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Coordinar Política Exterior y Económica PDF Imprimir E-Mail
Jun-18-18, por Rosendo Fraga
 

El reciente acuerdo con el FMI, plantea la cuestión de la correlación entre las políticas exterior y económica.


A los tres meses de haber asumido la Administración del presidente Mauricio Macri, visitó la Argentina el entonces Presidente estadounidense Barack Obama, restableciendo una relación bilateral, que se había deteriorado mucho durante el segundo mandato de Cristina Kirchner.


Pocos meses después, a mediados de 2016, un comunicado del Tesoro de los EEUU respalda la negociación de Argentina con los "fondos buitres" para salir definitivamente del default.


Ya con Donald Trump en la Casa Blanca, otro comunicado de la misma autoridad económica estadounidense apoyaba el acuerdo con el FMI.


Cuando se esperaba un "paquete" de ayuda financiera de 30.000 millones de dólares y el gobierno argentino negociaba con bancos privados para incrementarlo, la decisión del organismo financiero internacional (en cuyo Directorio tienen mayoría de votos los países desarrollados) decidía aumentarlo a 55.000 millones de dólares y en ello también incidían factores políticos.


Pero  durante 2016, junto con el restablecimiento de buenas relaciones con EEUU, Argentina fue haciendo lo mismo con los principales países de Europa: Alemania, Francia, Italia y España, incluyendo al Reino Unido, cuya relación bilateral con Argentina se había deteriorado por la política del Kirchnerismo en la cuestión Malvinas.


Japón también estuvo entre los países con los cuales nuestro país mejoró sus relaciones en el primer año del gobierno de Macri.


Pero no se dejaron de lado las relaciones con las llamadas "potencias emergentes". Tal fue el caso de China y Rusia, con quienes los gobiernos kirchneristas habían buscado acercamientos estratégicos. En estos casos, la Administración Macri siguió adelante con proyectos de infraestructura que estaban acordados.


En la región, se mantuvo la relación con el Mercosur como prioridad y se avanzó hacia una mejor relación con la Alianza del  Pacífico. Se cambió drásticamente la postura frente a Venezuela: de un aliado que era para Cristina Kirchner, Macri pasó a liderar una postura regional crítica.


Todo este giro en la política exterior tuvo un rol relevante, tanto en el apoyo a la salida del default, como dos años más tarde en el acuerdo con el FMI.


Pero ello no quiere decir que Argentina haya resuelto sus problemas ni mucho menos.


Se entra en una etapa que no será fácil, cuyo resultado ya no dependerá de las buenas relaciones con el exterior, sino de la capacidad del gobierno argentino para cumplir lo acordado y la disposición de la sociedad a aceptar sacrificios que serán inevitables.


Es en este ámbito donde el gobierno tiene que revisar medidas recientes, asumiendo que lo importante es resolver la crisis antes que pensar en la elección que viene.


Dieciséis meses hasta la elección presidencial, es un tiempo muy largo en política, en el que muchas cosas pueden cambiar a favor y en contra del gobierno. Pero económicamente puede ser un tiempo demasiado corto, en el sentido que puede ser insuficiente tras el ajuste que tendrá lugar en el segundo semestre de 2018, para que a lo largo de 2019 tenga lugar una recuperación que llegue a la gente hacia fin de ese año.


Volviendo a la política exterior, requiere cierta "sintonía fina", que está pendiente.


Ha tenido lugar un cambio importante en cuanto a los países que son el destino de nuestras exportaciones. Vietnam es el quinto comprador y Egipto el octavo. Esto hace necesario dar prioridad a relaciones con países cuya relación con Argentina en el pasado no parecía relevante y ahora sí lo es.


También es necesario que Argentina asuma una política como país mediano relevante. La Cumbre del G20, que se reúne a fin de año en Buenos Aires, muestra dentro del mismo tres grupos de países: el G7 (los países más desarrollados), los BRICS (las potencias emergentes) y los países medianos, agrupados en la sigla MITKA (México, Indonesia, Turquía Corea del Sur y Australia).


Argentina no se incorporó a este último grupo -como sería adecuado a su dimensión- ni en el gobierno de Cristina Kirchner ni en el de Macri. Esta constante quizás se explique por cierta nostalgia de un pasado que ya no es. Integrarse a este grupo parece una decisión acertada y ayuda a Argentina a definir mejor su rol global.


Revisando la historia, esta correlación entre política exterior y económica no es nueva en la historia argentina.


En las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX, Argentina cuidó su relación con el Reino Unido, que era la potencia global dominante y la primera económica del mundo. Fue el primer inversor en nuestro país en este período y también el primer destino de nuestras importaciones.


Pero ello no impidió que, pese a los recelos, no se desarrollara en paralelo una relación con la potencia emergente que era los EEUU. Los historiadores por lo general reparan menos en ello y tienden a poner el énfasis en los recelos de Buenos Aires con Washington y no las coincidencias que también se dieron.


Ahora, Argentina da prioridad a su relación con los EEUU, que es la primera economía del mundo y la primera potencia militar global. Pero ello no impide en paralelo el desarrollo de una relación con China, que es la potencia emergente.


Las crisis derivadas del endeudamiento han sido y son una constante en la Argentina, que debe corregirse.


La deuda contraída con la banca Baring Brothers por el entonces Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Bernardino Rivadavia, en 1824,  la terminó de pagar Julio Argentino Roca en sus segunda Presidencia un siglo más tarde, comenzando el XX.


La crisis de la deuda que tiene lugar en 1889, que termina creando las condiciones que llevaron a la Revolución de 1890 ya la renuncia del Presidente Miguel Juárez Celman, pusieron en riesgo a dicha institución financiera, que era entonces una de las dos más importantes del mundo.


En mayor o menor medida esta tendencia al endeudamiento se ha mantenido y ha tenido dos capítulos relevantes en lo que va del siglo XXI.


En 2001, la Argentina declaró el default más grande de la historia. Antes de dos décadas en 2018, nuestro país recibe el mayor rescate financiero de la historia, algo que debería llamar la atención sobre esta "excepcionalidad" de la Argentina.


 
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