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La polarización electoral brasileña PDF Imprimir E-Mail
Set-25-18, por Rosendo Fraga
 

A menos de tres semanas de la elección presidencial brasileña, los votantes se polarizan cada vez más entre Jair Bolsonaro y Fernando Haddad. Los últimos sondeos registran 28% de intención de voto para Bolsonaro, el candidato que combina la "mano dura" con la "anti-política". A su vez el candidato del PT (Haddad) apoyado por Lula da Silva desde la cárcel, alcanza al 22% y está creciendo. Ello es más de la mitad de la intención de voto que tiene el ex Presidente. 

El crecimiento de su candidato se ha dado a costa de otros dos  de centro-izquierda que disputan los votos de Lula (Ciro Gómez y Marina Silva). Buscaban así canalizar el voto de Lula a través de ellos y no de su propio candidato. La segunda -ex ministra de Lula-  ocupaba todavía semanas atrás el segundo lugar frente a Bolsonaro. El primero es un populista moderado -en el pasado aliado de Lula- quien hasta hace pocos días era visto por sectores del empresariado como la alternativa deseable para competir con Bolsonaro en la segunda vuelta. En ella el candidato del PT se impondría con 43% contra 36% de su adversario.   

La mayoría de los sondeos muestran que en segunda vuelta, Haddad se impondría. Pero la política en todo el mundo en los últimos tiempos ha mostrado candidatos "improbables" que terminaron ganando. Los gays, las feministas, algunas organizaciones de afro-brasileños y la izquierda atacan al ex militar paracaidista en las redes sociales, Haddad ha llamado a impedir su triunfo y Lula envió una carta a su candidato a Vicepresidente, criticando su posición en derechos humanos.   

Detrás de Bolsonaro se mueven dos fuerzas relevantes: los evangélicos y el Ejército. Sobre 147 millones de brasileños habilitados para votar, aproximadamente un tercio profesan distintos cultos evangélicos. Son una fuerza homogénea y disciplinada. No todos lo votarán, pero probablemente lo hará dos cada tres. El voto evangélico es conservador y en Brasil coincide con la política de mano dura de Bolsonaro. El Ejército está actuando como "corporación" detrás de él. Su  Jefe, el General Eduardo Vilas Boas, en los últimos meses ha tenido un rol político creciente, a la par de las intervenciones de su Fuerza en las calles, tanto para sustituir a policías en huelga, como en operativos contra el crimen organizado y el narcotráfico, como tiene lugar ahora en Río de Janeiro. 

Coincidiendo con los intereses políticos y electorales del militar retirado, el General Vilas Boas públicamente exigió que la justicia no permita la candidatura de Lula. Bolsonaro ha asistido a actos militares presididos por el Jefe del Ejército, mostrándose juntos y alineado con el Ejército, sacándose fotos con suboficiales y soldados, que después fueron utilizadas en su campaña. Al elegir como candidato a Vicepresidente al general Hamilton Mourao, quien pasó a retiro el año pasado y era el Presidente del "Club Militar", Bolsonaro ratificó su vinculación corporativa con el Ejército.  

Aunque el ex presidente Fernando H. Cardoso convocó a unir al "centro", la polarización ha anulado esta posibilidad. El Gobernador de Sao Pablo, Geraldo Alckmin,  es el frustrado candidato para este proyecto. Nunca llegó al 10% de intención de voto. Pertenece al PSDB el cual integra Cardoso y tiene también el apoyo del PMDB, del actual presidente Michael Temer. 

Son las dos estructuras políticas tradicionales, que han sido desgastadas por las denuncias de corrupción y la caracterización de "vieja política" que le adjudica gran parte de la opinión pública. Propone reducir salarios y subsidios  y reestructurar el gasto público por el alto costo del servicio de la deuda. Es un programa típico de corte "neoliberal", que no concita apoyo popular, tras la recesión más prolongada en la historia de Brasil. Es el candidato preferido por el empresariado, que ha comenzado a asumir que no tiene posibilidad de llegar a la segunda vuelta. 

Frente a esta situación, Bolsonaro tiene una propuesta económica de centro-derecha, que tiene un capítulo importante en materia de privatización de empresas públicas, buscando obtener el apoyo de los mercados, ante el fracaso de su candidato preferido. La opción Haddad-Bolsonaro es la peor para el empresariado brasileño, pero es probable que finalmente opte por el segundo como "mal menor". Mientras en el ámbito económico hay quienes apuestan a un giro hacia el pragmatismo del candidato del PT, otros creen que si gana llevará adelante un programa más radicalizado, que se insinúa en su plataforma partidaria. Bolsonaro denuncia que Haddad hará fraude y que si gana indultará a Lula, algo que niega el candidato.    

Esta elección presidencial no sólo definirá la suerte política de Brasil, sino también el futuro político de la región. El triunfo de López Obrador en México implica la victoria del candidato populista, aunque no esté claro todavía cuáles finalmente serán sus políticas. Pero si también gana Haddad, ello implica que en los dos países más grandes de la región -que sumados son casi dos tercios de la población, el territorio y el PBI de América Latina- han ganado las presidenciales los candidatos más identificados con el populismo. Si a eso se suma la crisis económica que enfrenta en Argentina el presidente Mauricio Macri -que tres años y medio atrás inició un giro hacia el centro-derecha- la región puede mostrar una tendencia de retorno al populismo. En este caso, si ganara Haddad en Brasil, ello favorecería la posibilidad de la ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, quien parece dispuesta a  presentarse a las presidenciales en octubre del año próximo, aunque tiene seis causas por corrupción en la justicia federal, varias de las cuales llegarán a juicio de primera instancia el año próximo.

Ella ha dicho que para este proceso, invitará a líderes políticos y presidentes populistas de la región y a figuras de la social-democracia europea, como puede se el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Si en un juicio contra Cristina Kirchner estuviera presente apoyándola  la futura senadora y ex presidenta de Brasil Dilma Rousseff - será electa para una banca en la Cámara Alta- no será lo mismo su presencia si ha ganado Haddad, que si lo ha hecho Bolsonaro. 

 
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