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"Locos de Dios". Huellas proféticas en el ideal de justicia, por Santiago Kovadloff 

 La vinculación del pensamiento clásico con el presente, no solo resulta conveniente sino también   necesario.

 

     

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Perspectiva electoral nacional 2019 PDF Imprimir E-Mail
Ene-03-19, por Rosendo Fraga
 

El año 2019 es de elecciones presidenciales. El supuesto sobre el cual conviene conjeturar es que será un año económicamente difícil. Tanto para el Banco Mundial como para el FMI, la economía argentina caerá 2,6% este año y 1,6% en 2019. La mayoría de las consultoras privadas tienen una estimación similar. Con este supuesto económico, la situación social será peor que ahora, en las variables sociales claves, como son el desempleo y la pobreza. Es que se acumulará el deterioro en la sensación y la experiencia de la gente. 

Hay quienes piensan que si bien el año económico será malo en promedio y lo mismo sucederá con la situación social, comenzará con una fuerte caída en el primer trimestre e iría mejorando, hasta un crecimiento positivo en el último. Ello permitiría que la elección se realice en una situación económica mejor. Puede ser cierto -o no- pero aunque lo fuera, el leve crecimiento no llegaría todavía al campo social. La capacidad ociosa de la estructura productiva seguiría siendo importante y la creación de trabajo no habría empezado. Como en todo el mundo, la economía suele ser relevante para definir las elecciones. Cuando crece y el desempleo baja, quien está en el gobierno gana. Al mismo tiempo, cuando cae y se pierden puestos de trabajo, es la oposición la que se ve favorecida. 

Pero este modelo tiene excepciones. La Argentina ha tenido dieciocho elecciones nacionales desde el restablecimiento de la democracia, y en cuatro de ellas no se cumplió la regla. Ello implica que una cada cuatro y medìa no fueron definidas por la economía. Asumiendo que es difícil pero no imposible ganar con una economía negativa, cabe recordar el cronograma electoral. Entre marzo y junio, 17 provincias elegirán gobernadores, legisladores provinciales y cargos municipales. Sólo una de ellas (Mendoza) es oficialista. 

Las elecciones locales anticipadas no pre-definen  resultado nacional, pero crean "clima político" y probablemente éste favorezca más a la oposición que al oficialismo. La provincia de Buenos Aires,  definirá entre febrero y marzo si adelanta la elección. Sería una decisión conjunta, destinada a neutralizar el efecto político de los triunfos opositores provinciales, con una probable victoria oficialista en el distrito más importante. 

En junio, se formalizan alianzas y candidaturas, el 12 y 22 respectivamente. Ello implica que un mes antes, en mayo, se definirán los espacios y quienes serán los candidatos, comenzando por las fórmulas presidenciales. El 11 de agosto serán las PASO, que hasta ahora han resultado un antecedente relevante, aunque no decisivo de las elecciones nacionales. Dos meses más tarde, el 27 de octubre tendrá lugar la primera vuelta y el 24  noviembre la segunda si la hubiere. Es así como faltan diez meses antes de las elecciones, pero restan solo cinco para la definición de las alternativas. Las PASO tendrán lugar inmediatamente después de un semestre, que probablemente habrá sido el más duro en términos económicos y sociales, dada las previsibles dificultades del primer trimestre y segundo trimestre que aunque caiga menos, igualmente sería negativo. 

En principio, la elección parece encaminarse a la competencia entre tres espacios. Uno es el oficialismo, con la alianza Cambiemos. Por ahora su candidato es el presidente Mauricio Macri. En política no hay nada inexorable y si en mayo, otra figura del espacio, como podría ser la Gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, asegurara más la elección, no puede descartarse la posibilidad que la candidata fuera ella. Aunque algunos sectores del Radicalismo sostienen que el candidato debería salir de las PASO, ello parece improbable. Que para mayo Carrió siga formando parte de la coalición oficialista es difícil de anticiparlo hoy. 

El otro es el Kirchnerismo, que ha logrado reconocimiento en el ámbito nacional con Unidad Ciudadana, el partido con el cual Cristina Kirchner compitió por la gobernación de Buenos Aires en 2017. Ella es la candidata a Presidente probable de este espacio y aún si el Senado decidiera quitarle el fuero por pedido de la justicia, igualmente podría competir aunque estuviera encarcelada. Otra figura del espacio podría suplantarla pero ello parece improbable. 

Por último se encuentra el Peronismo anti-K que fue presentado por cuatro de sus dirigentes (Pichetto, Schiaretti, Urtubey y Massa) con la denominación de "Alternativa Argentina", en lugar de "Peronismo Federal" como se denomina en el Congreso. Este sector se está organizando, pero debe encontrar un candidato competitivo. Lavagna y Massa, de acuerdo a los sondeos son los mejor posesionados. Pero los gobernadores, aunque no salga entre ellos el candidato, son quienes jugarán un rol decisivo, tanto en la organización del espacio como en la definición del candidato. 

Pero hay figuras que surgen de los "márgenes" de la política, que aunque no puedan llegar a la segunda vuelta, podrían restar votos a Cambiemos, sobre todo en las PASO. Tal es el caso del Bolsonaro argentino (Olmedo) o un economista neoliberal con aspiraciones políticas (Espert). Todos los sondeos muestran al comenzar  2019, la existencia de cierta polarización entre Macri y Cristina - entre ambos reúnen 60% de los votos-  algo que podría modificarse si el PJ anti-K logra finalmente organizarse como alternativa competitiva. En una eventual segunda vuelta  entre Macri y Cristina, el voto del PJ anti-K seguramente se dividirá entre ambos. Si en cambio fuera entre el Presidente y un candidato peronista no K, todo el voto del Kirchnerismo iría a la segunda alternativa, dado que no habría transferencia del esta fuerza hacia Cambiemos. Si fuera entre las dos expresiones del Peronismo, todo el voto del oficialismo iría al candidato del PJ anti-K. Diez meses antes de las elecciones presidenciales, 2019 aparece como un año difícil en lo económico-social y de incertidumbre político-electoral.

 
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