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Argentina, Chile y la nueva ruta marítima de la seda PDF Imprimir E-Mail
Jul-03-17 - por Patricio Giusto*

Durante su visita de Estado en Beijing, en mayo último, el presidente Mauricio Macri recibió una fuerte definición por parte de su par Xi Jinping: “América Latina es la extensión natural de la nueva ruta marítima de la seda”. Casualmente, Xi fue anfitrión esos días del trascendental foro referido a la iniciativa de “una Franja y una Ruta”. El evento congregó a 29 jefes de Estado y unos 1.000 delegados de más de cien países.

Macri tuvo una muy oportuna participación en el foro, que representa el mayor plan de infraestructura de la historia de la humanidad y es el pilar de la nueva era política iniciada en China por Xi, en 2012. Este megaproyecto, que implica varios billones de dólares en inversiones durante las próximas décadas, transformará radicalmente la infraestructura y disparará los flujos de económicos de gran parte de Asia, África y Europa, consolidando a China como la superpotencia del Siglo XXI.

América Latina ha cobrado una mayor relevancia económica y geopolítica para China. Mucho tiene que ver en esta revalorización el creciente repliegue de Estados Unidos de su antiguo “patio trasero”. Como era de esperarse, China está llenando ese vacío a través de la expansión y diversificación del comercio, las inversiones y la cooperación financiera, entre otros aspectos. Gran oportunidad para nuestro país.

Además de Macri, el otro jefe de Estado latinoamericano presente en el foro fue la chilena Michel Bachelet. No fue para nada casual. Chile fue el primero de los tres países de la región que han firmado un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China. Además, Chile integra la Alianza del Pacifico, bloque que se ha convertido en la antítesis regional del agonizante Mercosur.

Está claro que la nueva ruta de la seda ya está llegando a Chile. Prueba de ello es que, desde hace tiempo, los vinos y otros productos trasandinos inundan góndolas a lo largo y ancho de China. Tras la reciente visita de Estado de Macri a Chile, ambos países avanzaron en un acuerdo de complementación económica, que significaría uno de los mayores avances en materia de política exterior argentina de los últimos años. Además, se seguirá trabajando en mejorar la interconexión energética, ampliar los planes de investigación científica conjunta y en la construcción de nuevos pasos fronterizos, como lo será el proyectado nuevo túnel de Agua Negra.

El rumbo planteado por Macri, de ir con el Mercosur hacia la convergencia con la Alianza de Pacífico, es correcto. No obstante, quizás la Argentina deba avanzar hacia el Pacífico por fuera del Mercosur, priorizando la buena relación con Chile. De ganar las próximas elecciones presidenciales Sebastián Piñera, es esperable que las relaciones de nuestro país con Chile se sigan expandiendo y mejorando.

Desde ya sería mejor hacerlo en bloque junto a nuestros socios, aunque con Brasil y Venezuela sumidos en graves crisis, hoy por hoy suena utópico. Uruguay, por caso, desde hace tiempo parece haber optado por la vía pragmática de los acuerdos bilaterales y podría convertirse en el próximo país de la región en firmar un TLC con China. Así las cosas, el Mercosur o bien se redefine hacia la convergencia, o sólo seguirá profundizando su decadencia.

Por otra parte, es hora de abandonar la histórica mirada preeminentemente occidental y europeísta de nuestra política exterior. ¿Para qué seguir forzando la posibilidad de un acuerdo que, desde hace casi 20 años se viene intentando infructuosamente, con un continente fragmentado y en franco declive? Nunca será más difícil que ahora lograr un buen acuerdo entre el diezmado Mercosur y la (des)Unión Europea.

Por el contrario, Argentina debiera enfocarse en abrir más embajadas y agencias de promoción de comercio e inversiones en Asia Central y el Sudeste Asiático. Gran acierto, en esa línea, la decisión de reabrir nuestra embajada en Singapur. Si la mega-iniciativa de Xi tiene éxito, en los próximos años Asia, con China a la cabeza, podría proveer un potencial de cooperación a la Argentina equivalente a varias Europas. Como enseña Chile, es necesaria una estrategia consistente para aprovecharlo. Sin eso, luego es muy fácil victimizarnos frente al supuesto “neoimperialismo chino”.

Es tiempo de mirar definitivamente hacia el Pacífico, con el objetivo primordial de integrarnos eficientemente a la nueva ruta marítima de la seda. Allí parece estar el futuro de la Argentina y de Latinoamérica. Desde el Atlántico, lo más probable es que sólo sigan llegando más indefiniciones, mucha incertidumbre y pocas oportunidades. 

(*) Master of China Studies (Zhejiang University) y Mg. en Políticas Públicas (FLACSO). Politólogo y docente universitario (UCA). Director de la consultora Diagnóstico Político.

 
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