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Oct-25-07- por Rosendo Fraga
Para analizar la cuestión, resulta conveniente primero ubicar al
gasto militar de América Latina en el contexto mundial, segundo,
revisar cuál es la política de EE.UU. hacia la región en materia de
seguridad y, por último, ver cuáles son las políticas concretas que en
la materia están desarrollando los principales países de la región.
El informe del SIPRI Armamentos, Desarme y Seguridad Internacional,
de 2007, muestra que América Latina es la región del mundo emergente
con menor conflictividad en materia de seguridad internacional. África,
Asia -en particular Medio Oriente-, así como Rusia, muestran mayor
conflictividad que esta parte del mundo.
Entre los diez países del mundo que concentran mayor porcentaje del
gasto militar mundial -suman entre ellos el 77% del total-, no se
encuentra ningún país latinoamericano. EE.UU. por sí solo presenta el
46%, siguen el Reino Unido y Francia con el 5% cada uno, y después
China y Japón con 4% en cada caso. Alemania, Rusia, Italia y Arabia
Saudita tienen 3% respectivamente, y la India 2%.
Por regiones, América del Norte llega al 47% -sumando Canadá a
EE.UU.- Europa Occidental 22%; Medio Oriente 6%; Oceanía, África y
Europa Central 1% en cada caso; Europa Oriental y América Latina 3%,
aunque la región tiene 8% de la población y del PBI mundial
En cuanto a la producción mundial de armas, América del Norte
presenta el 63% del total mundial, Europa Occidental el 29%. Europa
Oriental alcanza el 1,9%, pero América Latina no llega al 1%.
Entre los diez primeros países del planeta en exportación de armas
-siendo el primero EEUU con 30% y el décimo Israel con 1,6%-, no hay
ninguno de América Latina. Tampoco lo hay entre los diez mayores
importadores, entre los cuales China es el primero con el 13,7% del
total, e Irán el décimo con 2,4%
Tampoco hay ningún país latinoamericano entre los diez países del
mundo que tienen armamento nuclear, ya sea declarado o no declarado.
A su vez, el balance militar del Centro de Estudios Unión para la
Nueva Mayoría muestra que América Latina es la región del mundo que
gasta menos en defensa de acuerdo a su PBI: algo menos del 2%.
En cuanto a la política de EE.UU. hacia la región en materia de
seguridad, en la primera semana de octubre, EE.UU. y México concluyeron
la negociación para establecer un acuerdo similar al llamado Plan
Colombia. Por medio del convenio se crea un centro de comando, control
e inteligencia contra el narcotráfico. Carlos Rico, Subsecretario de
Relaciones Exteriores de la Cancillería mexicana para América del
Norte, dijo que será un acuerdo similar al vigente con Colombia desde
los años noventa y que, una vez aprobado por el Congreso de los EE.UU.,
será anunciado por los dos presidentes.
El jefe del Pentágono, Robert Gates, antes de iniciar su gira por
América Latina este mes de octubre, expresó la disposición de su país a
firmar este acuerdo con México. Según el funcionario mexicano, EE.UU.
aportará 1000 millones de dólares en los próximos dos años, cifra que
se gastará en varias etapas y que prevé el equipamiento y entrenamiento
del personal mexicano para luchar contra la droga y el crimen
organizado. Ya desde Colombia, Gates dijo que este año se destinarán
500 millones de dólares para financiar el plan con México y otros 50
millones para un plan similar en países de América Central. El director
de la DEA, Steve Robertson, sostuvo que hay un matrimonio de
conveniencia entre el terrorismo y la droga, mientras que en la
izquierda latinoamericana se denuncia que este tipo de plan en realidad
apunta a involucrar a las Fuerzas Armadas en la represión de los
movimientos sociales contestatarios.
La gira del Secretario de Defensa de EE.UU. por América Latina
define sus aliados y objetivos en materia de seguridad en la región. En
Centro-América visitó El Salvador, único país latinoamericano que
mantiene tropas en Irak y el aliado más firme de Washington al norte
del Canal de Panamá. Siguió luego por Colombia, el aliado más seguro en
América del Sur y el país donde se desarrolla la mayor cooperación
binacional en materia de lucha contra la droga y que, como se dijo, se
ha convertido en una suerte de modelo para el acuerdo que se negocia
con México. El tercer país visitado es Chile, que tiende a cooperar con
Washington en temas como las fuerzas de paz, como lo muestra su
decisiva participación en la fuerza de paz de Haití. También visitó
Perú, donde el presidente Alan García busca tener una buena relación
política y económica con Washington. El gobierno peruano ha ofrecido a
EE.UU. instalar en el país la base que actualmente tiene en Ecuador en
la localidad de Manta, ya que el Presidente Correa anunció que no
renovará el tratado que vence en 2009, por el cual se concedió el uso
de esta base para monitorear desde ella el narcotráfico en la región
andina. El último destino de la gira fue Surinam, al norte de América
del Sur, que tiene una ubicación estratégica para la lucha contra la
droga en la región del Caribe y presenta además un conflicto
territorial histórico con Venezuela.
En la gira planteó que el narcotráfico, el crimen organizado y las
bandas callejeras -como las maras- son la mayor amenaza a la seguridad
regional y que, de acuerdo a las circunstancias, las Fuerzas Armadas
deben participar para enfrentar el problema, dada la ineficacia de las
policías.
Por último, nos queda analizar las políticas de los principales actores de la región.
Brasil es el único país latinoamericano que tiene vocación de ser
actor global. Su política de defensa persigue ante todo dicho objetivo.
El país busca ser reconocido como una de las cuatro potencias del mundo
emergente, junto con Rusia, China a India. El principal país del
MERCOSUR tiene masa critica económica para jugar en este nivel, pero
debe desarrollar una mayor capacidad en el plano estratégico-militar,
teniendo como referencia la que tienen los otros tres países
mencionados, que cuentan con el arma nuclear y los dos primeros,
además, son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la UN.
Para ello, el objetivo diplomático de alcanzar un puesto permanente en
el Consejo de Seguridad y tener en servicio un submarino nuclear en la
próxima década, son objetivos relevantes. El presidente Lula acaba de
anunciar un aumento del gasto militar del 50% para el año próximo, a la
vez que ratifica la decisión de hacer efectiva la soberanía en la
Amazonía y envía un mensaje indirecto a Venezuela, el país
latinoamericano que mayor monto dedicó a la compra de armamentos en los
últimos dos años.
En Venezuela, el otro país de la región con una política de
proyección en lo estratégico-militar, las compras de armas a Rusia
permiten constatar la existencia de dos hipótesis paralelas. Por un
lado, la compra de los fusiles Kalashnicov muestra la decisión de
preparar grandes milicias venezolanas para una posible guerra
asimétrica en el propio territorio, frente a una eventual agresión
norteamericana, que difícilmente se concrete. Asimismo, el anuncio del
presidente Chávez de que intervendrá militarmente en Bolivia si la
derecha desestabiliza a Morales, muestra la decisión de intervenir
fuera del país. La otra hipótesis se vincula a la similitud de las
adquisiciones venezolanas en Rusia con las iraníes. Las compras de
submarinos y misiles tierra aire realizadas, evidencian planes de
enfrentar una eventual agresión aeronaval de los EE.UU., impedido de
actuar en forma terrestre, dado el costo sufrido en Irak y Afganistán.
Colombia es un país de la región que mantiene un nivel de
adquisiciones relativamente importantes, frente a un doble desafío. Por
un lado, el conflicto con la guerrilla y el narcotráfico, que lleva
décadas y continuará en el corto plazo y, por el otro, el desafío de
mantener un relativo equilibrio con Venezuela, país con el cual tiene
problemas de fronteras y tensiones, pese a que las relaciones
diplomáticas bilaterales pasan por un buen momento.
Chile es el cuarto actor de la región, con una política clara y
sistemática en materia de reequipamiento militar. Los conflictos
históricos que el país mantiene con Bolivia y Perú, que se acentúan y
recrudecen en forma periódica y sistemática, justifican el
reequipamiento militar chileno, que ya no tiene como referencia la
Argentina como en el pasado reciente.
En mayor o menor medida, todos los países de la región están
buscando actualizar y renovar armamentos, en el marco de presupuestos
modestos. Hay compras de Perú y Ecuador, y hasta el pequeño Uruguay
acaba de comprar dos fragatas a Portugal, incorporación relevante para
una Armada pequeña como la tiene este país. La excepción a este
escenario entre los países importantes de América Latina es la
Argentina, que lleva años sin realizar ninguna adquisición relevante,
limitándose solo a algunas reparaciones y modernizaciones de material
que lleva décadas en servicio.
En conclusión:
a) América Latina es la región que gasta menos en defensa de acuerdo
a su PBI, siendo solo el 3% del gasto militar mundial, aunque posee el
8% de la población y el PBI. También es la región del mundo emergente
con menores riesgos en materia de seguridad internacional.
b) La política de Washington hacia la región en este campo tiene hoy
como prioridad el llamado Plan México, que implica avanzar en la
cooperación entre este país y los EE.UU. en materia de lucha contra el
narcotráfico, en la misma línea que se ha hecho con Colombia. La gira
del Jefe del Pentágono por la región muestra que la prioridad de
Washington en seguridad en esta parte del mundo es la lucha contra el
narcotráfico, el crimen organizado y las bandas callejeras.
c) Brasil, Venezuela, Colombia y Chile, por distintas causas,
presentan los planes más relevantes en materia de reequipamiento
militar, aunque solo Venezuela está invirtiendo montos que pueden
compararse con los países extra-regionales. En esta materia, la
Argentina es una excepción entre los países importantes de América
Latina.
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