvo lugar en las primeras décadas del siglo. En la segunda presidencia de Roca se mantuvo una estricta neutralidad en las guerras de la época, la de los Boers en el Sur de África y la que tuvo lugar entre España y Cuba por su independencia. El reconociendo de Panamá, se realizó en conjunto con Brasil y Chile, en una actitud en la cual se reconoció que había comenzado a funcionar un nuevo estado. Se fijó la doctrina Drago, por la cual Argentina desconoció que una coalición militar de Gran Bretaña, Alemania e Italia, ocupara la aduana de Venezuela, para cobrar las deudas de un default. Esta posición tuvo amplio apoyo regional y global. 

La misma tradición mantuvo el gobierno de Figueroa Alcorta, para reconocer el gobierno de Madero en México en 1910, que se realizó en conjunto con otros países de la región. 

En 1914, al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Victorino de la Plaza mantuvo una estricta neutralidad, pese a los intereses económicos que vinculaban a Argentina y el Reino Unido. 

Esta tradición continúa en  postguerra de Yrigoyen de no involucrarse en asuntos de otros países, la de Agustín P. Justo al obstaculizar la hegemonía regional de los EEUU y la tercera posición de Perón. Gestos de esta política se dan con  Frondizi frente a la exclusión de Cuba del sistema interamericano y con Illia respecto a la intervención en  Santo Domingo. 

Es la plenitud de la "Guerra Fría" en la región, lo que ideologiza las relaciones exteriores en América Latina desde la segunda mitad de los años sesenta. 

La diferencia entre neutralidad y política militante, es el enfoque que quizás debería analizar el gobierno que asume el 10 de diciembre, para que Argentina mantenga libertad de acción y evite el riesgos de quedar alineada con los países del ALBA.