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Política económica para decidir en tiempos difíciles  

Este nuevo libro de Juan Carlos De Pablo, está referido a las decisiones en el ámbito económico en tiempos difíciles, como dice su título. De ser por la historia argentina, se trata de una situación casi sistémica y los ejemplos que da el autor sobre nuestro país, pienso que lo confirman. 

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La orientación estratégica de Brasil PDF Imprimir E-Mail
Abr-19-19, por Rosendo Fraga
 

El giro de Brasil con la llegada al poder de Bolsonaro implica un cambio en cuanto a quién define la estrategia de largo plazo del país. Tradicionalmente, este rol lo tenía Itamaraty, el prestigioso Ministerio de Relaciones Exteriores. Así fue desde el Barón de Rio Branco -canciller de cuatro presidentes sucesivos a comienzo del siglo XX- hasta comienzos del siglo XXI. 

Cuando el presidente Fernando Henrique Cardoso, en la última década del siglo pasado, tras tener como primer canciller a un "arquetipo" de Itamaraty, como era Luis Felipe Lampreia, lo sustituye en su segundo mandato por un respetado académico como Celso Lafer, comenzó a evidenciarse un debilitamiento relativo de Itamaraty. Ya en los primeros años del siglo XXI, con la llegada de Lula al poder, este debilitamiento continuó. La designación de un asesor especial para América Latina, como era Marco Aurelio García -quien no era un diplomático de carrera- mostró un canal político paralelo a la cancillería en la ejecución de la política exterior. Pese a ello, las embajadas de Brasil continuaron a cargo de diplomáticos de carrera. 

Ni Cardoso ni Lula tuvieron conflictos con Itamaraty, pero sí matices y algunas diferencias. Pero el debilitamiento de la influencia de Itamaraty se acentuó con la crisis del segundo mandato de Dilma y durante el gobierno de Temer. Cancilleres provenientes de la política como Serra, acentuó esta situación de debilitamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores en las definiciones estratégicas del país. 

Paralelamente, durante los dos gobiernos de Dilma y el de Temer fue creciendo la influencia del Ejército como el área del Estado que pasa a tener la mayor influencia en la definición del rumbo estratégico. El hombre clave en este proceso fue el General Eduardo Vilas Boas, jefe del Ejército desde el primer mandato de Dilma, hasta la llegada de Bolsonaro al poder. Fue desarrollando la capacidad de despliegue territorial del Ejército, con los operativos de seguridad que se desarrollaron con motivo de la visita del Papa, los juegos olímpicos juveniles, el Mundial de Fútbol y las Olimpíadas. 

A ello se agregaron el despliegue en la frontera para impedir el narcotráfico y el crimen organizado, sustitución de policías en huelgas y  operativos para desarmar organizaciones delictivas en las cárceles. Vilas Boas, usó el Twiter para comunicarse con todo el personal del Ejército y explicar la posición de la Fuerza frente a diversos acontecimientos. Pero el cambio más importante en la visión estratégica militar, fue la idea de buscar la alianza con los EE.UU. Se trata de una visión nueva, comparada con la vigente en las últimas cuatro décadas. Pero se inscribe tanto en la participación de Brasil en la Segunda Guerra Mundial con los aliados y comienzos de los años setenta, cuando Kissinger a cargo de las relaciones exteriores de Nixon, veía a Brasil como el país "llave" en América del Sur, con el cual EE.UU. debía buscar una alianza, para "delegarle" el  liderazgo regional. 

Dos años atrás, Bolsonaro tenía un discurso nacionalista tradicional, cuestionando el liberalismo económico y propugnando un modelo cerrado y el Ejército fue decisivo para su cambio. Cuando iniciaba una candidatura con pocas posibilidades, el Ejército -con el que siempre tuvo contacto en su condición de capitán paracaidista retirado-  modificó su visión, hacia una combinación de liberalismo económico y nacionalismo político, que hoy caracteriza el modelo estadounidense de Trump. 

El ultra-nacionalismo europeo, ha adoptado el término de "soberanismo" para identificarse como expresión política para las elecciones del parlamento europeo que tendrán lugar a fines de mayo. Se trata de defender la vigencia de la soberanía nacional como valor, frente al multilateralismo y la globalización. Esta doctrina política encaja con el pensamiento militar brasileño que hace de la soberanía nacional la prioridad. De ello deriva la preocupación por el control del pre-sal (el mar en el cual se explota petróleo) y por la explotación de la Amazonía -como forma de control estatal frente a las reservas indígenas- que genera conflictos con los ecologistas. 

En este marco, el equipo de gobierno de Bolsonaro, muestra tres líneas: el Ejército, que tiene 8 de los 22 cargos ministeriales y el Vicepresidente; el empresariado liberal, representado por el Ministro de Economía (Guedes) y la familia Bolsonaro, que actúa como un tercer grupo. En los cambios que el Presidente ha hecho en su equipo en los primeros 100 días de gobierno, el que ha avanzado es el Ejército, que aparece como el tutor y el moderador del Presidente al mismo tiempo.  

El viaje de Bolsonaro a los EE.UU., más que un antes y un después, es un eslabón en una cadena, un paso en la dirección determinada por una estrategia. La sintonía entre el Presidente brasileño y el estadounidense, se hizo evidente desde la campaña electoral del primero. La coincidencia se dio también rápidamente respecto a Venezuela. Si bien Brasil no apoya una intervención militar regional en esta crisis, es el único país latinoamericano que ha exigido el retiro de las fuerzas rusas que están desplegadas. 

La visita a los EE.UU. puso en evidencia la doctrina de Bolsonaro en materia de política exterior y el rol que en ella tienen los "valores", que se contrapone al "pragmatismo"  en las relaciones internacionales, que caracterizó las relaciones exteriores de Brasil desde la segunda mitad de los años setenta. Los "valores" implican asumir que el país más grande de America del Sur, se asume como parte de Occidente, siendo en el hemisferio sur, una suerte de prolongación de EE.UU. y Europa que están en el hemisferio norte. 

El viaje a Israel, se inscribe en esta misma concepción y evidencia que la coincidencia con Trump va más allá de la relación bilateral. La posibilidad de reactivar la base de Alcántara para uso de los EE.UU. -la usaba durante la Segunda Guerra Mundial- evidencia la voluntad de una coincidencia estratégica amplia. La falta de interés por los BRICS en el ámbito global y la decisión de desactivar  UNASUR en lo regional es una manifestación de esta política fundada en "valores" que explica el canciller Araujo, cuya postura es una excepción en Itamaraty a la cual pertenece. 

En la región, el único país que ha visitado es Chile, cuyo modelo económico admira el Ministro Guedes.  Si bien los "valores" implican una coincidencia con la Argentina de Macri, el Mercosur pierde importancia relativa para Bolsonaro. Pero para el Ejército, es más importante Argentina que Chile.

 
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