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La elección brasileña PDF Imprimir E-Mail
Set-06-18, Por Rosendo Fraga
 

A un mes de la elección presidencial brasileña la incertidumbre sigue dominando, sin que el empresariado y la política tradicional logren imponer su candidato. La primera vuelta tendrá lugar el 6 de octubre y la segunda tres semanas después, el 27. 

El primer interrogante es que el 40% dice que no sabe a quien votará o que no lo hará. Ello hace imprevisible el resultado. Normalmente a un mes de las elecciones los indecisos se  reducen a sólo 20%. El segundo, es si Lula da Silva logrará trasladar sus votos a un candidato propio, algo que no resulta del todo claro. El tercero es si Jail Bolsonaro logrará ganar la segunda vuelta, que es hasta ahora su mayor dificultad electoral. 

Para la política tradicional y el empresariado, el Gobernador de Sao Pablo, Geraldo Alckmin, es la opción que impulsan. Pertenece al partido del ex Presidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB) y también el del Presidente Michel Temer (PMDB). Ello hace que sea el candidato con mayor apoyo parlamentario. 

En Brasil la publicidad en televisión - que sigue siendo decisiva pese la incesante expansión de las redes sociales- es sólo la asignada por el estado y el tiempo para cada candidato depende de la cantidad de legisladores que lo apoyan. Por esta razón, Alckmin tendrá el 44% del espacio televisivo electoral, mientras que los demás candidatos, incluido Bolsonaro y el del PT, lo tendrán mucho menor. Pero el candidato de la política tradicional en ninguna encuesta llega al 10%, encontrándose en cuarto o quinto lugar a sólo un mes de las elecciones. 

Si hoy se votara, la segunda vuelta estaría entre Bolsonaro y Haddad, el candidato respaldado por Lula. Es la alternativa menos deseada por el empresariado. El primero es un candidato imprevisible -aunque tiene un programa económico de centro-derecha que incluye privatizaciones- mientras que el triunfo del candidato del PT genera temor, al preverse que no tendría la línea "pragmática" que caracterizó el gobierno de Lula y en menor medida el de Rousseff. 

Lula ha fracasado en lograr que el máximo tribunal electoral le permita presentarse. No le permite el uso de la televisión, pero si aparecer en los sondeos, en los que sigue ganando tanto en primera como en segunda vuelta. Su candidato a Vicepresidente, Fernando Haddad, ex acalde de Sao Pablo - sobre quien fracasó en los últimos días una denuncia por enriquecimiento para impedir su candidatura- no retiene el 39% de los votos que tiene el ex Presidente, pero tendría aproximadamente la mitad, con lo cual llega a la segunda vuelta contra Bolsonaro. 

Lula lo apoyará y tratará le permitan estar en la boleta. Mientras tanto dilata ungirlo como su candidato, esperando el resultado de dos reclamos. Uno ante el máximo tribunal nacional y otro ante el Comité de Derechos Humanos de la UN.  Su lema  electoral más importante es "el país feliz de nuevo" buscando el recuerdo de los ocho años de Lula que fueron de crecimiento y distribución. 

El fenómeno de Bolsonaro es la manifestación en Brasil de la "anti-política" que se está dando en el mundo occidental, que por lo general se articula sobre la derecha, con excepciones. Busca combinar Dios, con la mano dura y el libre mercado. Es un católico practicante, que al mismo tiempo busca y está logrando la adhesión del voto evangélico, que crece en el país. La "mano dura" tiene adhesión creciente, frente al incremento de la delincuencia y el deseo de la opinión pública de más militares en las calles para dar seguridad. Bolsonaro ha realizado una propuesta polémica, que es condecorar a los policías que maten delincuentes. 

Tiene así un programa político de ultra-derecha, pero en lo económico es de centro-derecha, buscando lograr por lo menos en la segunda vuelta el apoyo del empresariado, para que lo vote como "mal menor" frente al riesgo de un retorno del PT. Su principal lema de campaña es "Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos". Agrega una cuota de nacionalismo en política, tanto en lo interior como exterior. En Sao Pablo - el estado que gobierna Alckmin- ya está primero con 22% de los votos. Lleva un General retirado recientemente que es Presidente del "Club Militar", como candidato a Vicepresidente y suele fotografiarse rodeado de suboficiales y soldados vestidos de uniforme. Resistido por los medios tradicionales y con escasos segundos de televisión es el candidato que domina las redes sociales. 

Un eventual triunfo de Haddad en la segunda vuelta será visto como el retorno del populismo en América Latina. Los presidentes de Cuba, Díaz Canel,  en Venezuela Nicolás Maduro, en Bolivia Evo Morales y Nicaragua Daniel Ortega han reclamado se permita la candidatura de Lula y lo mismo lo ha hecho la ex Presidenta argentina, Cristina Kirchner. Lo ha visitado en la cárcel el último candidato de la Social-Democracia alemana, Martín Schulz, solidarizándose con él y reclamando su libertad y candidatura. 

Desde el Comité de Derechos Humanos de la UN -cuya presidencia asume en los próximos días la ex Presidenta de Chile Michelle Bachelet- también se ha reclamado se permite su candidatura. En este contexto, un triunfo del PT será interpretado como el retorno del populismo a la región. Se suma además a la victoria de López Obrador en México -que asume el 1 de diciembre- quien puede ser definido como una combinación de la "anti-política" por la destrucción electoral del PRI que ha generado, y de retorno al nacionalismo tradicional mexicano del presidente Lázaro Cárdenas. 

La crisis económico-financiera que sufre Macri en la Argentina debilita al mismo tiempo el giro hacia el centro-derecha que la región tuvo desde fines de 2015 hasta mediados de 2018. Este posible retorno al populismo se daría paradójicamente, cuando el modelo venezolano muestra su total fracaso, con una crisis humanitaria sin precedentes que derrama sobre la región generando múltiples conflictos -como se pone en evidencia en la cumbre de 13 países latinoamericanos que se reúnen en Quito para coordinar acciones frente al problema- y lleva a Brasil a militarizar la frontera con Venezuela y a intentar fijar cuotas para los migrantes. 

 
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