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En torno al cierre de listas PDF Imprimir E-Mail
Jun-26-17 - por Rosendo Fraga

El cierre de listas ha generado algunos debates que atañen al funcionamiento de la política en Argentina. 

Uno de ellos es sobre las PASO. Este sistema se usó por primera vez en 2011. Se trata de un sistema singular, usado en Uruguay y que también lo tenía la provincia de Santa Fe en la Argentina. Su objetivo, es hacer más participativa la elección de los candidatos, eligiéndolos en todos los partidos el mismo día, con voto obligatorio de todos los ciudadanos, sean o no afiliados al partido en el cual decidan votar. La de 2017, será la cuarta elección consecutiva en la cual se utilizará. En 2015, fue un sistema que permitió a Cambiemos armar su coalición, al competir en las PASO Macri, Sanz y Carrió por la candidatura presidencial. Ese mismo día, en la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández se imponía en las PASO a Julián Domínguez por la candidatura a la Gobernación de Buenos Aires. Este año, el “vaciamiento” del PJ realizado por Cristina para evitar competir con Randazzo, ha acentuado la crítica a la utilidad del sistema. Pero quizás sea conveniente esperar a la elección del 2019, sin precipitarse ahora. Entonces, con cinco elecciones realizadas con PASO, tres de ellas presidenciales, podrá tomarse una decisión sobre si seguir o no con ellas, con más elementos de juicio. 

Otra cuestión que se ha planteado -y lo hizo públicamente la Vicepresidente- es si no son perjudiciales las elecciones de medio mandato, que obligan a vivir en una suerte de campaña permanente. El problema de una iniciativa de este tipo, es que en Argentina requiere reformar la Constitución, algo que no resulta fácil, ya que requiere mayorías especiales del Congreso, convocar una constituyente, elegir los constituyentes en una elección nacional y reunir la asamblea reformadora. La realidad es que la mayoría de las democracias del mundo con sistema presidencalista,- aunque no todas,- tienen elecciones periódicas, que renuevan parcialmente el parlamento y además permiten tomar el pulso de la opinión política de los ciudadanos. Posiblemente, el problema no esté en las elecciones de medio mandato, sino en el período presidencial de cuatro años, con una reelección inmediata y con posibilidad de otros dos períodos presidenciales nuevamente tras un solo período intermedio. Es un sistema que compartimos con Brasil, pero que lo tienen pocos países del mundo. Quizás, el viejo sistema de la Constitución de 1853, con período presidencial de seis años sin reelección inmediata, sea le menos malo. Con el actual de cuatro más cuatro, el Presidente para lograr sus ocho, los primeros cuatro vive en campaña permanente y después, si logra los cuatro siguientes, ya queda con menos poder para emprender proyectos. En el de seis, el Presidente tiene un período más largo de gobierno y desde el inicio carece del objetivo de ser reelecto, lo que permite un mejor escenario de gobierno.

Por último, se ha planteado también la cuestión de si la Argentina tiene un real sistema de partidos, que contribuya al mejor ejercicio de la democracia y la gobernabilidad. Cambiemos ha mostrado alta cohesión en el ámbito nacional y va a elecciones con la misma denominación en casi todos los distritos. Pero lo ha hecho a costa de impedir la realización de las primarias, que además de ser una ley, contribuyen a dar vida interna a las fuerzas políticas y por esta razón son tan importantes en las democracias consolidadas. El Peronismo en cambio, va con múltiples denominaciones en todo el país, sin una conducción nacional y con estrategias determinadas a nivel provincial y no nacional. Cristina es la figura central en esta elección, por su trayectoria y por ser candidata en la provincia de Buenos Aires que vuelca el efecto ganador o perdedor del resultado nacional. Pero sólo dos de diecisiete gobernadores de origen peronista la respaldan (San Luis y Santa Cruz). En realidad, no está funcionando un verdadero sistema de partidos en ninguno de los dos grandes ejes políticos que competirán en las elecciones. Esto plantea una dificultad, tanto para el funcionamiento real de la democracia como para construir necesarios acuerdos de gobernabilidad. Hoy hay dos opciones, se trata de transformarlas en un sistema de partidos que funcionen como tales. 

Más allá de los nombres y las pujas, primarias, elecciones periódicas y sistema de partidos, son algunas de las cuestiones que ha dejado el cierre de listas para reflexionar. 

 
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