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A lo largo del libro, se percibe como en la candidatura presidencial de Sarmiento, confluyen por un lado el proceso, por otro lado la voluntad y acción del protagonista y también las circunstancias e imponderables que siempre juegan un rol en el devenir político.  

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Enojo y miedo: desafíos de la política PDF Imprimir E-Mail
Mar-03-19, por Rosendo Fraga
 

Históricamente, el enojo y el miedo han tenido fuerte impacto en la política. Por lo general, han favorecido alternati vas autoritarias, el nacionalismo extremo y la xenofobia en sus diversas formas.

Los años treinta del siglo XX son un ejemplo de esto, sin que ello implique analogías automáticas con lo que viene sucediendo en la segunda década del XXI.

El enojo, ya sea motivado por razones políticas, económicas o sociales, genera un fuerte malestar, que suele originar el cuestionamiento a las élites de todo tipo. Pero las políticas -a diferencia de las demás- se miden electoralmente donde hay sistema democrático y en consecuencia tienen una forma concreta de manifestación.

La desigualdad y la frustración por la incertidumbre del futuro, suelen generar hoy este tipo de enojo.

El temor es un estado anímico, que puede originarse frente a la inseguridad pública, la amenaza a perder el trabajo, al cambio en el modo de vida que puede implicar la llegada de inmigrantes con otra religión y diferente cultura, o la posibilidad de tener que vivir peor en el futuro, no sólo respecto a hoy, sino en comparación con el pasado.

Es la combinación de enojo y temor, la que está detrás del surgimiento de la "anti-política" en sus diversas expresiones, como son los fenómenos de disrupción que se vienen dando en occidente en la segun- da mitad de la década que está finalizando.

El referéndum del Brexit en el Reino Unido, la irrupción de Trump en los EE.UU., el triunfo de Macron, así como el surgimiento de los "chalecos amarillos" en Francia, el gobierno de la Liga y el Movimiento 5 Estrellas en Italia, la caída del voto moderado en Alemania y otros países europeos, el surgimiento de Vox en España y la victoria de Bolsonaro en Brasil, muestran que la política tradicional enfrenta una crisis global.

Si la globalización es el signo de la época, se hace inevitable que el enojo y el temor se dirijan hacia ella, emergente desde la clase media empobrecida como fenómeno social y con la revitalización del nacionalismo como valor político.

Resulta y ha resultado fácil manipular enojo y temor, transformándolos en una fuerza negativa, haciendo que la crítica y el cuestionamiento, deriven en rechazo, repudio y condena. La comunicación a través de las redes sociales facilita este tipo de expresión.

La alternativa no pasa por negar la realidad, diciendo que el enojo y el temor no se justifican. Defender la globalización, argumentando que ha permitido la máxima disminución de la pobreza que registra la historia, y/o mencionar el listado de logros y progresos que las nuevas tecnologías han dejado para la humanidad, hoy no resultan eficaces para neutralizarlos.

No resultan argumentos convincentes frente a la realidad de una acumulación de ri- queza en pocas manos sin precedentes, la extensión de tecnologías como la robótica, que plantea fuerte incertidumbre sobre el futuro del trabajo como ha sido conocido hasta ahora o la percepción de que se está viviendo peor que los padres y que los hijos vivirán peor que ellos.

Pero además, los argumentos para cuestionar el enojo y el temor apelan a la lógica y la razón y estos fenómenos son estados de ánimos y sensibilidades que se ubican más en lo emocional.

La política es una combinación de razón y de pasión. Quienes defienden el statu quo argumentan con la primera, quienes lo cuestionan apelan más a la segunda. El desafío que enfrenta hoy la política tradicional es procesar en una alternativa constructiva el enojo y el temor de las sociedades. De ello depende en gran medida la sobrevivencia de la democracia representativa o pluralista como sistema de gobierno y que no avancen formas de democracia delegativa y autoritaria, que corresponden a la cultura política populista. Macron en Francia tuvo éxito en procesar constructivamente el enojo y el temor de la sociedad francesa, con una propuesta que superaba simultáneamente al populismo ultra-nacionalista de Le Pen y la política tradicional de las opciones de centro-derecha y centro-izquierda. Pero después fracasó en la comprensión de las raíces profundas del malestar y no supo dar cauce a la aspiración de cambio de la sociedad, renovando la frustración en vez de justificar la esperanza.

Ha optado por escuchar y argumentar para enfrentar esta situación y no le está yendo demasiado mal. 

 
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